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No somos milagros







Los cristales se vuelven insoportables en días de nimiedad. El ocaso resulta ser la cura de tanto, ese tanto que es La Nada. Ironicamente La Nada no está llena de nada, sino de algo, pero es algo que parece, y de hecho es, intangible, e indescriptiblemente inenarrable. Por eso el nombre propio, uno que pone a los nominalistas orgullosos. Y de repente, resulta ser no solo el ocaso, sino el frio, el aire fresco, el sabor de un plato, la progresión armónica de Eiht. A veces pienso que es la frescura de la naturaleza. ¿Terminamos haciendo realidad lo virtual? Escapamos de la realidad cuando nos alejamos de ese oscuro cuarto, de esa brillante pantalla, del hacinamiento de estas cuatro paredes. Parece ser que nuestra realidad es lo que nosotros queramos que sea. La realidad parece ser la rutina, quizás las confundimos. Nuestra realidad parece ser lo de siempre, el día a dia. Las obligaciones, los deberes. Escapamos de ello como si no pudieramos escapar para siempre, y que no sea un escape, sino una ida. Escapar e irse son cosas distintas. Escapar implica estar atado. No se puede escapar si no se está atado. Irse implica libertad. ¿No podemos irnos de nuestra realidad? El destino del escape o de la ida, si no es realidad, ¿entonces qué es? O, ¿qué resulta ser? Resulta ser un escape, como sustantivo, si escapamos. Los escapes son efímeros. La alternativa es que el escape termine siendo una ida, pero esa ida siempre estará manchada por la anonimia y el remordimiento de un cabo suelto. Una cuerda rota. ¿Quién quiere dejar cabos sueltos? Es insoportable la idea, sobre todo después de los atardeceres, cuando esa oscuridad en el firmamento ataca. Podria no atacar, pero con cabos sueltos, ataca. Si nos fuéramos, estaríamos no frente a un escape, sino en otra realidad. Cambiamos de realidad, y en este caso la realidad podría ser no una rutina, sino una nueva experiencia. Lo nuevo eventualmente se vuelve rutinario, a menos que se establezcan espacios de tiempo que anacrónicamente brinden una ausencia de innovación cada vez que lo nuevo sea retomado, y se "sienta como nuevo". No somos magia, ni milagros: somos trucos. 






1983




Me parecía entenderte entonces.

No encontraba la manera más sobria de besarte. Podía correr hacia ti y despegar el aire de tu cuerpo, formular el vacío en tus poros. Luego la ciencia destruía mis metáforas: los átomos no se juntan, no se fusionan, porque explotan, si no. Doble negacion. Solo podía funcionar con silogismos. La lógica preposicional no era ni siquiera la llave para entrar por tus ojos, era la resolución de todos los conflictos mundiales. Vale, hipérbole. ¿Qué esperas de un literato? ¿Números? Lo peor del caso es que también te tengo los números. Doscientas veces las que pensé en ti, trescientas las que te imaginé sin pensarte, cuatrocientas las veces en las que el cuadrado del doble de la derivada periódica de tus besos ausentaba su física en mis labios. ¿Cómo luchar con esto?

Nunca encontré nada mejor que un insulto. Un desvarío anacrónico de tus locaciones, de tus temporalidades. Eras imperfección, y no podía ser que me gustase nadar en tus aguas. ¿Sumergirme? Mucho menos. La mentira era obvia, pero no se notaba. Alguien por allí alguna vez dijo que todo lo que yo tenía eran trucos, y nada más cierto. El problema no es que sean trucos, el problema es que las personas lo sepan y aún así decidan creer que es magia. ¿Abnegación? Eso, eso. Siempre me han amado, pero siempre quiero más. Y ya me parece reconocer cada palabra en labios pasados, y cada caricia ya me la han dado, y cada fallo, cada traición, es en el mismo sitio donde una vez ya me hirieron. 

Mi pecho y mi espalda están sucios, ya me dejo, se nota el dejo. La desidia de mis horrores, causados por otras desidias y anhedonias. Mis lóbulos heridos parecen descuidar los canales de entrada, y todo lo nuevo es identificado como el mismo viejo canoso que ya vivía acá desde 1983.



Sustitución









Comestibles las traiciones
sin escrúpulos
con espinas
sin huesos
con emociones. 

La sustitución del noventa y tres.

Esas ganas de posesión
liquidan
es la ropa tuya puesta en 
otro
en otros. 

Imagina a tu madre
bendiciendo a otro
abrazando y 
llamando hijo
a otro.

Después de todo no soy tan bueno.

Lo siento.






Desiderátum







Vivo de la nostalgia de tus abrazos.

Niego la ausencia de tus brazos
en un intento por sentirte de nuevo
y olvidar los perdones que te debo

como si mi deuda se cancelase sola
como si pudiera aparecerme
como si nada
con un simple y llano hola.

No te imagino desnuda
porque al parecer la nostalgia
no es compatible con el deseo.

Como si la nostalgia no fuera deseo
sino añoranza, sino pasión
la pasión repetida de Pavese.

Pasión y no acción
pasividad, impasibilidad.
Anhedonia en la emoción.

Parece entonces que olvido tu cuerpo
siendo entonces el olvido
una de las formas de la memoria.


Te imagino corriendo, con los ojos entrecerrados
luchando por no caer y a la vez dejándose vencer
las pestañas necesitan estar juntas, aparentemente,
cuando el ser ama, quiere, adora, o perdona.

Y tú tan suave
tan grácilmente acrisolada en mis brazos
en mi pecho.

Casi puedo sentirte,
completa,
desnuda, de pies a cabeza,
pasando por el alma,
por tus ojos
por tus mejillas.

¿Qué tan complejo puede ser el arte de añorarte?
¿De quererte, de adorarte?
¿De extrañarte o de amarte?

¿Qué tan complejo si brota como la vida?

Brota en trance, como el orgasmo
una gradación ascendente intangible
retórica, inherente.

El apogeo de una aceleración
sin frenos
sin manera de sobrellevar una detención.

Hasta que todo acaba. Y ahí se nos va un suspiro.

Y cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.

Grave.







Carnicería









Las calles nunca solitarias
corremos en nuestras mentes
las sonrisas ausentes
y los carros
y sus luces
la vida citadina.

Cruza.

¿Y desde dónde?
¿Y hasta cuándo?

El muro nos detiene.
El silencio nos apabulla.
La sombra, la calzada.

Y estoy a punto de voltear
de correr, de gritar, de sentir, de llorar.

Estallar.

Y el diablo me ofrece carne.
Carne. Carne. Carne.
Una oveja, un cordero,
una vaca, un toro, un caballo, un perro.

La carne es débil.
Y sé cómo funcionas.
Y te veo.
Y me ves.
Y te comes y me como
y te como y me comes
y nos comemos y los comemos
y comemos y no comemos
y la carne rueda
el festival, la sangría.

La carne.











El diablo






Es un ser incomprensible
redondo y cuadrado
asimétrico
incompleto
lleno de nada
rodeado de vacío
sin paredes
con complexiones
complejas
y una simple forma
brillante
con absorción lumínica absoluta
sin esquinas
de llamaradas fulgurantes
bañado en nitrógeno
con luces y sonidos
inmutable.








Pch naa






Y si nada
si no nada.

Y el pecho me come
las palabras.

Y las articulaciones falsean
como tiembla
las piernas se menean
y faltan
ausencias
y palabras
no faltan ausencias
¿y el borra?

Y si nada
casi con el mismo cariño
del año de la manada
coño de la madre
yo así no puedo
cer naa
y s tupid
qu y
te va
y tú a m
naa.





Pat.



Streisand






No vayas a creer que él me gusta. Y la mandíbula con tilde circunfleja de lao' a lao'. Y la pregunta después de la incomodidad. Y esos ojitos tuyos, y esa boquita provocativa. Toqué tu oido derecho y por ahí caíste. Y cómo me provocaba esta mano en el cuello y otros fines distintos a los finalizados. Y no me hablas. Y yo sí te hablo. Y me discriminas, y te discrimino. Y nos discriminamos. ¿Y a qué vamos? ¿Y a qué lugar vamos? ¿Al olvido? ¿A la memoria?

A la cama, respondes necía de nunca y terca de siempre.

Y te espero, y me esperas. 

¿Te puedo agregar?

Casi ilegal.

Ay, Barbie.







Se me bota







Se me bota
y yo
que controlo
gota a gota
el deseo del eterno sí
del perenne intentadero lleno de esperanza
sutilieza sin templanza.

Debo, de una vez
por todas
(todas ellas)
dejar de acabarle en la cara
a quien me lo ruega y suplica.
Porque nada se explica.

Esta bobería
este mariqueaje
la soltería sin maquillaje
se queda en boga
por mi respeto, a pesar de todo
no violo.

Pero se me bota.







Diezmillonésima






Has tenido la voluntad admirable
y yo me he visto forzado a suplicar,
a rogar lo inrrogable.
Crisol y suplicio impostergable.

La ruleta dio sus vueltas
los chasquidos gimieron
las sonrisas se esfumaron.

El soporte, la ayuda,
las preguntas frecuentes;
solo el solo de guitarra solo sonaba.

El pedal y la muerte, el dedal, incipiente
displicente
disgustado
di que siempre me has amado
para reconocer el rostro de la mentira.

No volveré a caer más en sus liras,
sus pesos, sus rupias partidas.

Y aunque te desconozco
te conozco tan bien...
Sé lo que fuiste
y ahora sé lo que no eres.

El alma inmóvil, inmutable
silenciosamente inachacable
inculpable, inocente
pueril. 

Toda la pinta de traición.

Y la guitarra era tu sensación.
Y la lluvia tu embrujo, mi sumision.

Suspiro de dolor
¿cómo expresarlo?

El arrepentido vicio y la calima, el sentido armisticio vitalicio del clima,
la pálida timidez del cálido que se arrima, se sube y recrea su tarima,
el corazón latiendo fuertemente y el estómago completamente sin enzimas,
la vida y el alma ligadas en la cima, la mierda subyugada y regada por la sima.
La escena da grima y me lastima. Se me viene el mundo encima.

Y ya no puedo más.







¿Qué es el amor?








Las flores la tiré en la basura. después de todo no eran tan bonitas. Toqué un par de veces y esperé. Me dieron ganas de salir corriendo cuando abrió. Un ángel.

-Hola.
-Esperaba que no me abrieras.
-¿Qué haces acá?
-No lo sé.
-Soy yo quien espera.
-Ambos esperamos, supongo.
-¿Qué esperas tú?
-Quizá lo mismo que tú.
-¿A Anthony en mi puerta con un par de birras y condones?
-...

Ella quizá lo supo, pero mi corazón se rompió y casi pude escuchar el sonido. Lo que sí no supo, a ciencia cierta, era la magnitud de mis roturas. De mis esperanzas muertas nacían las lágrimas. Las contuve y eso me quebró un poco más. El alma quería escapar. En la nada, como en automático, mi cerebro empezó a pensar mientras mis ojos no veían. Todo era borroso, un desenfoque inesperado. Las dos frases que escuché desde mi subconsciente interior fueron devastadoras: entiérrame y no me dejes con vida. Como si yo, en el fondo, supiera el desenlace de toda la cuestión.

Me quedé esperando tu respuesta, sin saber que era yo el que debía responder.

Igualmente no respondí. Escribía esto mientras esperaba. Y esperaba.

La pasta se hacía, se cocía. El agua hervía al lado, sola, para ser bebida. Voz pasiva. Mariam yacía en su sitio, hermosa, como una reina, o una princesa. Linealmente alienado, normativo. La nevera emitía su ruidito particular. La pierna derecha en el suelo, reposando sobre su píe, la izquierda en la silla, como aplastando lo que venía. "Estás al día".

¿Y entonces?

En realidad nunca respondió después de que le dije que ambos esperábamos. Solo me vio y cerró la puerta.








La costumbre











Todo como entremezclado
como arrebolado con la sangre del pasado
como dormido con los ojos abiertos
con las muñecas
los sesos descubiertos

como esto
como aquello
¿qué tiene de especial?
si te fijas nada

La corriente y su cable me queman
me exasperan los túes de aquellos ustedes
de aquellos días llenos que llenan
de cuales fueren las sedes
porque a veces se recupera el instinto
porque no puedo escribir sin ver mis letras
sin vino tinto
sin ron oscuro sin guarapos variopintos
(y aunque lo intento de diversas formas
diversas maneras me repelen)

Ya no soporto el olor y me perturba
cada vez siento más la adultez en los huesos
como fiebre, como dengue, como si me volaran...
Y en Sabana Grande baja la turba
y solo me quiero tirar al piso.

Muerto, occiso.

Vivo la vida que quiero
pero, a la vez, nunca sé
ni estoy seguro por entero
de que esta es
la que precisamente quiero.

Entonces recuerdo febrero
y cuando quise dejar mi carril
(recuerdo que en natación siempre me tocaba el 5
porque era un maldito cobarde
y el uno era de los rápidos
-media piscina olímpica)
y en junio dejé lo pendiente en cero
abandoné mi pasion febril
mi más puro esmero.

Digamos que me cagué la carrera.

Y eso quería
¿y eso quiero?

Desde nunca me vale de algo lo que quiero
lo que quiero lo quiero y lo logro y ya no lo quiero
o lo sigo queriendo pero no es el mismo querer
ni el mismo jodido cariño que eleva mis ojos a los del más grande niño.

Y cambia y cambias y cambio y cambiamos
y... me da dolor no ver más lo que antes había
lo que antes sentía lo que antes palpaba lo que antes me movía
y baila y bailas y bailo y bailamos
lo más lento y gris de aquel sol negro de la melancolía
-Kristeva-.

Todo es mentira y por eso todo es real
¿acaso no te has dado cuenta de que todo lo que es mentira es real?
¿Se siente real y termina siendo mentira?
No cambia, siempre es lo mismo
solo cambia la percepción.

Tampoco.

Lo real es como una estudiante puta.
(De estas que pagan sus estudios con su trabajo).

Soy como lo real e irónicamente ya no seré estudiante.

Estos versos blancos son lo único blanco que tengo
porque ya ni los muslos
ni las palmas
ni siquiera los ojos
porque parezco hepático
ni los dientes
cigarrillos y cafés

¿qué quieres de mí?

Te lo daré.



Es mi costumbre.





if you're reading this it's too late









"Puedes llamar cuando quieras". Llamé y el tono se rió, como en clave morse.

Jaaaa, jaaaa, jaaaa. Decía.

Ambos decían.

La palabra como juego, como parte de un rompecabezas que no sabes resolver. La colocas donde sea. La colocan donde sea, alguna de esas veces habría de pegar, ¿no? Me gusta mucho finalizar. A veces leo mis textos y me pregunto, raramente, ¿este punto realmente iba aquí? Llegará un punto tan suicida en mi vida en. el. que. escribiré. así. Como si siempre quisiera ponerle fin a todo. Ahí está. El punto. Otra vez. A veces me como las comas porque tengo preferencia por no dar pausas, sino finalizar. Así es mi vida, siempre finalizando cosas que quizá no debería finalizar. O lo odio o me encanta. O me quedo o me voy, o me voy o te vas, dice Marco Antonio. Nunca lo digo, pero estoy cansado de ser como soy. Auténticamente basura. La filosofía solo me ha servido para ser cada vez más hipócrita y, a la vez, menos hipócrita. Más real, pero más falso. Inexplicable. Estoy cansado de explicar, más bien. Pero... a ver: mucho, pero poco. Es que no, no hay manera, es oximorónico. Realmente no tengo sentido. He durado mucho. De verdad solo quiero morir. Es lo que más deseo. En los últimos meses me he intentado autodestruir con un pulso ultrasensato. Estoy cortándome la piel con cuidado de no sobrepasarme hasta las venas, pero en el límite, en el más jodido límite. Nunca había estado tan en el límite y aún vivo. Entonces sientes que has vivido mucho, hasta que te das cuenta, en tu baño, que pudieras estar depositando en la selva, o en un rancho de cartón. Sin nevera, sin alcohol. Sin letras. Sin pantallas. Sin señales. Sin nadie. Entonces quieres vivir eso, pero no precisamente para morir, sino para tener derecho a morir. Digamos que siempre quise vivir todo. El problema es que en esta vida no se puede vivir todo. No puedes ser Diana Ross y luego David Bowie. Es uno de dos. Y te lo dice el que siempre dice ¿por qué escoger uno si puedes escoger los dos? Pero allí está la condición. El copulativo condicional: si. Si no puedes escoger los dos, no hay paraíso. Y hay veces en las que no se puede (casi siempre). He abandonado todo menos a mi gente. He estado allí para ellos a pesar de que soy un cadáver, un muerto viviente. Pero, como todo muerto, apenas puedo, y hay una oportunidad tangible, me escapo. Me voy. Me difumino en memorias. Cuando murió XXXT me sentí tan identificado que quise morir de inmediato. Todas sus letras. Y luego su muerte. Era como una premonición. El 20 de junio hice un par de tuits en los que decía que sentía la muerte cerca porque estaba feliz. Al día siguiente me intentaron robar con un arma blanca. Me resistí al robo, como siempre. Casi muero. Y, por un momento, sé que quería morir en manos de aquel ladrón. Él era más feliz que yo. Y yo no necesito ser feliz para vivir, como Keanu, pero, a la vez, creo que sufro de este mal en el que si no puedes tener algo, lo odias. Buscas la manera de odiarlo. Creas bases, fundamentos, preparas tus argumentos. "Y, por eso, señores, no me gusta". Bullshit. Toda mi vida es una jodida mentira, entonces. ¿No es casual que todo lo que quiero lo tengo? Casi nunca fallo. Vaya mentira. Tengo mi propia autoayuda. Todo lo que criticas probablemente esté en tu comisura ocular. Allí. Justo allí, maldito bastardo. Me gusta sonreir y ser feliz, pero sé que todos saben que en el fondo eso no es más que un estado temporal. Como la risa mientras lloras. Esa risa tras un chiste entre lágrimas. Es tan sincera que escapa. Y, esas son las más sinceras aunque las llamen falsas. Tan potente, tan llena de deseo. Un deseo de ser feliz, de estar bien, que explota y es incontenible. Lo que sucede es que ya 'ser feliz' y 'estar bien' no significa lo realmente significado. La felicidad y el bienestar están basadas en la mentira, hoy día. Y no hay otra manera. Es metafísica. ¿Se puede explicar la raiz cuadrada de un número negativo? No. Sí. ¡No! Todo número potenciado es positivo en su resultado. No, sí se puede. ¿Sí? ¿Cómo? Números imaginarios. La raíz cuadrada de menos bé es igual a la raíz cuadrada de be por i. ¿Satisfecho? Mm, sí. ¿Acaso así no actúa la física cuántica? Sí, describimos trayectorias orbitales cuánticas complejas dentro de sistemas de números complejos basados en los imaginarios. ¿Acaso así no actúa la religión? ¿Cómo demostró Descartes que Dios existía? ¡De la misma manera! Joder. Metafísica. Metá-fora, lo diría otro. Estamos jodidos si no sabemos algo, así que hagamos creer que lo sabemos. Convenciones. Las letras, los números, el lenguaje. El lenguaje es mentira. Todos lo sabemos pero aún así, ¿qué remedio tenemos si no es usarlo? Todo lenguaje sería convencional, y no podría existir uno que no lo sea. Así que igual estamos jodidos. Por ambos lados. Por eso la palabra como juego, ¿no? Al fin y al cabo quién dice que promesa significa inquebrantable. La RAE, ah. ¿Y, quienes son ellos? Joder, me cago en ellos. ¿Cuántas veces no nos hemos cagado en ellos? Llamar 'lacra' a alguien hoy en día es un cumplido. O algo 'brutal'. O un 'monstruo'. Vivimos cagándonos en la RAE. Una más, una menos. Tú, él, ella. Cualquiera. ¿Qué más da? Pensaba recientemente en lo divino que sería estar enfermo terminalmente y aceptar que te vas a morir. Naturalmente. Porque... ser suicida es sentirte constantemente culpable. No es suicida el que lo hace porque ya no existe, sino el que quiere hacerlo cuando existe. Además, la culpa es un sentimiento cristiano. Y el suicidio se castiga con el infierno. Por eso, digamos que está esa culpa implícita. Somos hijos del judeocristianismo. Querramos o no gritamos el nombre de nuestro señor cuando cogemos. O cuando vemos a nuestros padres, así sea por respeto, le pedimos un par de bendiciones. Entonces la culpa allí, siempre. Las preguntas que me han hecho, ¿serías capaz de hacerme eso? ¿Me vas a dejar sola?, redundan en mi cabeza. Entonces cuando hablo de estas cosas, me pregunto, ¿quizá me falta un dios? Es inevitable, como agnóstico que soy, preguntarme cosas así. Fantasear con ucronías. Ya no escribo sino mierda. Últimamente no soy más que eso. Basura. El resto. Lo que queda. Lo que sobra. Detritos de algo que nunca llegó a ser gran cosa. Un muerto en el intento. Missing in action. Extraño estar bien con la gente, aunque nunca haya estado bien con ellos por más de dos minutos. Extraño ser alguien que nunca he sido. Quisiera ser perdonado pero no me atrevo a pedir perdón porque sé que no lo merezco. Y el perdón más básico, el mío, brilla por su ausencia. 













Comitrágico





Tenía tiempo
sin sentirme tan vivo
porque hay tanto dolor
que no puedo estar muerto.

Llevo dos días temblando
sin calma, sin paz
sin nada que no haya más
que no haya menos
en el medio.

Tenía tiempo
sin sentirme
como enamorado
lleno de tanta mierda
de tanta otredad.

Porque el amor es
eso
la sonrisa
y la tragedia
la sonrisa
y la tragedia
la sonrisa
y la tragedia
la sonrisa
y la tragedia
la sonrisa

y la tragedia.







XXXT




the nighttime 
they really wanna die in the
in the
so theres
the classic one
can u feel the...
the nighttime? no
no no no
stand by
stand down
?
question mark around it
settled down by sons
and when im so in love
and when im numb in my own
tears
ranking from nowhere
climbin the nonsense
the nonsense
the nonsense of love
of hatin love
whose love is this
a little bit of cash drowned
my heart
my inspirations
my feelings and now im here
standin down like a fuckin spider
waitin for u
fallin 4u
sayin 2u wth is this
bc i dont under
stand
standin under
standin down





well fuck it
shit happens
jocelyn...








Ensayo sobre la ceguera y la lucidez...











La física reza
(semántico-irónicamente)
todo lo grande se acaba
explota.

Háblame de grandes garotas
de buenos pilotos
y de trece marmotas.

Sin lo de siempre
he vuelto a lo mío
a ser inerte ante esta mierda y este gentío.

Me agobia lo sumido
pero me gusta el agobio
cuando el relajo me agobia
y el relajado me seduce
hasta llevarme a la desidia.

Hoy nace un monstruo:
El relajado.

Nace porque lo nomino,
no porque no haya existido antes,
porque la nominación indica nacimiento,
no el inicio de una existencia mísera, llana y errante
-como todas.

(Mi existencia son todas las existencias
porque el solipsismo me ha llevado a 
no creer en Dios,
irónicamente, René).

Y ahora solo recuerdo cómo ordeñabas
mi existencia
en la azotea con el frío en tus pezones
y entonces, exploto. 
¿Dónde queda la arrealidad de mis realidades inverosímiles?
¿Por qué tanta ansía de morir? Para probar la existencia propia,
y
a su vez
la ajena.

Si todo es tuyo y una vez te vas
nada es tuyo,
entonces nunca todo fue tuyo
y siempre existieron los demás,
dueños de todo, de los todos
de las nadas,
(y no me agradeces por
acabarte):
de nada.

Y cambiaría todo lo que tengo
por algo:

todo no es todo
y aunque a veces
algo es algo,
otra veces
y otras paces
y otras faces:
todo es un algo.

Porque el todo no funciona bien si no es con un adjetivo posesivo:
tu todo, mi todo, su todo.
Nuestro todo.

Mi algo.

Y respiro y consumo,
y consumo y consumo
y consumo y consumo;
me llaman consumista.

Solo consumo mi tiempo
porque el tiempo que tengo para mí
no es mucho.

No veo mi muerte lejana,
en cuarenta años
ni en sesenta.
No vivo para el futuro,
vivo para ya, para el ya, para un ya.

Siento constantemente el crujir de mis huesos al ser impactado
por un carro, por una moto, por un tren;
siento constantemente el disparo
el hachazo, el cuchillazo
(ni aunque apure el paso)
dejo de verme robado y muerto,
por boca grande, por bocachica.

¿Por qué ahorrarme los síes?
¿Por qué ahorrarme las escapadas, las jubilaciones?
¿Por qué dejar de hacer y desfacer?

Me he asumido solitario,
soltero, y sin futuro.
Y no me arrepiento de este comportamiento
daseínico
porque me ha llevado a ser quien soy
y lo que soy, no me gusta.

Y eso es lo bueno.

Los optimistas y conformistas
no cambian el mundo.







Sonata






El espécimen se aproxima a escribir mierda,
y este se plasma en la hoja proscrita.
Automático como él, el susodicho.
No me sé dejar querer.

Pensamientos me arropan y sumergen
en la intensa llama del fuego prometéico.
Y las promesas, no son de ese plasma.
Y, ¿entonces? Entonces sufro.

Y la letra se me tuerce y me queda grande,
y el amor no me rima con Roma ni con Lima,
el dolor de mi brazo crece, se expande,
mientras la belleza del mundo me causa grima.

"No tengo ambiciones
ni deseos
ser poeta no es una ambición mía
es mi manera de estar solo".

Y es la ola lo real
y el hombre lo inherente
el calor del frío invernal y la muerte entre mis dientes.

"El amor es lo esencial
el sexo, solo accidente.
Puede ser igual
o diferente.
No es el hombre un animal,
sino carne inteligente,
por suerte, a ratos, doliente".

Lo curioso, Caeiro que no es Caeiro,
es que la vida entera es accidente,
y entre Paulos y Janeiros,
se encuentran siempre presentes
los antidestinos de nuestros antitiempos
las ciclicidades del señor que fumiga
del que vende helado, vende rutina.

Solo la rutina mata el accidente,
no porque no exista (porque una vez
existido, existe para siempre),
sino porque se olvida
y se nos pierde en la mente.

Escríbele a tu estro,
que diestro, siniestro,
igual le quieres
porque de eso se trata.

Sonata a la Mata, diría Lisérgicos.







Freud







lo oral
de ti

supongo que toca esperar







Aprilis II






Te quise despedir.

Después de todo
acabaste bien.

Al César lo del César, ¿no?

Disculpa lo malo.






Licenciatura








El día que me quede sin mujeres
me quedo sin letras.









270










Es tu final
el sitio que finaliza
mis mentiras
mientras
la cúspide
la cumbre
displicente a la
atmósfera
es testigo
de estos meses

Es tu final
el sitio que más
disfruto
pues es freno
a mi irrefrenable
pasión
(pasión calmada)
pasión aristotélica
de pasividad.

Es tu final
el sitio donde me niego
a ser eterno
y la cumbre desde donde
me lanzo
a un vacío sin verdades,
ellas desubjetivizadas
en planos neologistas.

Es tu final mi final.
Y mi comienzo.

(Escúchame).










Sinrazones








Y me preguntas por qué
el porqué
y que por qué
yo no sé por qué
ni porque
tú no sabes el porqué.

¿Por qué?
No sé por qué.

Porque saber el porqué
es saber por qué 
hay un porqué.
Saber que hay un porqué
implica saber que no hay por que
saber que no hay un porqué.
Porque sí, porque
ya no tiene sentido saber por qué,
o por qué no, o por qué
tal vez sí tal vez no, porque,
¿de qué vale un 'porqué'?

Al fin y al cabo
nunca entendemos de razones,
¿dígalo, corazones?







Filo








Solo enceras tu filo
porque aparte de filoso
brilla.


Y tus cinco me excluyen
y te da placer excluirme.
Y tus amigos me excluyen
y te da placer excluirme.


Y adoras decir que te han dicho cosas lindas
y no soy yo
y que los hombres no sirven
y que te encanta aquel tipo
tan distinto a mí
(aunque antes te canses de
ser hipócrita
diciéndome que soy bello)
y que quieres estar sola para siempre
y que nunca volverías con tu anterior amor
y que te gusta la prenda no el dueño
porque obvio, es obvio.
Y adoras querer a quien nunca te querrá como yo
y amas adorar a quien se te irá menos veces que yo
(una sola) pero que nunca volverá.
Qué ilusa eres al creerle a los que más dicen verdades
y no creer en el que más dice mentiras.
Porque el primero te miente sin que te des cuenta
y el segundo te dice tu verdad sin cubierta.
Pero esas son mentiras
¡claro! Porque si te las creyeras
te pasaras las horas llorando
(la verdad
duele).

Y te encanta hacerme saber
que mis virtudes
según yo
son defectos
para ti
y amas hacerme sentir basura
en un planeta extraño
cuando vives diciendo que soy oro
en mi propio planeta
(aunque luego me juzgues desde
el otro).
Y al final adoras hacerme sentir
sentir que soy un fastidio
que no tiene sentido
más distinto a la existencia de
Fukushima.

Y al final solo quieres que yo reciba
todo
como si
nada.

Y mientras yo me siento en el cielo
tú te sientes estúpida.
Y mientras yo quiero renunciar al mundo
tú solo quieres darle la vuelta.

Porque todo lo que quieres
es ser libre
(de matarme).

Te fascina herirme
porque sientes que te hiero
(y no es más que el frío de tu corazón
y de las sillas donde te recuestas).
Te encanta dispararme
porque crees que soy a prueba de balas.
(Y lo único que tengo de titanio
es la tristeza y la decepción).



Y rosas azules
y muchas risas y soles.











Mirlo









¿Te acuerdas de todo? Fue como un rayo. Ese día estaba clarito clarito, pero oscuro. Se notaba en la brisa. En el sueño. Mis párpados se caían sobre tus tetas. Mis lágrimas se confundían con felicidad porque el alcohol nos abrazaba. Y nos abrasaba. No había frío por fuera. Solo calor. Era un infierno. Pero te tocaba el pecho y podia sentir tu frio, tu alma congelándose. Decidimos hacerlo juntos. Más de treinta pastillas. Quién diría. El pecho se apretaba y la cabeza estaba en otra dimensión. No sabía si mis manos eran mis píes o al revés. No podía poner un dedo en el aire, siquiera. Ni las pestañas en los caminos, ni la lengua en los cerrados. Ni abiertos. El piso era un cielo infernal lleno de ebriedades. Solía pensar que era el alcohol. Te veía y sonreía, sonreíamos. Pero estábamos muertos de miedo. Yo sabía, lo veía en tu cara. No te querías morir. No es lindo morir viendo morir a quien amas. A quien quieres, adoras. Por eso sobrevivimos, yo lo sé. Esa noche estábamos muertos solos, pero vivos juntos. Quién diría que seguiríamos contándonos estupideces. ¿No?


Después la muerte igual llegó, no la tuya ni la mia. Sino la nuestra.

Pero pronto cumpliré con mi parte. Esta vez serán sesenta, la mitad en tu honor.










Supermercado









Vi ese par de muslos
tus piernas
y senti que estaba lleno
de lascivia
de lujuria.

Busqué entonces una 
navaja
de esas que tú usabas
y me abrí
el pecho.

No había lascivia
ni lujuria
ni concupiscencia.

No había nada.







Siete y siete









Es catorce
catorce que es el doble de siete
catorce
el año en que te conocí.

Catorce porque
siete y nueve y catorce
y catorce es uno y cuatro
y uno y cuatro cinco
y cinco y nueve catorce.

Y siete al cuadrado
cuarenta y nueve
que son cuatro y nueve.
Y cuatro y nueve son trece
y si le metemos el que crece
es decir
el uno del catorce
que es uno y cuatro
son catorce.
(Y si no lo quieres
igual
muchos treces son catorces
como los pisos de algunos edificios
por esto de la mala suerte
al los trece
les ponen catorce)

Por eso catorce.
Catorce como los catorce versos de un soneto
(como algunos que te he escrito).
Catorce como el infinito de Borges
en La casa de Asterión.
Catorce como la letra N,
(ene de nosotros).

14.
Catorce.
Feliz porque no estoy sin ti.

Feliz catorce, catorce feliz.








Colateral






Tú me disparas
 acudo a mi esquina
yo te disparo
vas al médico.

Te recuperas rápido.
Sanas. Te sanan.
Yo sigo malherido.
Sangrando, pierdo sangre.

Solo, en mi habitación roja.
Antes blanca.
Tú quedas en un mundo con todos.
Feliz y amarillo, con largas sonrisas.

Eso te gusta y te llena.
Tienes recursos. Tienes personas.
Yo sigo malherido.
Cangrenando.

Solo, en mi habitación vacía.
El teléfono no es que cortado,
es que sin destinatarios.
¿Para qué?

Solo la música me mantiene vivo
pero con nudos
con nudos en la gar
garganta.

Mis torniquetes.
Y solo pienso en pasar los torniquetes
para llegar a un andén.
Y viajar lejos.

Al final te veo por la ventana.
Sonriendo.
Sin saber que ahí estoy yo.
Y mientras nos disparamos creyendo que todo estará bien
solo tú lo estarás, al final.






Daniel




Caía la noche en la fulgorosa ciudad y el atardecer se reflejaba en mis lentes, y en los de ella. Subimos al carro de Daniel y empezamos a disfrutar del pequeño recorrido por las calles. La música lo hacía rico y relajante. Mientras Luisana estaba sumergida en su iPhone, Daniel en el volante y la calle, yo me dedicaba a escuchar aquella canción y a observar las palmeras y los edificios, los transeúntes y los traseros, los puestos de comida y los perros callejeros.

La noche cayó por completo y aún no llegábamos, Luisana se recostó sobre mí y suspiró.

—¿Cuánto falta para llegar? —me preguntó.
—Más o menos, apenas estamos por salir de la autopista.
—No sabía que fuera tan lejos.
—No sueles estar ubicada en el mapa cariño.
—Te odio —me dijo riéndose.
—Hey, ¿será que pasamos recogiendo a Ana? —nos preguntó Daniel.
—No lo sé, ¿ella dijo que iría? —le respondí.
—No, pero podemos invitarla pasando por su casita.
—Puede ser, no creo que esté ocupada.

Llegamos a casa de Ana luego de salir de la autopista y se bajó solo Daniel. Dejó la música puesta y las ventanillas parcialmente abiertas. Cerré los ojos un rato y me parecía notar que Luisana estaba dormida. Mejor así porque la noche sería larga. Al cabo de un rato me dieron ganas de orinar, y Daniel estaba tardando mucho, por lo que me quité con cuidado a Luisana de encima y salí del carro. Se disparó la alarma y pude observar que Luisana se levantó, así que me devolví lo poco que había avanzado y le dije que iba al baño, que ya venía; asintió y se acostó.

Toqué la puerta y me abrió Daniel.

Cadáver









Y ahí estás tú
hablándome
diciéndome lo lindos que son mis ojos
(aunque nunca te crea y sepa que te gustan otros)
mirándome
demostrándome que también tienes ojos
(aunque sepa que los usas para admirar a otros).

Allí estás.

Estás ahí
juzgándome
cuando frunzo el ceño
y me quedo quieto,
callado, incompleto.
Estás ahí
señalándome
cuando te preguntan por mí
sin decir mi nombre
como si no lo supieras todo de mí.

Allí...
Quieta.
Después de tanto moverte
y hablar,
y mirar;
todavía no te das cuenta.

Y ahí estás tú
aburrida,
en silencio
cansada,
a punto de irte.

Ya ni me ves.
Ni me sientes.
Allí.

Y allí estás vos.
Como si nada.

Y yo aquí.












Consuetudinario









Que esta derecha es
como la pared
en la que me quiero
invisibilizar.

Al fin y al cabo
termino siendo yo
el más soñador
aunque sea el más soñado.

Irónico perderte.

Que este sermón
es como la oración
que todas las noches no
escucho.

Después de tanto
mis deseos no se cumplen
aunque sea yo
el motivo de los tuyos.

Herético perderte.

Que estos planes
son como los aviones
que en el cielo se estrellan
cada noche.

Inevitablemente
aunque se vean lindos
estarán siempre
estrellados.

Cómico perderte.

Y te dije que estas lágrimas
eran como los ríos
que de tanto viajar
se vuelven mares.

Extrañamente
no viajo
y me he vuelto
mar.

Melancólico perderte.

Y que esta izquierda
es la irreverencia
que se queda muda
sin audiencia.

Simplemente
la poesía sin oídos
es como el odio
sin amor.

Antitético perderte.

Que las fotos
y los recuerdos
siempre están
aunque no estemos.

Pero el fuego siempre
aguarda
tus más oscuros
secretos.

Amnésico perderte.




Que tus voces son bajitas
y a mis oídos
siempre supe;

que las veces que decías
que me amabas
nunca conté
porque siempre esperé
(y me en eso me quedé)
que los demás te dijeran cuanto lloré
al esperar un conteo improbable con fe.

Soy un niño que sueña
que la tienda de dulces
tenga su nombre
sin ser de él.

Así como por casualidad,
"¡mira, la tienda se llama Josué!"

Tu vergüenza y tu sonrojo
tus risas, tu enojo.
¿Mis ojos?
A veces no veo nada
y prefiero pensar que estoy ciego.

Pusilánime perderte.

(Sabiendo que no es así)

Y una vez
sin verte
y otra vez
al volverte
y una tercera y cuarta
(nada de suerte)
quinta y sexta
séptima:
clásico perderte.

















Claudicaciones












Tu mirada, ebria de felicidad, no me bastará;
quiero que sepas que querré también
tu mirada implorativa,
obsecuentemente subyacente;
indecente y al tiempo que inocente
mente
tu mano tocase e inervase mis
paces.
(A punto de entrar en guerra).

Destrúyeme la espalda a nivel nervioso
(ya su merced sabe que tengo problemas
en el cuello, la cabeza y la nuca)
"¿Me desnucas?"
La invitación a la poesía estaría implícita,
¿no?
La verdad es que no,
"quise decir que 'no me imaginé esto nunca'"
Mentí, mirame aquí.

Pero es que mentir ya no solo me gusta
sino que te.
Porque sabes que como mis extremada
mente suaves
labios besan
bien
sé.
(Te dejo las comas a ti
edítame la humedad en la piel
edítame los textos que oran mis venas
sagrada y maldita sea nuestra primera cena).

¿Sabrás que sí te iba a desnucar?
Ese cabello debe
aguantar tanta arrechera
porque si no
hay en la via óptima carretera
le petite mort
te espera.
¿Implicito?
Subliminal, más bien.
Mas no sublime,
porque sublime es lo que ya:
lo que no podemos
tocar.

Así que pídeme perdón mientras
besa tu úvula mi pelvis
(¿entiendes
que no podrás hablar?)
Tus opciones son
morse, braille, signado
o mirarme implorativamente.

(Nada que no pueda
viceversearse
señor mister oficial).







En honor a "¡Violación, violación!",
de nuestro dios Charles Bukowski.










Testamento








Quiero que sepas que todos mis blancos son tuyos; yo sé los rosas y las violetas. Nuestros capullos. Tus espectaculares tetas. Susurros y murmullos cavilan nuestras siluetas. Es esta cama, y tu mala fama. Y aquella cama, y mi mala fama. ¿No lo ves? Nos repetimos, nos repiten. Así es. Vivimos entre los que nos exciten: la carretera, una montaña, una luna; es temprano, nunca tan tarde. El demiurgo nos regaló el tiempo, nos quitó el espacio. ¿Sigues sin verlo? La abnegación, los sacrificios: Cronos y Casio.

¿De qué vas? Dices mi nombre con orgullo, pero todavía no sabes gritarme. No es el mismo orgullo. Has de confesarme que no te faltan los vientos, ellos aguardan tu voz, tus gemidos, tus sonidos. Tú quieres mi hoz. Yo tu cuello, tus nalgas. Anhelo el rubí que puedo refinar en ellas; vivo de esperanzas y sueños. Tú de imaginación. ¿Crees que no estoy practicando tu control? Ya me sé las cláusulas que te calmarán, y en mis ojos están apartadas las miradas que desatarán. Tengo un arsenal de trucos solo para ti, y después de ellos no volverás a decir que no existe la magia. 

Allá estás tú invocándome, pero sin gritarme.

Y yo solo te pido que me grites. 

Así, cuando me apuñales, todos sabrán que eras solo tú la que estaba conmigo.

¿Sinceridad o desconfianza?










Libídine








Una señora
muy linda y muy amable
y muy educada y muy emperifollada
gritaba que la maldita juventud de hoy en día
no sabía qué era la jodida y desgraciada sinceridad.

La observé como un Mitsuki o un Sai cualquiera
mientras sonreía y le asimilaba las expresiones.

Entonces decidí ser sincero en ese vagón.

Entró un señor con las cejas muy raras
y pensé en ti. Me sinceré.
(Porque hay veces en las que
nos mentimos
hasta en nuestros pensamientos).

No supe por qué, pero había pensado
en ti.

Después fue más normal la cuestión,
¿no?

Una chica con un lindo trasero,
aunque un par de senos primero.
Luego unos enamorados toqueteándose.
Recordé lo libre que eras lanzándote
asemejándote a una fiera
saboreando con tus yemas
mi fiera en asta bandera.
Recordé tus libertinajes
y mis inauditas timideces;
(casualmente no recordé
tus ropajes,
y no preguntes por sandeces)
Me imaginé allí en tu frente
mirándote como por vez primera,
esforzándome por eliminar al vulgo
intentando suprimirlos con nuestra lubricidad.

Recordé tu maldita libertad.
Recordé tus ojos obsecuentes.
Recordé tu liviandad.
Tu lengua, tus dientes.

Me sentí de nuevo libre
siendo sincero.

Me sentí insuprimible,
siendo libre.

Y te extrañé.

Y no tienes idea.












Lykeion







Son sus olores,
sus chemises
(de esas que nadie puede definir:
camisas del francés
del español franelas).
Son sus pubertades haciendo
eco
de sus costumbres.
Sus besos y gelatinas;
sus labiales malusados
sus Tommys empelusados.
Son filas,
son rondos;
lepes, coqueteos.

-hoy día
motos y azules
con maquillajes
de muñecas de ule-

Son sus olores,
sus chemises.
Sus -steronas haciendo
eco
de sus costumbres.

Son la poca tristeza
son la sonrisa y su pequeñeza;
hay ira, preocupación, ladilla
desmotivación
todo
menos tristeza.

Y aunque no se crea, poca flaqueza.

Es quizá este olor
tan peculiar
tan de un tipo de gimnasio
no de universidad;
es quizá esa tela, y esas
hormonas;
quizá la sonrisa mezclada con
los cromosomas.

Son sus olores,
sus chemises.
Sus gritos haciendo
eco
de sus costumbres.

No desconfío,
más bien esperanza tengo
en sus enderezos
y enderezadores.

Porque todos nacimos torcidos
y con la cabeza pa' abajo.







Triste sin ti otra vez







Si me preguntan,

prefiero estar

molesto contigo,

que molesto sin ti.


Por eso si me ves

alegre,

es porque no estoy

sin ti.


Y si, no me ves

alegre,

es porque, obviamente,

no me ves.


Así que veme,

para que yo te vea;

así estaré molesto contigo

en vez de molesto sin ti.





Porque una vez

te pregunté

si molesta conmigo

o molesta sin mí



Y seguías allí.