Leer una entrada aleatoria

Mirlo









¿Te acuerdas de todo? Fue como un rayo. Ese día estaba clarito clarito, pero oscuro. Se notaba en la brisa. En el sueño. Mis párpados se caían sobre tus tetas. Mis lágrimas se confundían con felicidad porque el alcohol nos abrazaba. Y nos abrasaba. No había frío por fuera. Solo calor. Era un infierno. Pero te tocaba el pecho y podia sentir tu frio, tu alma congelándose. Decidimos hacerlo juntos. Más de treinta pastillas. Quién diría. El pecho se apretaba y la cabeza estaba en otra dimensión. No sabía si mis manos eran mis píes o al revés. No podía poner un dedo en el aire, siquiera. Ni las pestañas en los caminos, ni la lengua en los cerrados. Ni abiertos. El piso era un cielo infernal lleno de ebriedades. Solía pensar que era el alcohol. Te veía y sonreía, sonreíamos. Pero estábamos muertos de miedo. Yo sabía, lo veía en tu cara. No te querías morir. No es lindo morir viendo morir a quien amas. A quien quieres, adoras. Por eso sobrevivimos, yo lo sé. Esa noche estábamos muertos solos, pero vivos juntos. Quién diría que seguiríamos contándonos estupideces. ¿No?


Después la muerte igual llegó, no la tuya ni la mia. Sino la nuestra.

Pero pronto cumpliré con mi parte. Esta vez serán sesenta, la mitad en tu honor.