Vale, creo que lo tengo.
Les contaré un secreto:
Embatían las furias, rosáceas, al término de la función del gran Rabira, hechicero de anales rebuscados, en los cuales figuraban días prohibidos y olvidados; embatían sin furia, ironizando la vida en extremo, pues sin soluciones se procedía a ejecutar la solución encontrada, a pesar de que no había sido encontrada.
El del sentido sin como si tal.
Perdóname, perdóname. Lágrimas de dolor que no era físico, sino que era físico, allá corazón, aquí sistema nervioso; allá inalcanzable y supurante, aquí nada. Por eso todo. Perdón fue, pero las lágrimas eran sexo sin dolor, pero con dolor.
La ambivalencia del con tal si.
Luego ya es historia, y eso que es futuro.