1 de abril del 2017
Estimado amor de mi vida.
He decidido escribirte esto porque llevo tiempo sin saber de ti. Ya sabes bien lo que pienso acerca de ese tiempo. No me gusta del todo estar contigo, tampoco me gusta tu sonrisa, ni tu manera de ver las cosas, porque es muy distinta a la mía. Sabes bien que no eres el amor de mi vida perfecto, que eres una especie de ser que tiene un potencial, pero que nunca he sabido cierto. Sí, sé que piensas que los amores de vida son perfectos, porque yo soy el amor de tu vida, y según tú soy perfecto, pero debo decirte que eso no fue más que una coincidencia. ¿Por qué debo ser yo el anormal? No, qué va, tú eres el que tuvo suerte, yo nunca la tengo. Sé que es duro y rudo, pero es la verdad. ¿No te llama la atención que esos dos sinónimos tengan las mismas letras? Rudo y duro.
En realidad, no te he dicho nada que no sospecharas. Ya sabes que soy un inconforme, que no le doy un cien a tu rostro, ni un cien a tu cuerpo, que no le doy un cien a tu manera de caminar, ni un cien a tu manera de reírte, ni mucho menos un cien a tu manera de pensar, ni un doscientos a tu coeficiente intelectual. Tus filosofías siempre me parecerán vacías, y lo que me digas plenas fantasías. De cierta manera no hay nada nuevo en ti que no haya sospechado ya, la mayoría de las veces. No le doy gracias a un dios por haberme encontrado contigo y tenerte en mi vida porque no creo en ningún dios. No me siento afortunado, ni bendecido, tampoco creo valorarte tanto como tú crees que debo valorarte, ni mucho menos creo quererte tanto como debería quererte, pero si hay algo cierto es que te quiero más de lo que tú crees que te quiero. Sé que ese cariño es prestado, pero no sé si sepas que se pueden prestar cosas eternamente.
En realidad, no te he dicho nada que no sospecharas. Ya sabes que soy un inconforme, que no le doy un cien a tu rostro, ni un cien a tu cuerpo, que no le doy un cien a tu manera de caminar, ni un cien a tu manera de reírte, ni mucho menos un cien a tu manera de pensar, ni un doscientos a tu coeficiente intelectual. Tus filosofías siempre me parecerán vacías, y lo que me digas plenas fantasías. De cierta manera no hay nada nuevo en ti que no haya sospechado ya, la mayoría de las veces. No le doy gracias a un dios por haberme encontrado contigo y tenerte en mi vida porque no creo en ningún dios. No me siento afortunado, ni bendecido, tampoco creo valorarte tanto como tú crees que debo valorarte, ni mucho menos creo quererte tanto como debería quererte, pero si hay algo cierto es que te quiero más de lo que tú crees que te quiero. Sé que ese cariño es prestado, pero no sé si sepas que se pueden prestar cosas eternamente.
Las cosas que más valoro de ti son tu boca y sus usos, la manera en que mueves la lengua, la cadera; la manera en que tu piel se refleja en mis ojos y los sonidos que emites cuando me apropio de tu ser, las ganas que siempre cargas puestas, las ganas que siempre cargas de quitarme las ganas, y las ganas que tienes siempre de quedar con más ganas. Las cosas que más valoro de ti son tu picardía y tu locura, tu sensatez ingenua y de tus pezones la dulzura, la redondez de tus nalgas y el cuadrático estado en que perplejo me dejan tus lamidas y relamidas, las sensaciones retorcidas y los pensamientos perversos, el sí-a-todo y el no-a-nada constante de tus labios. Esas cosas son las que más valoro porque son instintivas, no necesitas pensarlas para que existan, escapan a la máxima de Descartes y se sumergen en los sueños de Freud, surgen del inconsciente y se depositan como semen en óvulos fecundadores. Son sempiternas, esas cosas.
Quizá la perfección que tanto anhelo está en lo instintivo y no en lo pensado, pero entonces, ¿acaso yo no me la paso pensando? Sí, pero para mí pensar es algo instintivo, nací con ese don. Cogito, ergo sum. Por eso, querido amor de mi vida, eres un desastre y un fracaso. Ya lo sabes, ni siquiera eres bueno enviando misivas, ni poemas epistolares. Amor de mi vida, lo peor es que te considero sobrepensado, por eso en ocasiones creo que no existes y que solo eres una proyección semi-inductiva que siempre fue producto de los constructos socioculturales que se impregnaron de amores ajenos y fantasías robadas. Luego me tomas la mano y sé que, nada de eso. Luego me la sueltas y entonces, ¿cómo pretendes que no dude de tu existencia? ¿Qué si quiero mi espacio? Sí, pero eso no quiere decir que me sueltes la mano. Vale, no hace falta que me entiendas: soy Virgo, virgen: fémina.
Lo cierto es que quería escribirte porque tenía tiempo sin saber de ti. Porque en realidad he sabido de ti a través de varias personas, han llegado aquí diciéndome que traen información sobre el amor de mi vida. Pero tan pronto llegan se van, y no me dicen dónde puedo encontrarle o por qué lo conocen. Y claro, no les pregunto esas cosas desde un principio porque siento que son ellos hablando en tercera persona, o en primera, también; pero cuando abren la puerta para marcharse me doy cuenta de que no son más que conocidos del amor de mi vida, y cuando noto que se irán sin darme toda la información entro en pánico. Luego cuando salen por la puerta y cierran, abro de nuevo aterrado para preguntar y el terror se vuelve horror, al ver que ya no están.
Por eso, amor de mi vida, no sé si voy a esperar más. Así que esta misiva no tiene conclusión, ni principio ni final, solo es un viaje más entre dos direcciones que aparentemente nunca se van a encontrar. Amor de mi vida siento que pronto mi vida me dejará, y ya no serás el amor de mi vida, sino simplemente el amor de, sin mi vida, porque mi vida ya no estará. No sé cómo te puedas tomar esto, pero espero que lo sepas leer con el tono en el que lo estoy diciendo, y que sepas leer cada coma, cada punto, cada espacio. Que leas entre líneas y sobre líneas, que leas cada punto y coma y cada sangrado y cada espaciado y cada palabra rara, que al menos sirvas para eso. Sé que no te gusta escribir cartas porque nunca me has enviado una, y sé que no te gusta leer cartas porque nunca me has respondido una. De todas maneras, es lógico, porque no sabes mi dirección postal, y tampoco nunca te he enviado ninguna, pero algún día tenía que pasar.
Sin más que decir, se despide sin dudar.
El amor de tu vida.
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