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Enemigo público



Hola,
estoy muerto.


Este es mi funeral.

Allí está el ataud, allá la verde grama.

Un par de árboles, un araguaney.

La brisa, el sendero.

Un poco de tierra, un gran sol.



Pero no hay lágrimas, ni tampoco ojos.

No hay narices, ni bocas.

Ni gargantas, no hay pulmones, ni yugulares.

No hay corazones, no hay riñones.

Ni hígados, ni columnas.



Es comprensible.



Solo hay un cuerpo, y es el mío.