Leer una entrada aleatoria

Odio







Brisa fuerte, luz de luna creciente, cada vez más grande, cada vez más resplandeciente, sonriente. El mar aparecía y desaparecía, extraño el hecho, no sé como lo hacía, pero me estremecía, ante él y sus olas estaba yo en elogios desecho, era tan hermoso de día, y también de noche, de hecho. Tu mano iba con la mía en un hermoso compás que yo detestaba, parecía un niño, luego noté que enamorada fijamente me mirabas, fue entonces cuando me dí cuenta que era tu manera de demostrarme cariño.

Bailamos, cantamos, reímos, disfrutamos.

En ese momento tus ojos eran un deleite para mí, eran mi más grande musa e inspiración, me sentía bien y enteramente entregado a ti, y yo era el doble para ti, hasta me compusiste una hermosa canción, nunca jamás te habías sentido así, nunca había estado dentro de ti una tan grande e intensa pasión. Ese no era un día en específico, para mí nuestra historia está escrita en un día, encerrado en ese número tan hermoso y magnifico, comprimido todo en un momento valioso y sin agonías, porque ese amor fue real, verosímil, verídico.


***



Imaginé, soñé.

Daba vueltas por el balcón de ese hermoso palacio, esperando un cálido beso, o un gran abrazo, esperando tus caricias en exceso, deseando tu desnudo cuerpo en mis brazos. Llegaste allí, bajaste de ese hermoso sedán negro, y tu falda me deslumbró en la lejanía, aun lo celebro, evitó los incómodos momentos de pena y agonía, en pocas palabras: facilitó tu quiebro.

Fue entonces cuando empezó la danza milenaria que ha mantenido a esta especie humana, tu cuerpo invitaba al mío a llegar a un inmenso vacío, tu calma era tan inexistente como tu pudor, ya me habías mostrado entera y hermosa tu anatomía humana, pedí y exigí con intensos besos tu cuerpo sobre el mío, pedí con una intensa mirada que me cedieras entero tu calor, pedí con una sonrisa que me dieras esos labios de manera mundana.
Y lo hiciste,
te entregaste a mí,
no te rendiste,
allí me enamoré de ti,
caí,
caí, maldita sea, caí.

Caí en ti, allí dentro reposé,
allí dentro conviví,
con aguas cristalinas y ardientes recé, oré, y me confesé,
y tu cabeza en mi pecho, allí,
que sentía mi corazón a mil, a dos mil, a tres mil, así fue.

Tu mirada de lascivia y mi respiración agitada,
tu pecho rojo, en sintonía con tu baja espalda
mis manos en tu espalda y tu entrepierna sofocada,
mi lengua allí, que la deuda salda,
la felicidad entra y sale,
hasta que esta noche acabe.

Gritos ahogados, gemidos con pasión,
sentida actuación, momentos trastornados,
he allí tu dios, saliendo de tu boca,
he aquí tu sirviente, que tu respiración sofoca,
momento para dos,
vino blanco sonriente.


Despertaste del hermoso momento sedienta y feliz, como si estuvieras en mi pecho,
pero es que estabas en mi pecho, feliz y sedienta, recién despertada a las tres de la mañana,
noche lenta, pero no precisamente sana, lujuria y placer, mordimos la manzana.



Días de amor, días de amor.
Caíste, caí, caímos.
Solo amor, solo amor.
Dijiste, así, 'perdimos'
Pregunté, por qué.
El que se enamora, pierde.

Nosotros nos enamoramos,
nosotros perdimos.



No solías escribir, pero rimaste,
no solías fijarte en nadie, pero en mi te fijaste,
no solías besar a cualquiera, pero me besaste,
no solías mirar, pero como me miraste,
no solías tocar, pero me tocaste,
no solías sonreír, pero conmigo bastante te alegraste,
no solías planear tanto un día, hasta que el día que nos veríamos mil veces planeaste,
no solías tan intensamente celar, hasta que a mi amiga miraste,
no solías tener buenos días, hasta que mi mensaje por las mañanas divisaste,
no solías necesitar a nadie, pero mucho me necesitaste,
no solías pensar en nadie bajo las sábanas, pero allí en mi pensaste,
no solías valorarte tanto, pero por mi te valoraste,
no solías ver a nadie perfecto, pero a mi así me encontraste,
no solías acostumbrarte a nadie, pero a hablar conmigo te acostumbraste,
no solías recordar tanto a alguien, hasta que me imaginaste,
no solías sentirte tan segura, hasta que mi voz escuchaste,
no solías sentirte importante, hasta que mi mirada encontraste,
no solías entregarte a nadie por completo, pero a mi te entregaste,
no solías planear tu futuro, pero conmigo todo lo planeaste,
no solías pensar en hacer el amor, hasta que me deseaste,
no solías ser feliz, pero en mi la felicidad encontraste,
no solías adorar, pero me adoraste,
no solías enamorarte, pero de mi te enamoraste,
no solías amar, pero me amaste.



Luego me odiaste.


—¿Qué tienes?
—Nada.
—¿Por qué me miras así?
—Te miro como quiera.
—No miras como antes.
—Miro como siempre.
—Miras sin amor.
—Miro como quiero, dije.
—¿Pero qué os pasa?
—Nada, te odio.
—¿Me odias?
—Te odio, te odio por aparecer en mi vida con esa hermosa sonrisa, te odio por tener esa intensa mirada para nada sumisa, te odio por guiñarme el ojo, y por coquetearme, te odio por hablarme, por escribirme bonito, por saberme llevar, por ser agradable, te odio por invitarme a salir y pasear, te odio por un beso quererme robar, te odio por tan bien saber besar, por hacerme los ojos cerrar, te odio por los tuyos no cerrar, te odio por tus manos en mi cuerpo colocar, te odio por hacerme imaginar más, te odio por calentarme, quizás, te odio por luego no escribirme, galán, te odio por hacerme mil cosas imaginar, patán, te odio por después como si nada actuar, y te odio por hacerme olvidar tu maldad, te odio por tu sinceridad, te odio por tu bondad, te odio por tu insensibilidad, te odio por tu honestidad, te odio por tu virtuosidad, te odio por tu tan perfecta forma de cantar, de hablar, de expresar, te odio por tus palabras explicar, una y otra vez hasta agotar, te odio por ser tan seco, por ser tan terco, te odio por convencerme, o al menos por hacerme dudar, te odio por la razón tener, cuando más te quería odiar, te odio por no darme la razón cuando la tenía, y por tener yo que ceder, qué agonía, te odio por tener tanta cordura y por ponerme a mi como intensa, te odio por calmarme y darme una explicación muy extensa, te odio por todo y por nada.
—Vaya... no me esperaba esto.
—Yo tampoco, y es que te odio, te odio, te odio, te odio por hacerme sentir la mujer más importante del mundo, te odio por hacerme sentir en el cielo, en las nubes, te odio por hacerme sentir feliz, te odio por hacerme sentir que nadie más existía, te odio por hacerme ver hermosas todas las noches y todos los días, te odio por quererme, te odio por adorarme, te odio por valorarme, te odio por amarme, te odio por sentirme, te odio por imaginarme, te odio por tocarme, te odio por verme, te odio por probarme, te odio por enamorarme.
—Basta, por favor...
—No, te odio, te odio, te odio, te odio por exigirme, te odio por quererme siempre perfeccionar, te odio por quererme hacer mejorar, te odio por no ser un mediocre más que solo me alabara y no me criticara, te odio por siempre estar ahí aun cuando no estabas, te odio por hacerme pensarte tanto, extrañarte tanto, quererte tanto, te odio por apoyarme, por ser mi regazo cuando quería llorar, te odio por estar ahí cuando peleaba con mi mamá o papá, te odio por celarme y ser tan bello al hacerlo, te odio por realmente hacerme olvidar de mis amigos y no tener que dejarlos forzadamente por ti, te odio por preocuparte por mi, te odio por ser tan seco cuando necesitaba cariño, pero aun así me hacías sonreír, te odio, te odio, te odio. Te odio por hacerme sentir tanto, te odio por hacerme imaginar tantas cosas contigo, te odio por ser mi mejor amigo, te odio por ser mi mejor consejero, te odio por estar siempre conmigo, te odio por quererlo todo conmigo, te odio por ser tan tarado, mentira, te odio por no poder mentirte sin sonreír y al rato arrepentirme y quererte decir toda la verdad, te odio por ser tan astuto e inteligente, te odio por hacerme decir la verdad, te odio por darme tanta confianza, te odio por hacerme sentir tan segura contigo, te odio por ser tanto y a veces hacerme sentir nada, delante de ti, te odio por quitarme eso de la cabeza diciendo que lo era todo para ti, te odio por ser así, tan bello, tan amable, tan deseable, te odio y te odio, solo te odio. Te odio inmensamente porque sé que nunca encontraré otro como tú, te odio por dejar el estandarte tan alto y que los demás no vayan a alcanzarlo jamás, te odio por ser el mejor, y el peor, te odio por serlo todo y quitármelo luego, te odio por hacerme decir estas cosas tan egoístas, pero es que te odio, te odio por ser tan perfecto, te odio por ser tú, por llamarte así, por decirme tantas cosas bonitas... te odio. Te odio por aparecer en mis sueños, en mis canciones preferidas, te odio por vigilarme dormida, porque sé que siempre me cuidas, te odio porque sé que no debería odiarte, pero te odio, y es que si no te odio no podría dejar de amarte, y te odio porque no quiero dejar de amarte, pero no me dejas otra opción más que odiarte, y te odio porque esto que digo no tiene sentido, te odio por nunca propasarte, te odio por nunca equivocarte, al menos no como lo llegué a hacer yo, te odio entonces, por no dejarme nada que criticar, ni nada malo que decir, porque si dijera lo malo se me escapara una sonrisa, y te odio por esa sonrisa, te odio por hacer de los días grises días bonitos, te odio por hacer lo malo, bueno, te odio en sí, te odio a ti, te odio con todo mi ser, te odio quizá por placer, te odio por que no sé qué reclamo, te odio porque te amo.
—No llores...
—También te odio por hacerme llorar, me faltó.
—¿Y qué hago con tanto odio?
—Recuérdame como quién más te amó, y más te odió.
—¿A la vez?
—Si, así soy yo gracias a ti.
—Vale, me guardaré aquí en el corazón tu odio, como el último recuerdo.
—Lo agradezco.
—Gracias, te amo, lindo odio.

Luego recibí de ti esta posdata en un mensaje de texto: 


«P.S.: Te odio»