"Puedes llamar cuando quieras". Llamé y el tono se rió, como en clave morse.
Jaaaa, jaaaa, jaaaa. Decía.
Ambos decían.
La palabra como juego, como parte de un rompecabezas que no sabes resolver. La colocas donde sea. La colocan donde sea, alguna de esas veces habría de pegar, ¿no? Me gusta mucho finalizar. A veces leo mis textos y me pregunto, raramente, ¿este punto realmente iba aquí? Llegará un punto tan suicida en mi vida en. el. que. escribiré. así. Como si siempre quisiera ponerle fin a todo. Ahí está. El punto. Otra vez. A veces me como las comas porque tengo preferencia por no dar pausas, sino finalizar. Así es mi vida, siempre finalizando cosas que quizá no debería finalizar. O lo odio o me encanta. O me quedo o me voy, o me voy o te vas, dice Marco Antonio. Nunca lo digo, pero estoy cansado de ser como soy. Auténticamente basura. La filosofía solo me ha servido para ser cada vez más hipócrita y, a la vez, menos hipócrita. Más real, pero más falso. Inexplicable. Estoy cansado de explicar, más bien. Pero... a ver: mucho, pero poco. Es que no, no hay manera, es oximorónico. Realmente no tengo sentido. He durado mucho. De verdad solo quiero morir. Es lo que más deseo. En los últimos meses me he intentado autodestruir con un pulso ultrasensato. Estoy cortándome la piel con cuidado de no sobrepasarme hasta las venas, pero en el límite, en el más jodido límite. Nunca había estado tan en el límite y aún vivo. Entonces sientes que has vivido mucho, hasta que te das cuenta, en tu baño, que pudieras estar depositando en la selva, o en un rancho de cartón. Sin nevera, sin alcohol. Sin letras. Sin pantallas. Sin señales. Sin nadie. Entonces quieres vivir eso, pero no precisamente para morir, sino para tener derecho a morir. Digamos que siempre quise vivir todo. El problema es que en esta vida no se puede vivir todo. No puedes ser Diana Ross y luego David Bowie. Es uno de dos. Y te lo dice el que siempre dice ¿por qué escoger uno si puedes escoger los dos? Pero allí está la condición. El copulativo condicional: si. Si no puedes escoger los dos, no hay paraíso. Y hay veces en las que no se puede (casi siempre). He abandonado todo menos a mi gente. He estado allí para ellos a pesar de que soy un cadáver, un muerto viviente. Pero, como todo muerto, apenas puedo, y hay una oportunidad tangible, me escapo. Me voy. Me difumino en memorias. Cuando murió XXXT me sentí tan identificado que quise morir de inmediato. Todas sus letras. Y luego su muerte. Era como una premonición. El 20 de junio hice un par de tuits en los que decía que sentía la muerte cerca porque estaba feliz. Al día siguiente me intentaron robar con un arma blanca. Me resistí al robo, como siempre. Casi muero. Y, por un momento, sé que quería morir en manos de aquel ladrón. Él era más feliz que yo. Y yo no necesito ser feliz para vivir, como Keanu, pero, a la vez, creo que sufro de este mal en el que si no puedes tener algo, lo odias. Buscas la manera de odiarlo. Creas bases, fundamentos, preparas tus argumentos. "Y, por eso, señores, no me gusta". Bullshit. Toda mi vida es una jodida mentira, entonces. ¿No es casual que todo lo que quiero lo tengo? Casi nunca fallo. Vaya mentira. Tengo mi propia autoayuda. Todo lo que criticas probablemente esté en tu comisura ocular. Allí. Justo allí, maldito bastardo. Me gusta sonreir y ser feliz, pero sé que todos saben que en el fondo eso no es más que un estado temporal. Como la risa mientras lloras. Esa risa tras un chiste entre lágrimas. Es tan sincera que escapa. Y, esas son las más sinceras aunque las llamen falsas. Tan potente, tan llena de deseo. Un deseo de ser feliz, de estar bien, que explota y es incontenible. Lo que sucede es que ya 'ser feliz' y 'estar bien' no significa lo realmente significado. La felicidad y el bienestar están basadas en la mentira, hoy día. Y no hay otra manera. Es metafísica. ¿Se puede explicar la raiz cuadrada de un número negativo? No. Sí. ¡No! Todo número potenciado es positivo en su resultado. No, sí se puede. ¿Sí? ¿Cómo? Números imaginarios. La raíz cuadrada de menos bé es igual a la raíz cuadrada de be por i. ¿Satisfecho? Mm, sí. ¿Acaso así no actúa la física cuántica? Sí, describimos trayectorias orbitales cuánticas complejas dentro de sistemas de números complejos basados en los imaginarios. ¿Acaso así no actúa la religión? ¿Cómo demostró Descartes que Dios existía? ¡De la misma manera! Joder. Metafísica. Metá-fora, lo diría otro. Estamos jodidos si no sabemos algo, así que hagamos creer que lo sabemos. Convenciones. Las letras, los números, el lenguaje. El lenguaje es mentira. Todos lo sabemos pero aún así, ¿qué remedio tenemos si no es usarlo? Todo lenguaje sería convencional, y no podría existir uno que no lo sea. Así que igual estamos jodidos. Por ambos lados. Por eso la palabra como juego, ¿no? Al fin y al cabo quién dice que promesa significa inquebrantable. La RAE, ah. ¿Y, quienes son ellos? Joder, me cago en ellos. ¿Cuántas veces no nos hemos cagado en ellos? Llamar 'lacra' a alguien hoy en día es un cumplido. O algo 'brutal'. O un 'monstruo'. Vivimos cagándonos en la RAE. Una más, una menos. Tú, él, ella. Cualquiera. ¿Qué más da? Pensaba recientemente en lo divino que sería estar enfermo terminalmente y aceptar que te vas a morir. Naturalmente. Porque... ser suicida es sentirte constantemente culpable. No es suicida el que lo hace porque ya no existe, sino el que quiere hacerlo cuando existe. Además, la culpa es un sentimiento cristiano. Y el suicidio se castiga con el infierno. Por eso, digamos que está esa culpa implícita. Somos hijos del judeocristianismo. Querramos o no gritamos el nombre de nuestro señor cuando cogemos. O cuando vemos a nuestros padres, así sea por respeto, le pedimos un par de bendiciones. Entonces la culpa allí, siempre. Las preguntas que me han hecho, ¿serías capaz de hacerme eso? ¿Me vas a dejar sola?, redundan en mi cabeza. Entonces cuando hablo de estas cosas, me pregunto, ¿quizá me falta un dios? Es inevitable, como agnóstico que soy, preguntarme cosas así. Fantasear con ucronías. Ya no escribo sino mierda. Últimamente no soy más que eso. Basura. El resto. Lo que queda. Lo que sobra. Detritos de algo que nunca llegó a ser gran cosa. Un muerto en el intento. Missing in action. Extraño estar bien con la gente, aunque nunca haya estado bien con ellos por más de dos minutos. Extraño ser alguien que nunca he sido. Quisiera ser perdonado pero no me atrevo a pedir perdón porque sé que no lo merezco. Y el perdón más básico, el mío, brilla por su ausencia.