Has tenido la voluntad admirable
y yo me he visto forzado a suplicar,
a rogar lo inrrogable.
Crisol y suplicio impostergable.
La ruleta dio sus vueltas
los chasquidos gimieron
las sonrisas se esfumaron.
El soporte, la ayuda,
las preguntas frecuentes;
solo el solo de guitarra solo sonaba.
El pedal y la muerte, el dedal, incipiente
displicente
disgustado
di que siempre me has amado
para reconocer el rostro de la mentira.
No volveré a caer más en sus liras,
sus pesos, sus rupias partidas.
Y aunque te desconozco
te conozco tan bien...
Sé lo que fuiste
y ahora sé lo que no eres.
El alma inmóvil, inmutable
silenciosamente inachacable
inculpable, inocente
pueril.
Toda la pinta de traición.
Y la guitarra era tu sensación.
Y la lluvia tu embrujo, mi sumision.
Suspiro de dolor
¿cómo expresarlo?
El arrepentido vicio y la calima, el sentido armisticio vitalicio del clima,
la pálida timidez del cálido que se arrima, se sube y recrea su tarima,
el corazón latiendo fuertemente y el estómago completamente sin enzimas,
la vida y el alma ligadas en la cima, la mierda subyugada y regada por la sima.
La escena da grima y me lastima. Se me viene el mundo encima.
Y ya no puedo más.