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El último polvo






Lo sé, y no digas nada por favor, solo mírame y escúchame, solo siénteme, aunque sean unos minutos más de tortura, aunque sea lo último que me dejes hacer antes de dejar de sangrar por esta herida.

Y allí está todo, recordado, ya guardado, engavetado, hoy todo lo dejas a un lado.

Gracias por ser y por no ser, por estar, y por no estar, por todo y por nada, por aquella hermosa noche estrellada, por aquel sueño tan precioso, por aquella guitarra que sonaba en tus pensamientos, por todos los besos sangrientos, por las mordidas, por los brackets, por hacer que mi vida cambiara de repente, por dejarme amarte. Aquella noche, aquel día, tan hermosa lucías, tan radiante, feliz, sonreías por mi, alegre, sin problemas, sin ningún tipo de despedidas latentes, sin medidas de precaución por posibles pérdidas, sin necesidad de asegurar el amor, no importaba, era a prueba de balas.

Aprendiste, aprendí, aprendimos, nos juntamos, embebidos en un romance sin límites, sin consciencia ni razón, sin torturas ni pudor, dejándonos llevar por eso que los humanos llaman amor. Era la escena preciosa de aquel lindo atardecer ante el lago, ante la montaña, sin que nadie dijera nada, estábamos y no estábamos, eramos uno siendo dos, eran nuestras manos entrelazadas, juntas para toda la vida, el reloj marcaba eso, quién necesitaba al tiempo y sus para siempres cuando nos teníamos el uno al otro, cuando estaba tu sonrisa viendo mis ojos despistados, cuando mis brazos llevaban tu ligero peso hasta el cielo y te traía de regreso. Descubrí en ti cosas únicas y nunca antes notadas, me dí cuenta de la maravilla que existe en tu alma, la bondad y la ternura, la emoción, la sinceridad, la fidelidad, la lealtad, y se me escapa un suspiro al recordar tus ojos enamorados, al recordar todo, verte pronunciar mi nombre, verte jugar con tu cabello.

Pensábamos el uno en el otro, nada nos temía, nada nos tumbaría, nada pasaría, nada.

Y no voy a explicar qué pasó, no porque no quiera, sino porque no sé.

Ya no hay que esperar, visto desde el final no estuvimos tan mal, entiendo y a la vez no entiendo. Duele en mis brazos, en mis piernas, en mis ojos, en el pecho, ese que ansiaba tu cabeza, esos latidos que nunca escuchaste quizá, esa poesía que nunca surgió de allí. Sigo aquí, sin olvidar y sin dejar de sentir, porque es pronto para todo y a la vez ya no hay tiempo para nada. No puedo ocultarlo, no puedo ser quién soy, has sacado aquella parte de mi que sufre, que siente, que no vale nada cuando se cree todo, fuiste, eres, y serás.

De todas maneras rosas, quizá me faltó valorar, o quizá me faltaron todas las cosas, empezando por saber amar. En tus mejillas sé que apareceré, y en mis recuerdos estarás, mil veces por ti resistí, mil veces por ti sentí, pero ya no estaré, solo porque tu no estarás, esa es la pura verdad. Quizá deje un poco las groserías porque al fin y al cabo en algún momento sentí y admití que te falté el respeto, quizá deje a un lado las amarguras porque recordaré tu llanto, quizá deje a un lado mi propio yo, no porque quiera, si no porque te lo has llevado, y no sé que hacer mientras tanto. Y el mundo que nos creamos sigue allí, pero ya no tiene habitantes, está allí, preguntándonos por qué lo hemos abandonado, mirando nuestros oscuros semblantes, aun no maltratado, pues apenas lo hemos dejado. Allí tus besos serían mi musa preferida, y si me preguntan ahora solo quiero de tu sangre un sorbo, también quería darte una despedida que recordaras para toda la vida, pero ni siquiera habrá un último polvo.

Hace rato eran las 21:03, pasó un rato, y no sé qué pasó, pero ya son las 23.

P.D.: Todo terminó, no hay vuelta atrás.






Sótano 9






Caí a lo más profundo, y estoy sin dignidad, porque pasa a veces y por momentos, que se equivoque la deidad.

Impotencia, puños cerrados y un golpe frustrado.

Allá, todo está oscuro, todo está perdido, al menos por los momentos, la electricidad está ausente y en este mundo paralelo pareciera que los fósforos son inexistentes, erré, hice mal, actúe mal, me dejé llevar, no calculé, no analicé, todo esto lo deduje pero no lo evité, y erré, pasa, es de humanos, pero no se admite en la academía de la perfección, y dramatizo, sí, pero también es de humanos, para muestra este gris botón, y la siguiente canción.

Siento que la vida se escapa vacía, que no deje marca, que no la hice mía, siento que el mundo está de cabeza y todo me toma por sorpresa, me siento el ser humano más perdido de todos los perdidos, porque no se encuentra a si mismo, estoy sumergido en este puto egoísmo. Y quiero mejorar, y quiero intentar, y quiero lograr, pero no puedo, y no sé porqué, pero no puedo, lo intento al revés y sigo sin poder, lo intento otra vez, y nada que ver, la vida me da oportunidades y las desaprovecho, es como si me lanzara desde el más alto techo, busco las maneras pero no las encuentro, y cada vez que fallo siento una muy fuerte presión dentro, como si el deseo de mejorar fuera obligación, porque siento una inmensa presión, no quiero perder nada de lo que tengo, mucho menos lo más valioso, daría lo que fuera por no caer a ese foso, necesito ser suficiente para lo que quiero, porque si no me desespero, caigo en el oscuro agujero, ese que desprecia lo que soy y me hace sentir sin valentia, qué ironía, justo cuando mejorar más quería, justo cuando dije que ser el mejor debería, la vida varía, me vacila y domina, y me deja al desvelo de esta realidad sin frenos, volviendo completamente absurda mi fantasía, no todas al menos, pero si aquella donde quería nunca tocar ese apice desdeñoso de realidad donde sé bien que me voy a sofocar, donde la vida me va a presionar, a hacerme sentir mal y sin valor, con vergüenza, con pudor, rodeando mil veces el objetivo porque no hay valentía, no hay ya emoción, es miedo, es mi más larga e intensa agonía.


Se iba a llamar agonía, hasta que una voz en el ascensor me dijo que estoy en el sótano 9.




Variar




Es un cansancio natural, es la vida al terminar, es la iniciativa para propiciar el fin. No es un hecho que se de por propósito del autor, no es una letra que se escriba sin vergüenza y sin pudor, es la irremediable situación de un amante que se cansa de amar, es la más hermosa canción que ya inevitablemente está por terminar. Y no me cansaré de decir, que todo tiene fin, aunque exista el infinito, el humano es finito, y por ello hay que en la tierra vivir, y de aquella preciosa luna llena bajar. Siento no sentir el dejar de sentir por lo que sentía hace un tiempo, pero es que de hercios está construido el mundo, dando inmensas y creativas vueltas alrededor de todo el viento, rodeando todo y a la vez nada, y en esta historia repentina e irónicamente tú estás enamorada.

Pero después del asqueroso sol de día viene la hermosa lluvia de noche, y me atrevo a cambiar adagios porque sin otro sentido no nació anoche, ya un tiempo tiene brindando la nada al mundo, vestida de simbólicos e ilusos colores, de esos con los cuales nunca pintan a los coches, y femenina porque soy hombre. Amante por naturaleza, pero no por insistencia, no por regularidad, ni uniformidad, ni igualdad, ni invariabilidad, ni homogeneidad, ni aburrimiento, ni pesadez, ni rutina, no por nada de lo que no había, nunca por monotonía.

Soy feliz cuando mi vida varía, pero infeliz cuando veo los rostros de los niños cuando apagan el carrusel y se acaba el espectáculo, entonces se vuelve un sistema equilátero, con soluciones complejas, variadas, y alguna que otra imaginariamente errada. 

Qué más da, la vida se nos acaba.

Dicen que cuando amas a alguien le abres la puerta de tu corazón, pero si el corazón no tiene puerta, ¿dónde quedó la razón? Quizá la explicación es el dolor, supongo que ha de sufrir quién ve abierto su corazón. Y precisamente a corazón abierto la naturaleza es amor, porque es hermosa sin pudor, pero recibe de cada humano una porción de carbón, con su doble en oxígeno para aumentar el calor, y sufre, pero llega antes alguna que otra cosa verde que respira ese dolor, y lo vuelve amor para el del humano pulmón, es un ciclo, mi amor; se mide en hercios, porque empieza con una linda foto y termina con una síntesis.

Coloca bien los pies en la tierra sonaría cliché, entonces diré, coloca bien el audifono en tu linda oreja, porque la mejor parte de la canción se susurra, y no se aceptan las estúpidas quejas, acepta el dolor y haz de hielo ese corazón pero sin dejar de transmitir calor. Es complicado, y así más bonito, parece imposible, pero no lo es, ¿por qué escoger uno de los caminos cuando puedo escoger los dos? Por qué seleccionar entre frío y calor, entre odio y amor, se puede oscilar, se puede variar. Porque la vida es un equilibrio pero este no necesariamente conlleva siempre en el medio estar, puede significar estar la misma cantidad de tiempo tanto aquí como allá, e incluso el tiempo no importa cuando este depende a su vez de la intensidad... si... ya, lo siento, mucha complejidad.

"That pain is just a simple compromise." Misguided Ghosts

Si amas, sueles comprometerte, ¿cierto? Sé que puedes entender mi conclusión sin necesidad de escribirla completamente. Sé que puedes llegar a admitir que la vida es un círculo...
and it never ends.


"I know your motives and you know mine
the ones that love me, I tend to leave behind
if you know about me and choose to stay
then take this pleasure and take it with the pain..."
                                                                                                         The Weeknd



P.D.: Me encantan los epílogos, y sé que quizá no llegaste a despegar, por eso vengo a concluir que el fin sin fin de aquellas letras sin otro sentido es que todo lo que termina puede volver a empezar, solo es cuestión de cambiar, de variar.





Enigma





He allí nosotros, felices por momentos, tristes por otros, buscando en las más recónditas cuevas el anhelado salvamento. Y es que así transcurre la vida, a veces fácil, a veces temida, y en esta realidad perdida, es que se transmite la fantasía.

Ejemplifico, para que entiendas lo que explico:

Caminaba una noche fría, pero calida dentro de nuestra cómoda estadía, encendida la televisión, un programa transcurría, un reality show, yo adivinaba y pensaba las preguntas que hacían en el mismo, seguidamente tu me empujabas a un abismo, porque llegabas por detrás y me besabas, una y otra vez, me enamorabas. Sentada a mi lado, con tu cabeza en mi pecho, con tu mirada en mi mirada, desprevenida, tentada, y los problemas no estaban, mi presión no desfilaba, y todo era fácil, no pasaba nada. Eramos solo nosotros, tranquilos, relajados, esperando al tiempo, esperando lo natural, respirándonos sin dudar, entre uno que otro beso singular. Y tu amiga te llamaba, te ibas, yo solo quedaba, la televisión miraba, y cuando volvías, ya sabes: me enamorabas. Porque allí estabas, de nuevo encima de mi, dándole a mis labios una dosis de tu pasión, un poco de tu amor, un poco de realidad, mientras tus intensos besos despertaban mi sexualidad, y mis manos recorrían tu cuerpo, tus nalgas, que divinidad, y tu cintura me pertenecía, ya toda tú eras mía. Yo sé que querías, el placer ya te envolvía, ya el respeto se esfumaba, y tu deseo se acrecentaba, no lo niegues, se te notaba. Pero tu amiga llamaba, y la risa entre nosotros se escapaba, corriendo, era volver a la realidad y preguntarnos 'qué estamos haciendo', yo aguardaba, ansioso sufriendo, pues tu tardabas.

Hubo un momento, lleno de gloria, largo y sediento, mucha euforia, que se expresaba en besos, en caricias, en movimientos, tus piernas entre mis piernas, queriendo buscar, queriendo sentir, queriendo tocar, inhalando, respirando, aquella crónica del placer esperando, un momento para siempre recordado, tus ojos en blanco, la lengua fallando, al oido susurrando, mil cosas gritabas, mil cosas me ordenabas, pero sin emitir sonido alguno, tus ojos eran oportunos, me decian lo queria saber, sin miedo ni pudor alguno. Sabes a donde pudimos haber llegado, de no haber sido por el puto llamado...

Continuaba, volviste, pero esta vez tu me envolviste, de una hermosa forma vestiste, y para qué quitarte la ropa si así tan linda para mí te pusiste. Sentías mi mirada sobre ti, perdida volteabas, y mala mía, yo no disimulaba, mi objetivo lograba, allí venías a mis labios en bajada, sin acelerar, déjandonos llevar, no había roce, los besos iban en nubes de goce, tu te inclinabas en puntillas, yo sentía tu hermosa pose, mis manos te alzaban por tu sensual retaguardia, quería lograr tu sumisión ante mi daga larga, pero tu lengua en mi cuello destrozó mi guardia, y perdí, ya para ese entonces tu ibas en vanguardia; ordenaste: cárgame, y cargué con unas 92 libras de placer, mientras tus besos me intimidaban, porque no esperaba de ti tanta batalla, bajaste, y tus ojos reflejaban mi estupor, y allí llamaba de nuevo tu amiga, qué ladilla, justo entrabamos en calor.

Sin resumen, pero con conclusión, el ejemplo terminó, y la pregunta del público es, ¿quién allí pensó? Ninguno de los dos, solo había amor, placer y seducción, era felicidad, era tentación. Y aunque no lo crean, en el protagonista existía una presión, inmensa, lo digo sin pudor, pues se acercaba un momento importante y crucial para su vida, pero igual allí estaba, viviendo esa maravilla, solo con ella, pero sin sacarse la astilla.

Es posible cerrar los ojos e ignorar, es posible no cantar tragedias en las novelas inglesas al nuestro cuerpo duchar, Shakespeare y Shakespearito eran almas gemelas que describian en distintas fases sus vidas anheladas, y aun así nunca fallaban, pues podían hacer a un lado cualquier desgracia para sentir sobre ellos la gloria de la felicidad momentánea, efímera, casi subcutánea, que nace y crece a flor de piel cuando el reality pregunta cuánto es cien más cien, que sean ciento noventa y nueve y una para llevar, no cualquiera, quiero a esta chica que mis problemas me hace olvidar, lo juro, solo para ejemplificar.

Ratos dulces, ratos amargos, a veces negra, a veces color rosa, ya saben, la vida caprichosa, quita, pone, sube, baja, adentra, extrae, de eso se trata, dejarse llevar por ella, para ver si todo se da, de saber identificar, cual es el momento y cual el lugar, la cita con nuestra felicidad ya se pautó, y la de la tristeza no se atrasó, está escrito el equilibrio, despues de la hermosa tormenta viene la triste calma, vive mientras la relatividad atrapa, y disfruta, no preguntes tanto ni compliques el rato, aguarda tras el escenario y espera el llamado, júntalo todo y súmalo en notación sigma, después de todo eso es la vida misma, un hermoso enigma.





Presión (II)





Abre la boca, y disfruta.

Mamá, nos vamos todos al infierno. Siento lo que no siento, y lo que siento no lo entiendo. Empiezo y termino. Termino, y empiezo. No lo sé, al igual que usted. No lo veo, al igual que la novia de un reo. Es una maldita puta mierda todo esta porquería, y no me interesa si me disculpan por las putas groserías, pero ya me cansé de esto. Humano soy, con defectos. Pero me creo perfecto, y huyo de lo modesto. Intento y no logro, y molesto hago daño, como un maldito ogro. La vida me da oportunidades, no las aprovecho. Mi padre me estira la mano, que se vaya al carajo, no se la estrecho. Me da igual todo y a la vez quiero importarle a alguien. Para luego mandarlo al carajo. Y que siga siendo y estando allí. Inserte aquí la entrada «Mientras», porque allí están las palabras más de ser leidas sedientas. Basura soy al tratar como basura a quien no me ve como basura, pero esto es lo que hay, cariño. Sopórtala, porque de eso se trata la vida, la mia y la tuya, y la de tu mamá. El orgullo no se va. Y la arrogancia tampoco. Da igual, todo da igual. Déjenme en paz, porque no quiero dañar, a nadie, a nadie quiero dañar.

Soy un alma que ama estar sola, pero en compañia, pero al fin sola.

Empieza, desarrolla y concluye, es simple. Presioname y te maldeciré hasta que sangres por el cabello, critícame y haré lo imposible para que te retractes. Mala mía, así soy hoy, así era antes. No sé si cambie.

Espero que se cansen todos. Y espero que no se canse nadie. A la vez me importa y no me importa. Y si preguntas como es que hago eso, te digo quien soy.

Te muestro de mi lo peor. Te digo en prosas y versos lo mas inmensamente intenso. Miralos, he aquí en este golpe mis putos defectos. He allí en esa linea la droga que daña todo lo bonito y lo pone feo, para la foto, sin palabreo. 'Es bien, pero a la final es chimbo', diría el gracioso con complejo de Cortazar. No sé como es que esta impotencia se pasa, pero la vida me sabe a mostaza cuando caigo tan bajo desde la terraza. Rica, pero amarga. Puta vida. Y aun no me crece la barba. Espero mucho. Necesito tanto. Quiero todo. Cuando «todo» es la «perfección». Quiero dejar de sentir esta maldita presión.

Olvidé la parental advisory.




Al derecho y al revés






Adiós.
Ya no existes.
No existes.
Ya lloré.
Lloré.
Lloré.
Y lloré.
Te fuiste.
Te vi partir.
Te vi caminar.
Te vi dar la vuelta.
Me soltaste.
Al menos eso sentí.
Me disparaste.
Te despediste.
Sentí tu aroma.
Me abrazaste.
Me besaste la mejilla.
Me miraste con tus tiernos ojos.
Me dijiste unas cuantas cosas bonitas.
Llegaste ese día.
Pasó un tiempo.
Y...
Nos amamos.
Nos adoramos.
Nos quisimos.
Nos apreciamos.
Nos gustamos.
Nos tocamos.
Nos besamos.
Me enamoraste.
Mi corazón se aceleraba.
Nos mirábamos cada vez más.
Bailamos.
Luego...
Dijiste hola.
Me viste.
Dije hola.
Y te vi.
Volteé.
Y dije adiós.


Regrésate.
Un ciclo, acéptalo.





Besos...





Beso.
Era un rico beso.

Tomaste mi barbilla, la giraste hacia a ti, y he allí, el beso.
Rico, en exceso.

Y caminábamos, y era todo mi ser en ti, sin nada y a la vez con todo.
Por ti.
Sin ti.
Pero recordaba el beso.

Pero hubo un pasado, si, otro beso.
El primero.
Raro y entretenido, 'dámelo', 'dámelo tú a mí', y he allí:
El (primer y no único) beso.
Frondoso, como un lindo árbol de cerezo.

Y llegaron las miradas después de eso, algunas tímidas, otras provocativas.
Sin ningún tipo de prerrogativas.
Tus ojos clamaban una rica despedida.

Y he allí, la despedida.
¿Y cómo iba a ser?
Exacto, ¡qué lista!
Con besos.

Pero hubieron elásticas y bicicletas.
Lo siento, amo el fútbol, no se me ocurrió otro símil.
Iba a la mejilla, cuando saltó una pirueta.
Y se estrelló encima de mi barbilla.
Fue robado, pero al fin: beso. Luego sonrisas... luego otro beso.

Y fin.

Nos dimos unos ricos besos.







Infinito





Empieza; busca entre los más comunes montones, encontrarás solo mezclas y almas solitarias, desesperadas, canciones, pero nunca lo que esperabas. Y es que es muy difícil abrir los ojos en el momento adecuado, porque el miedo a veces impide que la vida de tantas vueltas como debería, a veces el orgullo es la piedra más pesada del rocoso camino, y no nos permite pagar al pobre con besos en la mejilla, con cariño. 

Indexa; calcula y analiza las variables, sopesa y mide, para escoger entre lo bajo: lo más alto; algo que se llama máximo local en términos de graficación de funciones matemáticas. Porque los números estadísticos dan ideas, y las apariencias engañan, por ello la pulcritud y seguridad a la hora de determinar lo que es veraz y lo que no, ha de ser esencial para lograr el objetivo. Pero al fin y al cabo, se encuentra algo muy hermoso, algo que vive y brilla, algo que enamora a los ciegos, una maravilla.

Desarrolla; determina las virtudes y errores, los excesos y defectos, para juzgar como un semidiós que no eres, para hacer ver que tienes el poder de encontrar en los demás lo que tu quieras encontrar, pero no lo que deseas en realidad. Porque en ocasiones la creencia de que la perfección está en el espejo, ciega y enmudece la verdad. Y todo empieza a ir para atrás, como aquel estúpido cangrejo.

Arregla; frena, apaga, enciende, embraga, acelera, cambia, intenta encaminar aquello que sobresalía pero que cuando ve la luz del sol sigue siendo un mórbido desdén por parte del caído ante la segunda guerra mundial, una economía fallida en tiempos del cólera, cuando las ánimas de las quebradas empezaban a sangrar por los ojos al observar las piedras fangosas introducirse en las cristalinas aguas del río Obi, por ello es que la vida se aturde, por aquello es que se aburre el ser, porque cuesta ser acorde, porque falta el querer.

Concluye; nada más que eso, ríndete a los pies de Artemisa, pues tiene la flecha de su arco en tu frente, y ya no hay más nada que hacer, encuentra otro desdén que te ayude a progresar, porque el actual ya encontró en su muerte el fin de una tortura más grande que la vida misma. Pero has de ser cuidadoso con la despedida, recuerda que el honor debe permanecer intacto, y el recuerdo ha de ser agradable, nunca querrás que el mundo se enteré de la gran basura que puedes llegar a ser.

Y este soy yo.

Me siento apenado y compadezco a aquel que se sienta identificado, pues no vales tanto como crees, y mereces menos de lo que quieres, porque lo que no encuentras es lo que tu no eres, idiota, hijo de Ceres. El fin justifica los medios cuando el objetivo es tan puro como impuro el intermedio, así que descarta todo fin que no tenga un buen método, ya que perderás todas las fichas en el más grande casino de Las Vegas.

No espero que nadie entienda jamás las letras de un arrogante que quiere ser servido en vez de ser servidor, una aparente luz que no brilla, y que destruye al vacío pero no llena lo insólito, juzga y decrece en su realidad, pero no sujeta ni ayuda a subir, o quizá lo intenta pero se rinde rápido cuando empieza el juego de fútbol. Una letra ingenua que se escribe corrida y sin espacios cuando la pereza hace su acto de aparición ante la vida de un obsesivo compulsivo de la limpieza y el orden, una ironía linda, pues sin otro sentido: hierve el desorden.

Por ello es que demoras en la intuición de la perfección, porque crees que no existe, pero en realidad es un límite que diverge, una tendencia a infinito, allá es donde se encuentra la perfección, si existe, y por ello es que el medio puede ser muy sucio, porque el fin es el inimaginable, nunca acaba, es simplemente infinito.



Esta es mi más pura verdad.
Y me avergüenza el hecho de invertir lo invertible,
de crear con dos mentiras una verdad,
de empujar a los que me empujan solo para que me empujen,
de morder la mano más suave:
aquella que me da de comer.

Y me avergüenza pero no me avergüenza,
porque con la cara bien lavada niego todo,
como el propio carajito,
y acuso de metáfora aquello que tiene toda la pinta de verdad,
y que es verdad,
por eso espero mi sentencia,
con café y galletas, analizándolo todo,
buscando mi más cercano infinito.






Vida






He allí ella, esperándonos, y nosotros esperándola, he allí también la inmortal presente, que no espera nada, he aquí un dilema de acción y reacción, he aquí la vida expuesta sin ninguna conclusión, porque allí está la pausa y la continuación, porque allí estuvo la vida regalándonos compasión.

La que espera y es esperada, es la llamada muerte, y la que está presente, es la llamada esperanza, quizá esperanza de nada, o quizá de todo, pero de algo seguro, es de la primera, la que espera, y la segunda, la que no muere. Y muere, porque todo muere, pero a la vez no muere, porque no se muere, es el ave fénix como si aquí estuviere, volando entre naves y avionetas, susurrándole a la vida que aún quedan para los skaters patinetas, que aun para los adictos como yo, café y galletas, y para los cobardes quedan las caretas. 

Quién más descarada que esta vida, que nos dice con sonrisas crepusculares y lunas medievales que todo estará bien mientras al mes ocurren miles de desastrosas caídas de magnitudes inimaginables, porque la sonrisa se esfuma cuando el temor es palpable, cuando la comida se va de viaje y sucede lo impensable, se pierde el paisaje, se pierde la voz y se atasca el engranaje, y así vamos en un camino lleno de espuelas, esperando a la que espera y reviviendo a la que no muere, un clásico dolor de muela.

Y se pierde, aunque sea lo último que se pierde, también significa que se pierde en el límite por la izquierda del infinito positivo. Y la matemática aparece porque ella es la que explica lo que el humano adolece, no lo vi en una película, como muchos, lo vi en mi casa de estudios, y lo vi en los ojos que aún no veo, los vuestros, los de mi estro.

Quizá este es el momento donde llegan todos los deseos, los que se quieren cada día más y se desean cada vez más, y llegan deseos de seguir deseando lo deseado, y es allí donde todo está perdido y acabado, es allí donde el amor quizá hace su trabajo, enamora a los ya enamorados, y se pierde el mundo en cursilerias y citas románticas, se pierden entre si los enamorados, pero eso no importa porque están juntos y abrazados, están allí, mirándose o no mirándose, pero sintiendo cada vez más uno por el otro y el otro por el uno. Una mirada, dos miradas, quizá todo se resuma a eso, o quizá todo empieza con un beso, y es que la vida empieza sin nada, y termina enamorada, quizá es malo el exceso, pero está claro que no puedes decirle eso, a un par de enamorados bajo las sábanas teniendo sexo, porque los oídos se vuelven sordos en el momento en el que la pasión invade sin temor cada rincón de la piel deseada por la situación, acorralada por una agresiva canción. Se quiere todo, lograr todo, alcanzar todo, se siente la invencibilidad en los ojos de quién miras, se siente lo infinito llegando a su climax, volviendo lo blanco y negro en un jardín de flores coloridas, con muchas gomitas de sabores, porque de repente todo es azúcar, flores y muchos colores.

Ding dong.

Y llegó la especial invitada, la que espera, y aunque increíble, por muchos deseada y por otros detestada, llega vestida de carnada, con ojeras y desvelada, llega al fin, la más esperada. El fin de lo vivido, natural, ya es sabido, el final de lo más aburridamente recorrido, el tímido grito de un largo y extenso aullido, silencioso, pero perdido, en la llanura más inmensa, bajo la luna y con sapiencia, de que no se tiene más fin que el universo mismo, paralelo a ese maldito abismo, donde siempre estamos pendiendo, a punto de caer y de dejarnos vencer, hasta que nos dejamos vencer, pero sin caer. Porque extrañamente no caemos, porque si estás leyendo esto aquí, no has caído, por el contrario, has sobrevivido, y tus ojos han visto lo que has sentido, han observado esa hermosa oscuridad que tienta hasta al más bendecido, porque existe y espera, pero no por eso uno siempre llega. Muchos dicen que es mejor no esperar, para así evitar decepciones, y ¿quién es la que más espera?

No se evita lo inevitable, no se desea lo indeseable, pero somos humanos y pecamos como cobardes, así que esperar de nosotros es un ámbito amargo e interminable, pues somos capaces de todo, de levantarnos y acabar con todo, o de crear lo destruido invocando lo prohibido, jugando y recreando lo que queremos en nuestras mentes, deseando lo lejano e imaginando de manera inconsciente, besar los labios más rotos y fregar los malditos corotos, porque esperamos lo inmortal, aquella que en ocasiones nos hace mal, pero nos deja pensar, nos deja esperar, nos da lo que queremos junto con la imaginación, pero a veces nos llena de aflicción, es la vida misma en acción, eres tú y esta hermosa canción.


Y muere, porque todo muere, pero nace, porque ese es su arte, y es la mejor de su clase, agobiando las tristezas, empezando a vigilarte, y renaces, y vuelves a morir, y luego no naces, pasa un tiempo, y la muerte se deshace, y es allí donde la esperanza nace, y vuelve a vivir en la inmortalidad de una sola frase, donde la muerte no tiene cabida, pero a la vez es bien recibida, una contradicción continua, pero qué más, siempre he dicho que de eso se trata la puta vida.






Píntame






Píntame coloquios y versos
píntame besos gráciles,
cuenta todos los universos
pero obvia los más fáciles.

Cuenta las leyendas y los mitos
cuéntaselas a tus hijos
a tus nietos, a los carajitos
a las espigas y a los trigos.

Observa las gotas de lluvia
velas sin pudor, sin temor
míralas con suma bondad
pues allí se refleja la claridad
y aquellas pinceladas de amor
adornadas con la lujuria.

Deja de obedecer por un segundo
deja de lado la monotonía del mundo
deja que fluya la libertad, la verdad
deja lo indejable, pero no dejes la humildad
abre bien los ojos, y así verás
que dejando de dejar desobedecerás.

Píntame angelitos negros decía aquel poeta
un luchador incansable e inquebrantable
que podía algún día perderse un cometa
pero nunca se perdería un poema de luna
de esos que son gustosamente deleitables
y aunque la siesta siempre es a la una
nunca obviaré a los pajaritos más pintables
aquellos turpiales de color risueño
así como tus ojos, musa admirable
esos que desvían a este pintor en sueños
a lejanas galaxias inimaginables.


Píntame lo impintable, que si he de crear nuevas palabras cada segundo, lo haría hasta la saciedad, y no me importa el mundo ni la sociedad, me importan tus pinceladas y tu creatividad, porque pintas lo que sientes, con aires de divinidad, pintas lo que sabes pintar, en realidad.


En memoria de Andrés Eloy Blanco.






21:03





Corría y corría, era un sueño, era un eterno vaivén, era la lágrima que se pierde en un rojo pañuelo, era saber que de aquel sueño no ibas a volver. Y volviste, porque la realidad no era tan triste, pero sucedía que no diferenciaría lo que yo desconocía, y así me perdía, no lo sabía, pero no te merecía, estaba soñando y me estremecía, pero ya, basta de rima y de poesía.

Desperté.

Porque lo primero no era un sueño, y lo segundo era su sueño, y desperté y estabas allí, a mi lado, respirando con esa tranquilidad agobiada, con tus hermosas pestañas pegadas, con esos labios un tanto hinchados que estaban provocativos para el desayuno, con esa persiana que desnudaba tus piernas con la lumbre del sol, contigo y sin ti, con el hermoso de tus ojos resplandor.

Despertaste.

Y llegó un medio dentro del día, y ya no había poesía, solo estabas tú allí, sumisa, mirándome sin pudor y con una media sonrisa, llena de estupor observabas el cielo nublarse, y es que la lluvia no tardaba en acercarse, por ello decidí abrazar tu cuerpo semi-desnudo y sentir por mi mismo el calor de tu piel, haciendo el debido saludo, como si permiso pidiera el coronel, antes de disparar a mansalva contra aquel nazi boludo.

Llegaba la cena y se leía al revés, se leían las dieciocho y veintitrés, árabes danzando al ritmo del ballet, y la tv encendida al tiempo de un 'llegué'. Abrí mis ojos y soñé, tus besos imaginé pero de inmediato desperté, porque llegaste y me besaste, como tal no lo sé, pero creo que doblemente soñé. De todos los modos encontré tu mano sobre la mía, tus recuerdos aun te dolían, y yo intentaba consolar la vida que se extinguía, eras tú recordando un viejo amor que había encontrado su fin en lo más seguro que tiene la vida, por ello no te contenías, por ello yo te merecía, porque haría lo imposible por lograr en tus ojos algo de belleza y poesía, algo de brillo ingrato de lágrimas, algo de sonata dentro de la inmundicia callejera, un hermoso vestido de bodas, que descubra tus piernas cuando fije mi demora, cuando encuentres en mi el pasado perdido, cuando te des cuenta de que soy un bandido que tu corazón se ha llevado a los alpes suizos a resguardar bajo un acorazado nido, imaginando lo maldito y soñando lo prohibido.

Y desperté de nuevo, porque había soñado después de un hasta luego, y se leían ahora al derecho y al revés, cuando me acariciaste por el cuello y sentí el veneno de un beso, era la historia prohibida y antigua de aquel árbol ciprés, eran tus dedos pasando por mi espalda y caricias en exceso, una mirada que me hacía declinar de lo seguro y 'si a todo' al entrevés, porque llegaba el momento cúspide y el climax del después, el futuro y el ladrido de un sabueso antes el peligro del amor ileso, era la hora quizá, la que no se sabía ni el más grande sabio inglés, porque me encontraba rodeando tu sexo y me encontré perverso, y un tanto descortés, pero repito el verso, era la hora de ese reloj francés, pues si no te has dado cuenta, son las veintiuna cero tres.




Frío Dormir





Es necesario decir que era una mañana muy fría, aunque suene a redundancia, se podía palpar con las pestañas inclusive, aquel susodicho frío, de esos que desnudan cada parte de tu cuerpo aunque estés cubierto de mil máscaras y vestidos, aunque te escondas bajo mil personajes, ese frío penetra y sacude cada poro de la piel, sin rastros de algún calor, aunque se haya quemado alguna vez el corazón. 

Ella caminaba por un parque, sombrío y álgido, con aires de tragedia miraba en derredor, buscando algún par de ojos que le hicieran recordar que la vida existe y que nada ha cambiado desde que perdió un poco de esperanza la última noche, cuando sintió que el mundo se le venía encima, y no hace falta enumerar todo lo que le pasaba, eran una infinidad de estupideces quizá, pero que llevaban al límite cualquier alma humana con al menos un poco de debilidad en el fondo.

—Quizá la vida no quiere que yo continúe, quizá todo lo que quiere es que caiga, una y otra vez —se decía Allie a si misma mientras caminaba por la fría nieve que cubría la grama en aquel invierno.

Era difícil resistir, ella sabía que esa era su lucha, ella sabía que allí debía matar o morir, pero no imaginaba que cada paso sería más frío que el anterior, que cada vez más clavos ardientes aparecerían frente a su camino, y que las arenas movedizas cada vez eran menos eludibles.

—Quizá deba morir de frío aquí —sentenció Allie.
—No lo permitiría —dijo un joven que se acercaba lentamente por detrás—, te abrazaría hasta lograr en ti el calor.

Allie volteó y abrazó inmediatamente a Mark, qué le devolvió el abrazo con mucha fuerza pero mucho afecto a su vez.

—Te extrañé.
—Y yo a ti, Mark, como a nadie.
—Tuve que irme unos meses, pero aquí estoy.
—¿Cómo me encontraste?
—Fui a tu casa y vuestra madre me ha dicho que saliste al parque.
—Pero ella no sabía que yo venía aquí, se supone que estoy en la escuela.
—Pues, a veces las madres leen mejor que nadie los ojos de los hijos, ¿no crees? —preguntó Mark con una tierna sonrisa.
—No lo sé, quizá, no quiero hablar de mis padres, ni de nadie.
—Entonces me voy.
—¡No! No te vayas —exclamó Allie casi gritando mientras su rostro suplicaba por si solo.
—Vale, vale —dijo Mark sonriendo—, me quedo.
—Gracias, no quiero que me dejes sola.
—Nunca fue mi intención dejarte sola, nunca lo haría.
—Lo sé, lo sé.
—¿Por qué estás tan triste? Se os nota en la cara, venga, dime.
—No sé si es tristeza, o si es cansancio, si es lo que todos tienen o si es algo solo mío, no sé en realidad, me siento perdida, sin rumbo; a veces despierto y no sé que hacer con mi vida, es como si fuera un complot del mundo para confundirme y así lograr sacar lo peor de mi a flote, y eso ha pasado, porque muchas personas se han alejado, e inclusive yo he alejado a otras, me siento tan mal que ya me acostumbré a esto, a prácticamente no sentir nada pero saber que por dentro estoy muriendo —dijo antes de abrazar a Mark de nuevo, pero esta vez llorando.
—Tranquila amor, todo estará bien —apenas expresó Mark, sabiendo que cualquier cosa que dijera no aliviaría el dolor que sentía Allie en ese momento.

Caminaron juntos sin mediar palabra por todo el bosque, Mark llevaba su brazo por encima del hombro de Allie, intentando darle calor y también protegerla de esos males que siempre creemos que existen en el aire y que con un abrazo se alejarán, o que bajo una sábana en la cama no hay nada que temer. En ciertos momentos Allie veía a Mark por segundos, y se daba cuenta de que Mark no le quitaba la mirada de encima.

—¿Pero qué tanto me ves? —preguntó Allie un tanto irritada, obviamente todo lo que sentía la hacía reaccionar así ante terceros, sea quien fuere.
—Lo siento, es que tus ojos tristes son aún más hermosos.
—¿Entonces quieres que esté triste?
—No soy tan egoísta, pero mientras te voy sacando sonrisas quisiera no perderme ni un segundo de tus ojos.
—Mark... —dijo Allie con un tono que implicaba una inminente conversación sería.
—Venga, nada, vamos a jugar —salió Mark del paso y de la seriedad.

Mark lanzó unas cuantas bolas de nieve a Allie, lo que hizo que esta se irritara más y cayera en el juego. Allie apenas tenía fuerzas para lanzar, por su físico y por el estado psicológico débil en el que se encontraba, pero aún así Mark simuló un poco de dolor.

—¡Ahhh! —gritó Mark.
—¡Si! Eso te pasa por mirón.
—Eso creo —dijo Mark sonriendo y aun en cuclillas por el supuesto dolor—, pero esto te pasa por amargada —sentenció mientras le lanzaba 'a escondidas' una gran bola de nieve a Allie.
—¡Ahhhhhh! ¡Sucio! ¡No se vale! —gritó Allie mientras corría a abalanzarse sobre Mark.

Corretearon unos segundos y Mark se dejó vencer, cayeron y rodaron sobre la nieve hasta que quedaron quietos por unos segundos uno encima del otro.

—Te quiero mucho —dijo tímidamente Allie mientras abrazaba súbitamente a Mark.
—Yo también te quiero mucho, no imaginas cuanto.
—Gracias por estar aquí conmigo.
—No tienes que agradecerlo. ¿Vamos a casa?
—A cuál casa, no quiero ir a mi casa.
—Debes ir, ya son las 5 de la tarde, debes descansar.
—Pero... vale, está bien.

Mark llevó de la mano a Allie a su casa, y aunque no eran nada más que amigos, tenían una relación tan bonita que no les importaba darle nombre a lo que eran o sentían, era simplemente vivir uno al lado del otro y ya, nada más. Caminaron todo el trayecto hasta que por fin llegaron, ya estaba de noche, y hacía aún más frío.

—Bueno, fue un placer verte de nuevo Allíe, te había extrañado mucho.
—Y yo a ti Mark, en serio, gracias por venir hoy, me sentí mucho mejor.
—Espero verte seguido, ¿quizá mañana podemos ir a comer?
—Si, pero tiene que ser el desayuno, porque tengo clases en la tarde.
—Cierto, lo olvidé. Y que sea la última vez que faltas a clases ¿vale?
—Vale, vale, pero hoy no estaba para ir, lo sabes.
—Si, cierto, por eso no os había dicho nada antes —dijo riendo.
—Ay, pero qué estricto, ni mi papá.
—Bueno bueno, ya dije, ¿nos vemos mañana a las 8 entonces?
—¡¿A las qué?! Yo despierto como a las 10, venga.
—Dios, eres tan floja como la última vez que te vi.
—¡Déjame! —dijo Allie sonriendo y sonrojada
—Nunca, nunca te dejaré, seré tu chicle más largo.
—Ven, abrázame.

Se despidieron en un abrazo y terminó de caer la noche, después de todo no había sido un mal día. Allie entró a su casa y la madre observó que venía sonriendo como una niña islámica con una carga de C4 nueva.

—Ojalá así me sonrieras a mi o a tu papá, Allie —dijo la señora Stephen para intentar demostrarle a su hija que le alegraba que estuviera sonriendo.
—Si hablas mamá, siempre te sonrío —mintió sin saber Allie, pues siempre vivía amargada y en su cuarto encerrada.
—Eso no te lo crees ni tu misma cariño, ¿vas a comer en la mesa?
—No, voy al cuarto.

Llegó lo más oscuro de la noche, aquel momento donde apenas se divisan las nubes en el cielo, si es que las hay, y la luz de la oscuridad hace su acto de presencia, por el simple hecho de que las pupilas ya se han adaptado lo suficiente como para hacer de humanos ratones. Corrían las 23 horas y ya Allie se disponía a dormir, cuando recibió un mensaje de texto que inconscientemente había estado esperando. Esta fue la conversación textual:

—Hola, solo te escribía para desearte una linda noche, te quiero.
—Ah, ¿solo para eso me escribes?
—No, sabes que no, solo que sé que ya estás a punto de dormir.
—Pero yo podría madrugar por ti.
—No, ¿acaso olvidas nuestra cita de mañana a las 6 de la mañana?
—¡¡¿¿Seis de la mañana??!! Jajaja, quedamos que a las diez ¿ok?
—Lo sé, solo quería asustarte, floja.
—Muy gracioso, y pues en realidad estoy muy cansada, y quiero verte de nuevo mañana, entonces, buenas noches, caballero.
—Buenas noches señorita, respóndame el 'te quiero'.
—Qué detallista, por eso te quiero.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.


Cabe señalar que no faltaron si no más bien sobraron las sonrisas tras la pantalla en dicha conversación, de ambos lados. Y cabe recalcar que después de todo no había sido un día tan malo. Así lo decía la sonrisa de Allie justo antes de caer en ese hermoso arte llamado 'dormir'.




—continuará...—






Esencia






Tributo a la vida que inicia con buen pie, un café que marca el comienzo de una tarde lluviosa, de esas que alegran a los ermitaños y molestan a las mariposas, cúmulos de vida que se ensañan en las más lúcidas pestañas de sus ojos, los ojos de aquel que nos mira mientras pensamos en la vida, esa sensación tan admirablemente extinguida, consumida, bebida.
Y en la mira de las más grande de las ideas, en la sonrisa más fea, o quizá la más bonita, en la tuya o en la mía, cualquiera de las dos, del que mira o del que no mira, del que ladilla o del que no ladilla, el fastidio, la flojera, el sillón, allá desde lejos la televisión, el adorno que hace bulla y es preferido, el aire acondicionado encendido, pero ya estamos acostumbrados al frío, a frotarnos las manos porque no hay abrazos, a vivir solos, aquí en Caracas escuchando los balazos, en el campo las luciérnagas y los mosquitos, en una vida llena de sonidos raros, en una noche con olores bonitos que se escuchan bajito, música lenta y algo de emoción al ver ciertos ojos, al observar al cielo en esta noche y no ver las estrellas porque la nube más maldita está atravesada, pero calma, ya pasará, espera, que lo que tiene que ser, será.
Allá termina y empieza, allá en el cielo de la vida y de la tristeza, donde el sonido tropieza, en el trueno del lago, en aquel olor a grama húmeda, llena de recuerdos por doquier, donde vamos a beber aquella agua tan pura como de manantial, llena de dulces naturales sin igual, aquellos filtros olvidados en la vida y la divinidad, en la improvisación de un beso, aquel que se roba lento, con ese aroma en su cabello, aquel perfume en su tierno cuello, ignorando la sociedad, obviando el tiempo, sin mirar aquello.

Y la vida da vueltas y comienza a cambiar, a cambiar de repente y sin girar, porque la vigilancia de la sociedad es realmente ilícita, sin exagerar. Por un tiempo buscando algo que no está, aquel olor a tinta que desaparece pero allí está, y a la vez no está, es una agonía y crónica, de esas muertes anunciadas que nadie se cree, de esos días donde estás ausente, allí donde no está tu presencia, de esos finales inesperados, de esos días sin ninguna esencia.







Olvídalo




Ese preciso y no precioso instante, más bien despreciado, porque indica el implícito fracaso. Siempre hay un fracaso.
Por más que se intente, es difícil mantener una línea, es difícil caminar por esa línea, delgada, frágil, efímera. A veces está y a veces no, a veces llegamos y no la encontramos, y más en esta juventud que nos aqueja, más en este sentido que nos descobija, nos refleja.
Estamos condenados, condenados a fracasar, a lanzarnos por ese vacío inhóspito y cruel, en las profundidades de nuestros miedos estaremos, nadando sin nadar porque nos ahogaremos, en un pozo sin fondo, sin esqueleto, donde la vida queda en ‘veremos’ y mientras tanto y por dentro todos moriremos.
Tragedia de colores blanquecinos y oscuros que abarca nuestros pensamientos, éxitos que brillan por su ausencia desde hace un buen tiempo. Irónicamente, como siempre, cuando mejor creemos que estamos, peor nos encontramos, pisando las arenas movedizas de las cuales tanto temíamos, pisando aquellas minas que no tardan en explotar.
Y explotamos.
Y todo se viene abajo, se acaba la normalidad y la tranquilidad, falsa y cutre, pero que después de todo se mantenía, al menos por fuera. Nadie sospechaba quizá, todos se desprendían de sus responsabilidades y no avizoraban el destino que ciertas almas circundantes aguardaban, eran vías de crónicas, era la crónica de una muerte anunciada, desde hace siglos y milenios.

Y llegan entonces, aquellos rostros tristes por donde las lágrimas dan su paseo habitual, llegan los impulsos y los arrepentimientos, llegan inclusive las preguntas, los sentimientos, llegan pues, todos y todas, pero ya llegó también ese preciso momento; no importa, estoy bien, olvídalo.



Something About Us


Es de humanos decir que no se sabe acerca de algo. 

No tengo ni puta idea de qué es.

Y no me importa ser uno más del montón al no saber, después de todo, todos somos un montón, gigantesco, y todos somos uno más de él aunque prodiguemos y afirmemos lo contrario. Es una duda que no me importa poseer, es la escoria que no me importaría probar u oler, es la letra de aquella canción que no me importa aprender, eres tú y algo más que nunca habré de saber.

No sé siquiera cuál es tu nombre, al menos no estoy seguro, y quizás tampoco sea yo tu hombre, pero de eso tampoco estoy seguro, absolutamente no sé nada, pero inocuamente sé que hay algo, sé que sin embargo eso quizá un nombre lleva, presente de nada, futuro de algo, pero siempre se premia a aquel que aguarda relajado en su espera.

Espera.

Y después de tantos hechos incognoscibles, diviso en la lejanía un oasis de esperanza, nada temible, pues percibo tus ojos y tu cabello, percibo tu olor, tus besos en mi cuello, distingo tus cuerdas vocales, siento saber desde lejos lo que para mí vales, y aunque no estoy seguro de nada, sigo caminando como un alma esperanzada, como un humano que no tiene nada, pero que espera algo, como todos los demás de este colmado montón, atiborrado de personas conmocionadas, pero lindo después de todo, y después del algo, de ese algo entre nosotros, que ante todo es un secreto que no deben saber los otros.


“It might not be the right time
I might not be the right one
But there's something about us, I want to say
'Cause there's something between us anyway

I might not be the right one
It might not be the right time
But there's something about us I've got to do
Some kind of secret I will share with you

I need you more than anything in my life
I want you more than anything in my life
I'll miss you more than anyone in my life
I love you more than anyone in my life”

Something About Us – Daft Punk – Discovery (2001)





De vuelta al luto





Y vuelvo a ti, vuelvo a lo nuestro, vuelvo a escribir con las dos manos al mismo tiempo, como ni siquiera lo hacen los ambidiestros.
Y vuelvo a ti porque es todo lo que sé hacer, vuelvo a la musa menos pasajera de todas, pero la que más veces pasa, efímera y a la vez no, una estrella que alumbra las noches donde la soledad me ataca, donde mis pensamientos me hacen perder, donde la vida se vuelve borrosa y donde las guitarras acústicas hacen sonidos horrorosos, cuando la lluvia mata, ácida tal como el beso de despedida que nunca nos dimos, inútil como las suplicas, como el orgullo después de tanto y después de todo, antes de nada, antes de mucho, una rosa azul que se pierde como estos escritos entre mis pensamientos, como estas letras que se desvían hacía tus ojos, cerrados, imaginando aquella burbuja de la cual siempre te sentías orgullosa, y yo saboreando tus labios con solo el pensamiento, rompiendo burbujas en frente de miles de ojos infantiles, niñatos que no entendían por qué te mordía el cuello y por qué tocaba el final de tu hermosa espalda, después de todo eran canciones color esmeralda, que dibujaban esperanza en los dedos de la irracionalidad, llenos de sentimientos hasta la médula, y con ánimos de nunca acabar, excepto en las noches bajo las sábanas, donde ya no habían ojos, más que aquellos miles de poros en la piel que expresaban sus emociones con esa característica ampliación, antes que nada, era amor; era imaginación.
—-“Hasta los camellos beben agua.”
Luchábamos por todo y por nada, mientras nos golpeábamos con la almohada, eran caricias con nombres, con apodos que no significaban nada, y a la vez todo, porque allí surgió la perfecta imperfección, donde las líneas se sobrepasaban, donde saltábamos a las vías de los trenes y esperábamos ansiosos la llegada de miles de pasajeros, solo para colocarles el pie y que cayeran por su propio peso, éramos fantasmas que creaban fantasías en lugares inhóspitos, en sitios donde solo la seriedad era admitida, donde la vida sería dimitida por falta de formalidad, por ropa indebida.

Círculos y círculos, se nos acabó el combustible cuando empezamos a pensar en el futuro, cuando miramos hacia arriba y nos quedamos en el ‘qué queríamos’, en el pasado cuando se mezcla con el futuro, cuando la brisa soplaba y tocaba las puertas, esa amarga alteración, distracción y sofocación que sufríamos, porque no todo era blanco y negro. Y las teclas del piano no sonaban igual, y los dedos ya no apuntaban al cielo, y las burbujas de la pecera ya no subían, porque el frío ya no invadía la piel, porque las explicaciones ya no tenían pies, y las aves se estrellaban en los vidrios como siempre, algo común que se entrometía en la aparente inestabilidad de los besos en el cuello, en las caricias en tu cintura, se morían los camellos, se desteñía la pintura.
—-“El dolor es solo un simple compromiso.”
Es tan efímera esa vuelta, es muy rápida, pero no por ello poco placentera, es bastante agradable, pero lamentablemente no es más que una quimera, lo cual no me parece desagradable, si mal no recuerdo fui yo mismo quien osó desactivar las alarmas que mantenían lejos a los intrusos y no permitían que nadie entrara a aquella entelequia fascinante. Sin rencores está la maleta esperando, la lluvia cae y el tren aguarda, la gente apura y camina rápido, el cielo se empequeñece cuando esos ojos lloran, mi corazón se ablanda
Todo tiene y debe tener un desenlace, toda historia tiene un epílogo, aunque aparentemente no lo tenga, todo se filtra y se consuma en unas pocas palabras, todo tiene un porqué y una explicación, pero somos humanos, no somos omniscientes de esto que lleva por nombre vida, por ello es incognoscible por qué se cocinaron las hojas de aquel invierno, o por qué ya es liquido lo que alguna vez fue un gran témpano, y por ello estamos en un frío desierto bajo la misma luna, mirando la Osa Mayor, trazando líneas para encontrar el norte, ignorando a Antares y a Betelgeuse, conversando con el viento helado que con nuestras mejillas coquetea, conversando con la brújula para que no nos mienta, tomándonos las manos para no perdernos al menos entre nosotros aunque ya no quede nada. Mirando hacia atrás, hacia adelante, y hacia los lados, porque no sabemos si allí hay un futuro, pero si lo hay, lo queremos ahora.
Viste de negro, porque estamos de vuelta, y no existimos.

“Sigue siendo una continua tortura quererte. Ya no existes, y te quiero. Te has ido, y te olvido, te olvido, te quie… olvido; y si, te quiero; -y no existes-.”