Es necesario decir que era una mañana muy fría, aunque suene a redundancia, se podía palpar con las pestañas inclusive, aquel susodicho frío, de esos que desnudan cada parte de tu cuerpo aunque estés cubierto de mil máscaras y vestidos, aunque te escondas bajo mil personajes, ese frío penetra y sacude cada poro de la piel, sin rastros de algún calor, aunque se haya quemado alguna vez el corazón.
Ella caminaba por un parque, sombrío y álgido, con aires de tragedia miraba en derredor, buscando algún par de ojos que le hicieran recordar que la vida existe y que nada ha cambiado desde que perdió un poco de esperanza la última noche, cuando sintió que el mundo se le venía encima, y no hace falta enumerar todo lo que le pasaba, eran una infinidad de estupideces quizá, pero que llevaban al límite cualquier alma humana con al menos un poco de debilidad en el fondo.
—Quizá la vida no quiere que yo continúe, quizá todo lo que quiere es que caiga, una y otra vez —se decía Allie a si misma mientras caminaba por la fría nieve que cubría la grama en aquel invierno.
Era difícil resistir, ella sabía que esa era su lucha, ella sabía que allí debía matar o morir, pero no imaginaba que cada paso sería más frío que el anterior, que cada vez más clavos ardientes aparecerían frente a su camino, y que las arenas movedizas cada vez eran menos eludibles.
—Quizá deba morir de frío aquí —sentenció Allie.
—No lo permitiría —dijo un joven que se acercaba lentamente por detrás—, te abrazaría hasta lograr en ti el calor.
Allie volteó y abrazó inmediatamente a Mark, qué le devolvió el abrazo con mucha fuerza pero mucho afecto a su vez.
—Te extrañé.
—Y yo a ti, Mark, como a nadie.
—Tuve que irme unos meses, pero aquí estoy.
—¿Cómo me encontraste?
—Fui a tu casa y vuestra madre me ha dicho que saliste al parque.
—Pero ella no sabía que yo venía aquí, se supone que estoy en la escuela.
—Pues, a veces las madres leen mejor que nadie los ojos de los hijos, ¿no crees? —preguntó Mark con una tierna sonrisa.
—No lo sé, quizá, no quiero hablar de mis padres, ni de nadie.
—Entonces me voy.
—¡No! No te vayas —exclamó Allie casi gritando mientras su rostro suplicaba por si solo.
—Vale, vale —dijo Mark sonriendo—, me quedo.
—Gracias, no quiero que me dejes sola.
—Nunca fue mi intención dejarte sola, nunca lo haría.
—Lo sé, lo sé.
—¿Por qué estás tan triste? Se os nota en la cara, venga, dime.
—No sé si es tristeza, o si es cansancio, si es lo que todos tienen o si es algo solo mío, no sé en realidad, me siento perdida, sin rumbo; a veces despierto y no sé que hacer con mi vida, es como si fuera un complot del mundo para confundirme y así lograr sacar lo peor de mi a flote, y eso ha pasado, porque muchas personas se han alejado, e inclusive yo he alejado a otras, me siento tan mal que ya me acostumbré a esto, a prácticamente no sentir nada pero saber que por dentro estoy muriendo —dijo antes de abrazar a Mark de nuevo, pero esta vez llorando.
—Tranquila amor, todo estará bien —apenas expresó Mark, sabiendo que cualquier cosa que dijera no aliviaría el dolor que sentía Allie en ese momento.
Caminaron juntos sin mediar palabra por todo el bosque, Mark llevaba su brazo por encima del hombro de Allie, intentando darle calor y también protegerla de esos males que siempre creemos que existen en el aire y que con un abrazo se alejarán, o que bajo una sábana en la cama no hay nada que temer. En ciertos momentos Allie veía a Mark por segundos, y se daba cuenta de que Mark no le quitaba la mirada de encima.
—¿Pero qué tanto me ves? —preguntó Allie un tanto irritada, obviamente todo lo que sentía la hacía reaccionar así ante terceros, sea quien fuere.
—Lo siento, es que tus ojos tristes son aún más hermosos.
—¿Entonces quieres que esté triste?
—No soy tan egoísta, pero mientras te voy sacando sonrisas quisiera no perderme ni un segundo de tus ojos.
—Mark... —dijo Allie con un tono que implicaba una inminente conversación sería.
—Venga, nada, vamos a jugar —salió Mark del paso y de la seriedad.
Mark lanzó unas cuantas bolas de nieve a Allie, lo que hizo que esta se irritara más y cayera en el juego. Allie apenas tenía fuerzas para lanzar, por su físico y por el estado psicológico débil en el que se encontraba, pero aún así Mark simuló un poco de dolor.
—¡Ahhh! —gritó Mark.
—¡Si! Eso te pasa por mirón.
—Eso creo —dijo Mark sonriendo y aun en cuclillas por el supuesto dolor—, pero esto te pasa por amargada —sentenció mientras le lanzaba 'a escondidas' una gran bola de nieve a Allie.
—¡Ahhhhhh! ¡Sucio! ¡No se vale! —gritó Allie mientras corría a abalanzarse sobre Mark.
Corretearon unos segundos y Mark se dejó vencer, cayeron y rodaron sobre la nieve hasta que quedaron quietos por unos segundos uno encima del otro.
—Te quiero mucho —dijo tímidamente Allie mientras abrazaba súbitamente a Mark.
—Yo también te quiero mucho, no imaginas cuanto.
—Gracias por estar aquí conmigo.
—No tienes que agradecerlo. ¿Vamos a casa?
—A cuál casa, no quiero ir a mi casa.
—Debes ir, ya son las 5 de la tarde, debes descansar.
—Pero... vale, está bien.
Mark llevó de la mano a Allie a su casa, y aunque no eran nada más que amigos, tenían una relación tan bonita que no les importaba darle nombre a lo que eran o sentían, era simplemente vivir uno al lado del otro y ya, nada más. Caminaron todo el trayecto hasta que por fin llegaron, ya estaba de noche, y hacía aún más frío.
—Bueno, fue un placer verte de nuevo Allíe, te había extrañado mucho.
—Y yo a ti Mark, en serio, gracias por venir hoy, me sentí mucho mejor.
—Espero verte seguido, ¿quizá mañana podemos ir a comer?
—Si, pero tiene que ser el desayuno, porque tengo clases en la tarde.
—Cierto, lo olvidé. Y que sea la última vez que faltas a clases ¿vale?
—Vale, vale, pero hoy no estaba para ir, lo sabes.
—Si, cierto, por eso no os había dicho nada antes —dijo riendo.
—Ay, pero qué estricto, ni mi papá.
—Bueno bueno, ya dije, ¿nos vemos mañana a las 8 entonces?
—¡¿A las qué?! Yo despierto como a las 10, venga.
—Dios, eres tan floja como la última vez que te vi.
—¡Déjame! —dijo Allie sonriendo y sonrojada
—Nunca, nunca te dejaré, seré tu chicle más largo.
—Ven, abrázame.
Se despidieron en un abrazo y terminó de caer la noche, después de todo no había sido un mal día. Allie entró a su casa y la madre observó que venía sonriendo como una niña islámica con una carga de C4 nueva.
—Ojalá así me sonrieras a mi o a tu papá, Allie —dijo la señora Stephen para intentar demostrarle a su hija que le alegraba que estuviera sonriendo.
—Si hablas mamá, siempre te sonrío —mintió sin saber Allie, pues siempre vivía amargada y en su cuarto encerrada.
—Eso no te lo crees ni tu misma cariño, ¿vas a comer en la mesa?
—No, voy al cuarto.
Llegó lo más oscuro de la noche, aquel momento donde apenas se divisan las nubes en el cielo, si es que las hay, y la luz de la oscuridad hace su acto de presencia, por el simple hecho de que las pupilas ya se han adaptado lo suficiente como para hacer de humanos ratones. Corrían las 23 horas y ya Allie se disponía a dormir, cuando recibió un mensaje de texto que inconscientemente había estado esperando. Esta fue la conversación textual:
—Hola, solo te escribía para desearte una linda noche, te quiero.
—Ah, ¿solo para eso me escribes?
—No, sabes que no, solo que sé que ya estás a punto de dormir.
—Pero yo podría madrugar por ti.
—No, ¿acaso olvidas nuestra cita de mañana a las 6 de la mañana?
—¡¡¿¿Seis de la mañana??!! Jajaja, quedamos que a las diez ¿ok?
—Lo sé, solo quería asustarte, floja.
—Muy gracioso, y pues en realidad estoy muy cansada, y quiero verte de nuevo mañana, entonces, buenas noches, caballero.
—Buenas noches señorita, respóndame el 'te quiero'.
—Qué detallista, por eso te quiero.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Cabe señalar que no faltaron si no más bien sobraron las sonrisas tras la pantalla en dicha conversación, de ambos lados. Y cabe recalcar que después de todo no había sido un día tan malo. Así lo decía la sonrisa de Allie justo antes de caer en ese hermoso arte llamado 'dormir'.
—continuará...—