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Vida






He allí ella, esperándonos, y nosotros esperándola, he allí también la inmortal presente, que no espera nada, he aquí un dilema de acción y reacción, he aquí la vida expuesta sin ninguna conclusión, porque allí está la pausa y la continuación, porque allí estuvo la vida regalándonos compasión.

La que espera y es esperada, es la llamada muerte, y la que está presente, es la llamada esperanza, quizá esperanza de nada, o quizá de todo, pero de algo seguro, es de la primera, la que espera, y la segunda, la que no muere. Y muere, porque todo muere, pero a la vez no muere, porque no se muere, es el ave fénix como si aquí estuviere, volando entre naves y avionetas, susurrándole a la vida que aún quedan para los skaters patinetas, que aun para los adictos como yo, café y galletas, y para los cobardes quedan las caretas. 

Quién más descarada que esta vida, que nos dice con sonrisas crepusculares y lunas medievales que todo estará bien mientras al mes ocurren miles de desastrosas caídas de magnitudes inimaginables, porque la sonrisa se esfuma cuando el temor es palpable, cuando la comida se va de viaje y sucede lo impensable, se pierde el paisaje, se pierde la voz y se atasca el engranaje, y así vamos en un camino lleno de espuelas, esperando a la que espera y reviviendo a la que no muere, un clásico dolor de muela.

Y se pierde, aunque sea lo último que se pierde, también significa que se pierde en el límite por la izquierda del infinito positivo. Y la matemática aparece porque ella es la que explica lo que el humano adolece, no lo vi en una película, como muchos, lo vi en mi casa de estudios, y lo vi en los ojos que aún no veo, los vuestros, los de mi estro.

Quizá este es el momento donde llegan todos los deseos, los que se quieren cada día más y se desean cada vez más, y llegan deseos de seguir deseando lo deseado, y es allí donde todo está perdido y acabado, es allí donde el amor quizá hace su trabajo, enamora a los ya enamorados, y se pierde el mundo en cursilerias y citas románticas, se pierden entre si los enamorados, pero eso no importa porque están juntos y abrazados, están allí, mirándose o no mirándose, pero sintiendo cada vez más uno por el otro y el otro por el uno. Una mirada, dos miradas, quizá todo se resuma a eso, o quizá todo empieza con un beso, y es que la vida empieza sin nada, y termina enamorada, quizá es malo el exceso, pero está claro que no puedes decirle eso, a un par de enamorados bajo las sábanas teniendo sexo, porque los oídos se vuelven sordos en el momento en el que la pasión invade sin temor cada rincón de la piel deseada por la situación, acorralada por una agresiva canción. Se quiere todo, lograr todo, alcanzar todo, se siente la invencibilidad en los ojos de quién miras, se siente lo infinito llegando a su climax, volviendo lo blanco y negro en un jardín de flores coloridas, con muchas gomitas de sabores, porque de repente todo es azúcar, flores y muchos colores.

Ding dong.

Y llegó la especial invitada, la que espera, y aunque increíble, por muchos deseada y por otros detestada, llega vestida de carnada, con ojeras y desvelada, llega al fin, la más esperada. El fin de lo vivido, natural, ya es sabido, el final de lo más aburridamente recorrido, el tímido grito de un largo y extenso aullido, silencioso, pero perdido, en la llanura más inmensa, bajo la luna y con sapiencia, de que no se tiene más fin que el universo mismo, paralelo a ese maldito abismo, donde siempre estamos pendiendo, a punto de caer y de dejarnos vencer, hasta que nos dejamos vencer, pero sin caer. Porque extrañamente no caemos, porque si estás leyendo esto aquí, no has caído, por el contrario, has sobrevivido, y tus ojos han visto lo que has sentido, han observado esa hermosa oscuridad que tienta hasta al más bendecido, porque existe y espera, pero no por eso uno siempre llega. Muchos dicen que es mejor no esperar, para así evitar decepciones, y ¿quién es la que más espera?

No se evita lo inevitable, no se desea lo indeseable, pero somos humanos y pecamos como cobardes, así que esperar de nosotros es un ámbito amargo e interminable, pues somos capaces de todo, de levantarnos y acabar con todo, o de crear lo destruido invocando lo prohibido, jugando y recreando lo que queremos en nuestras mentes, deseando lo lejano e imaginando de manera inconsciente, besar los labios más rotos y fregar los malditos corotos, porque esperamos lo inmortal, aquella que en ocasiones nos hace mal, pero nos deja pensar, nos deja esperar, nos da lo que queremos junto con la imaginación, pero a veces nos llena de aflicción, es la vida misma en acción, eres tú y esta hermosa canción.


Y muere, porque todo muere, pero nace, porque ese es su arte, y es la mejor de su clase, agobiando las tristezas, empezando a vigilarte, y renaces, y vuelves a morir, y luego no naces, pasa un tiempo, y la muerte se deshace, y es allí donde la esperanza nace, y vuelve a vivir en la inmortalidad de una sola frase, donde la muerte no tiene cabida, pero a la vez es bien recibida, una contradicción continua, pero qué más, siempre he dicho que de eso se trata la puta vida.