Tributo a la vida que inicia con buen pie, un café que marca el comienzo de una tarde lluviosa, de esas que alegran a los ermitaños y molestan a las mariposas, cúmulos de vida que se ensañan en las más lúcidas pestañas de sus ojos, los ojos de aquel que nos mira mientras pensamos en la vida, esa sensación tan admirablemente extinguida, consumida, bebida.
Y en la mira
de las más grande de las ideas, en la sonrisa más fea, o quizá la más bonita,
en la tuya o en la mía, cualquiera de las dos, del que mira o del que no mira,
del que ladilla o del que no ladilla, el fastidio, la flojera, el sillón, allá
desde lejos la televisión, el adorno que hace bulla y es preferido, el aire
acondicionado encendido, pero ya estamos acostumbrados al frío, a frotarnos las
manos porque no hay abrazos, a vivir solos, aquí en Caracas escuchando los
balazos, en el campo las luciérnagas y los mosquitos, en una vida llena de
sonidos raros, en una noche con olores bonitos que se escuchan bajito, música
lenta y algo de emoción al ver ciertos ojos, al observar al cielo en esta noche
y no ver las estrellas porque la nube más maldita está atravesada, pero calma,
ya pasará, espera, que lo que tiene que ser, será.
Allá termina
y empieza, allá en el cielo de la vida y de la tristeza, donde el sonido
tropieza, en el trueno del lago, en aquel olor a grama húmeda, llena de
recuerdos por doquier, donde vamos a beber aquella agua tan pura como de
manantial, llena de dulces naturales sin igual, aquellos filtros olvidados en
la vida y la divinidad, en la improvisación de un beso, aquel que se roba
lento, con ese aroma en su cabello, aquel perfume en su tierno cuello, ignorando
la sociedad, obviando el tiempo, sin mirar aquello.
Y la vida da
vueltas y comienza a cambiar, a cambiar de repente y sin girar, porque la
vigilancia de la sociedad es realmente ilícita, sin exagerar. Por un tiempo buscando algo que
no está, aquel olor a tinta que desaparece pero allí está, y a la vez no está,
es una agonía y crónica, de esas muertes anunciadas que nadie se cree, de esos
días donde estás ausente, allí donde no está tu presencia, de esos finales inesperados, de
esos días sin ninguna esencia.