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Infinito





Empieza; busca entre los más comunes montones, encontrarás solo mezclas y almas solitarias, desesperadas, canciones, pero nunca lo que esperabas. Y es que es muy difícil abrir los ojos en el momento adecuado, porque el miedo a veces impide que la vida de tantas vueltas como debería, a veces el orgullo es la piedra más pesada del rocoso camino, y no nos permite pagar al pobre con besos en la mejilla, con cariño. 

Indexa; calcula y analiza las variables, sopesa y mide, para escoger entre lo bajo: lo más alto; algo que se llama máximo local en términos de graficación de funciones matemáticas. Porque los números estadísticos dan ideas, y las apariencias engañan, por ello la pulcritud y seguridad a la hora de determinar lo que es veraz y lo que no, ha de ser esencial para lograr el objetivo. Pero al fin y al cabo, se encuentra algo muy hermoso, algo que vive y brilla, algo que enamora a los ciegos, una maravilla.

Desarrolla; determina las virtudes y errores, los excesos y defectos, para juzgar como un semidiós que no eres, para hacer ver que tienes el poder de encontrar en los demás lo que tu quieras encontrar, pero no lo que deseas en realidad. Porque en ocasiones la creencia de que la perfección está en el espejo, ciega y enmudece la verdad. Y todo empieza a ir para atrás, como aquel estúpido cangrejo.

Arregla; frena, apaga, enciende, embraga, acelera, cambia, intenta encaminar aquello que sobresalía pero que cuando ve la luz del sol sigue siendo un mórbido desdén por parte del caído ante la segunda guerra mundial, una economía fallida en tiempos del cólera, cuando las ánimas de las quebradas empezaban a sangrar por los ojos al observar las piedras fangosas introducirse en las cristalinas aguas del río Obi, por ello es que la vida se aturde, por aquello es que se aburre el ser, porque cuesta ser acorde, porque falta el querer.

Concluye; nada más que eso, ríndete a los pies de Artemisa, pues tiene la flecha de su arco en tu frente, y ya no hay más nada que hacer, encuentra otro desdén que te ayude a progresar, porque el actual ya encontró en su muerte el fin de una tortura más grande que la vida misma. Pero has de ser cuidadoso con la despedida, recuerda que el honor debe permanecer intacto, y el recuerdo ha de ser agradable, nunca querrás que el mundo se enteré de la gran basura que puedes llegar a ser.

Y este soy yo.

Me siento apenado y compadezco a aquel que se sienta identificado, pues no vales tanto como crees, y mereces menos de lo que quieres, porque lo que no encuentras es lo que tu no eres, idiota, hijo de Ceres. El fin justifica los medios cuando el objetivo es tan puro como impuro el intermedio, así que descarta todo fin que no tenga un buen método, ya que perderás todas las fichas en el más grande casino de Las Vegas.

No espero que nadie entienda jamás las letras de un arrogante que quiere ser servido en vez de ser servidor, una aparente luz que no brilla, y que destruye al vacío pero no llena lo insólito, juzga y decrece en su realidad, pero no sujeta ni ayuda a subir, o quizá lo intenta pero se rinde rápido cuando empieza el juego de fútbol. Una letra ingenua que se escribe corrida y sin espacios cuando la pereza hace su acto de aparición ante la vida de un obsesivo compulsivo de la limpieza y el orden, una ironía linda, pues sin otro sentido: hierve el desorden.

Por ello es que demoras en la intuición de la perfección, porque crees que no existe, pero en realidad es un límite que diverge, una tendencia a infinito, allá es donde se encuentra la perfección, si existe, y por ello es que el medio puede ser muy sucio, porque el fin es el inimaginable, nunca acaba, es simplemente infinito.



Esta es mi más pura verdad.
Y me avergüenza el hecho de invertir lo invertible,
de crear con dos mentiras una verdad,
de empujar a los que me empujan solo para que me empujen,
de morder la mano más suave:
aquella que me da de comer.

Y me avergüenza pero no me avergüenza,
porque con la cara bien lavada niego todo,
como el propio carajito,
y acuso de metáfora aquello que tiene toda la pinta de verdad,
y que es verdad,
por eso espero mi sentencia,
con café y galletas, analizándolo todo,
buscando mi más cercano infinito.