Lo sé, y no digas nada por favor, solo mírame y escúchame, solo siénteme, aunque sean unos minutos más de tortura, aunque sea lo último que me dejes hacer antes de dejar de sangrar por esta herida.
Y allí está todo, recordado, ya guardado, engavetado, hoy todo lo dejas a un lado.
Gracias por ser y por no ser, por estar, y por no estar, por todo y por nada, por aquella hermosa noche estrellada, por aquel sueño tan precioso, por aquella guitarra que sonaba en tus pensamientos, por todos los besos sangrientos, por las mordidas, por los brackets, por hacer que mi vida cambiara de repente, por dejarme amarte. Aquella noche, aquel día, tan hermosa lucías, tan radiante, feliz, sonreías por mi, alegre, sin problemas, sin ningún tipo de despedidas latentes, sin medidas de precaución por posibles pérdidas, sin necesidad de asegurar el amor, no importaba, era a prueba de balas.
Aprendiste, aprendí, aprendimos, nos juntamos, embebidos en un romance sin límites, sin consciencia ni razón, sin torturas ni pudor, dejándonos llevar por eso que los humanos llaman amor. Era la escena preciosa de aquel lindo atardecer ante el lago, ante la montaña, sin que nadie dijera nada, estábamos y no estábamos, eramos uno siendo dos, eran nuestras manos entrelazadas, juntas para toda la vida, el reloj marcaba eso, quién necesitaba al tiempo y sus para siempres cuando nos teníamos el uno al otro, cuando estaba tu sonrisa viendo mis ojos despistados, cuando mis brazos llevaban tu ligero peso hasta el cielo y te traía de regreso. Descubrí en ti cosas únicas y nunca antes notadas, me dí cuenta de la maravilla que existe en tu alma, la bondad y la ternura, la emoción, la sinceridad, la fidelidad, la lealtad, y se me escapa un suspiro al recordar tus ojos enamorados, al recordar todo, verte pronunciar mi nombre, verte jugar con tu cabello.
Pensábamos el uno en el otro, nada nos temía, nada nos tumbaría, nada pasaría, nada.
Y no voy a explicar qué pasó, no porque no quiera, sino porque no sé.
Ya no hay que esperar, visto desde el final no estuvimos tan mal, entiendo y a la vez no entiendo. Duele en mis brazos, en mis piernas, en mis ojos, en el pecho, ese que ansiaba tu cabeza, esos latidos que nunca escuchaste quizá, esa poesía que nunca surgió de allí. Sigo aquí, sin olvidar y sin dejar de sentir, porque es pronto para todo y a la vez ya no hay tiempo para nada. No puedo ocultarlo, no puedo ser quién soy, has sacado aquella parte de mi que sufre, que siente, que no vale nada cuando se cree todo, fuiste, eres, y serás.
De todas maneras rosas, quizá me faltó valorar, o quizá me faltaron todas las cosas, empezando por saber amar. En tus mejillas sé que apareceré, y en mis recuerdos estarás, mil veces por ti resistí, mil veces por ti sentí, pero ya no estaré, solo porque tu no estarás, esa es la pura verdad. Quizá deje un poco las groserías porque al fin y al cabo en algún momento sentí y admití que te falté el respeto, quizá deje a un lado las amarguras porque recordaré tu llanto, quizá deje a un lado mi propio yo, no porque quiera, si no porque te lo has llevado, y no sé que hacer mientras tanto. Y el mundo que nos creamos sigue allí, pero ya no tiene habitantes, está allí, preguntándonos por qué lo hemos abandonado, mirando nuestros oscuros semblantes, aun no maltratado, pues apenas lo hemos dejado. Allí tus besos serían mi musa preferida, y si me preguntan ahora solo quiero de tu sangre un sorbo, también quería darte una despedida que recordaras para toda la vida, pero ni siquiera habrá un último polvo.
Hace rato eran las 21:03, pasó un rato, y no sé qué pasó, pero ya son las 23.
P.D.: Todo terminó, no hay vuelta atrás.