Beso.
Era un rico beso.
Tomaste mi barbilla, la giraste hacia a ti, y he allí, el beso.
Rico, en exceso.
Y caminábamos, y era todo mi ser en ti, sin nada y a la vez con todo.
Por ti.
Sin ti.
Pero recordaba el beso.
Pero hubo un pasado, si, otro beso.
El primero.
Raro y entretenido, 'dámelo', 'dámelo tú a mí', y he allí:
El (primer y no único) beso.
Frondoso, como un lindo árbol de cerezo.
Y llegaron las miradas después de eso, algunas tímidas, otras provocativas.
Sin ningún tipo de prerrogativas.
Tus ojos clamaban una rica despedida.
Y he allí, la despedida.
¿Y cómo iba a ser?
Exacto, ¡qué lista!
Con besos.
Pero hubieron elásticas y bicicletas.
Lo siento, amo el fútbol, no se me ocurrió otro símil.
Iba a la mejilla, cuando saltó una pirueta.
Y se estrelló encima de mi barbilla.
Fue robado, pero al fin: beso. Luego sonrisas... luego otro beso.
Y fin.
Nos dimos unos ricos besos.