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Son puras estúpidas





Era de estas noches en las que yo me había prometido no escribir más historias, y en cuanto empecé a escribir una, Cliff llamó a mi puerta. El pensaba que no sabía que su esposa le había botado de la casa, pero yo lo había visto todo. Llegó diciéndome que estaba cansado de ella y que quería mudarse. Que iba a pensarlo esta noche. Que quería beber. Pin, pan. 

Bajé la tapa y me levanté. Cogí un abrigo y salimos en el Pontiac. Ya no se producían más, era de locura esto de GM. Al rato pasamos la ribera del Neverí. Eran las 9 pero Cliff quería hacerme creer que eran las 7. El bar estaba lleno de putas y Cliff parecía maravillado. Me recordaban a Sharon y a Barbara en aquel magnífico cuento de Raymond Carver. Inductivamente, eso también me recordaba a Lecuna. Vaya que necesitaba un trago para dejar de pensar.

Yo llevaba dos meses queriendo dejar de pensar, pero no había recurrido al alcohol ni a las putas. Digamos que me planteé dudar de mi propia existencia para matar a Dios según Feuerbach y luego seguir en las ondas de Descartes. Al final me encontré dándole las razones a Sartre y Hegel de un solo plumazo. Estaba siendo patético. Por eso siempre Cliff me buscaba. Nos ayudábamos mutuamente sin saberlo. 

Él sabía que no debía interrumpirme cuando escribía, pero tambien sabía que solo escribía estupideces que inspiraban las estúpidas, como él las llamaba. Bah, son puras estúpidas. Varias veces me mintió sobre ellas para que las dejara. Hasta un día fingió haberse acostado con una. Al fin y al cabo terminó siendo cierto. No que él se acostara con aquella, sino que aquella era capaz de acostarse con otro. Si eran estúpidas, eran infinitas.

Por todo esto, estábamos allí. Me gustaban mucho esas etiquetas que les colgaban entre las tetas. Se acercó Holly y me besó tan apasionadamente que el tiesto de la mesa quedó hecho trizas. Era hasta bonito. Me atrapó en sus brazos y me llevó entre traspies al alféizar más cercano. Sentí que me caería hasta que sentí el vidrio. No tardó en empañarse. Para ser sincero Holly era muy blanca, y me recordaba a aquella puta. Preferí ir a pedir otro trago y usar eso como excusa. Al rato se acercó Sam y me ofreció cosas que no sabía que se podían ofrecer. Lo intenté, pero me recordaba a la más desleal de todas. Su piel trigueña era extenuante a la vista. Quería irme de allí después de eso. Al belvedere de San José, quizá. Pero allí solía tener polvos muy ricos, así que quedarme allí fue lo que hice. Después de un rato, la etiquetica de Misha me rozó los labios y para mi maldición, su piel morena era detestable. Me recordaba los tiempos de magia negra. Bah, son puras estúpidas me pareció escuchar de la voz de Cliff.

Me dieron ganas de fugarme. 

Decidí tomar tanto como pudiera para morirme rápido esa noche, pero al rato estaba en la cama con la partitiva Holly, y su estúpido coño rosadito.








A Carver.
"what we talk about when we talk about love[?]"