Desde la cama se veían los reflejos de los relámpagos. No había truenos más que lejanos, pero esos eran más escalofriantes para Marjorie. Estaba acostada a mi lado sin percatarse de nada. Serían las dos, como mucho. Su bata estaba abierta y me encantaba verla dormir. De noche aquí nunca hacía calor. O al menos eso decía Vincent. Yo recuerdo noches en las que morí de calor. Realmente no sé si estaba follando o si estaba drogado y por eso el éxtasis caluroso. Ahora que lo recuerdo, Vincent solía vivir casi desnudo, y pues a quién le va a dar calor así. Pasé desde el pasillo al baño y no noté la televisión de Dean encendida hasta que entré al baño. No podía entender como sucedía eso. En el baño se escuchaba la TV y en el pasillo no, que estaba más cerca. Nunca me consideré muy inteligente, ni siquiera pude ingresar al pequeño instituto este que queda en La Cruzada, en el que se supone que entra Raquel y todo aquel. De todas maneras, así no lo entendiera, pasaba. Y pasaba que eran gemidos bestiales. Lo primero que me pregunté fue qué tipo de escena sería esa. Luego me di cuenta que ya tenía responsabilidades y medité entrar al cuarto y lanzar tres improperios al aire. Digamos que me dio flojera apenas salí del baño. Tenía mucho sueño y qué más daba, todos pasamos por eso. Salió a Marjorie, me dije. Fui a la ventana y ya llovía. Me quedé un rato pensando en los ríos que sonaban y en la montaña del fondo que parecía moverse cada día dependiendo de la luna, el sol, las luces de las ciudades, y esas cosas. Parecía un signo de una escenografía. Esa frase la escuché de Vincent, debo admitir. Siempre andaba con un librito de "Semiología" que tenía un nombre que nunca podría pronunciar. Nunca me gustó el francés. Ni el inglés, ni el alemán. Ningún idioma más que el mío. Lo mío era otra cosa. Al frente, en un edificio, encendieron unas luces y presté atención. Era una chica en su habitación. Según yo, era la morena que siempre le robaba panes al señor bigotudo de la tienda. Dean decía que se le había insinuado al señor solo porque amaba sus panes. Nunca terminé de creerme que esas cosas pasaran. Pero siempre me decía que yo también lo haría. No por panes, obvio. Aunque ahora que lo pienso, quizá no era por panes... De repente se quitó el suéter y los pantaloncillos que llevaba. Supuse que iba a dormir. Su brasier y sus bragas estaban perfectamente combinadas. Vincent adoraba eso en las chicas, y yo nunca comprendí por qué. Al rato también se las quitó y se tumbó en la cama. Eso lo supuse, porque no se veía ni el colchón, pero se lanzó hacia atrás de espalda, y no creo que tuviera una piscina allí. Los truenos se escuchaban cada vez más cerca, y la lluvia arreciaba. La chica se asomó en la ventana y al ver los relámpagos, la cerró. Había tardado mucho. Igualmente, era transparente, y me vió apenas cerró. Me sonrió y saludó con mucha gracia. Era hipnótica. Eran. Apagó sus luces y ya no vi más. Me dio sueño y al acostarme al lado de Marge, escuché un sonido extraño afuera. Pensé que sería la morena de nuevo, así que no dudé en levantarme. La lluvia era demencial y en el edificio del frente una mujer amenazaba a su marido con tirarse. Lo sé porque fue muy explícita. "Si no te quedas conmigo, me tiraré" repetía y repetía. Por un momento me imaginé en esa situación y entré en pánico. Varías luces del edificio se encendieron, pero no tantas. En eso me dio hambre y fui rápidamente a la cocina buscando algún emparedado prefabricado. Las gotas sonaban en los ventanales de la cocina muy rítmicamente. Volví al oscuro cuarto y seguí presenciando el espectáculo. La tipa seguía en la ventana y el marido la sujetaba y hablaba con ella. Supuse que alguno de los chismosos había llamado a la policía o a los bomberos. Espero no haber supuesto mal. La morena de las tetas estaba asomada también, pero ya tapada. A veces me veía y nos veíamos. También me pasaba con los otros mirones. Era un poco incómodo. Sentía culpa pero a la vez ellos hacían lo mismo y se me pasaba. Al menos eso pensaba. Pasaron diez minutos y seguía el drama, pero ya menos intenso. Incluso se volvía aburrido. Varios apartamentos apagaron sus luces y volvieron a dormir. Yo miraba el cielo un poco. Ya la mujer no estaba en la ventana a punto de lanzarse, sino que se había metido; pero seguía el pleito. Se escuchaba. La lluvia opacaba un poco el sonido, pero aún así era fuerte. La tormenta parecía venir de las montañas del sur, allá solo había lagunas y matorrales que nadie nunca visitaba, pero que eran muy calurosos. Desde La Cruzada siempre venían las lluvias porque era muy caluroso. Mientras que en Paralelo y en Disto nunca hacía tanto calor. Dean siempre me decía que eran microclímas o algo así. A veces discutía con Marjorie sobre eso, eran muy inteligentes ambos. Una vez mencionaron a "Alisio" y yo pensé que era un señor. Luego quedamos en que era el señor de los vientos, para yo no quedar tan mal. De repente, se escuchó un grito y Marge se despertó. Sentí que se movió y me acerqué a la cama. Me preguntó qué pasaba y un trueno terrorífico sorteó la barrera del sonido al tiempo que Marge entraba en estado de pánico. Maldije y fui a cerrar las cortinas. Habían más gritos afuera y mientras pedía calma a mi esposa, la ventana emitió un rugido horrible que hasta a mí me asustó. La brisa soplaba demasiado fuerte y las hendijas servían de flautas de terror. Marge se sumergió en la cama y se arropó como una niña. Mientras cerraba las ventanas, tronó de nuevo y la mujer de la ventana volvía a amenazar. La suicida manipuladora, parte dos. Exclamé "¡mierda!" y se escucharon varios gritos en los aledaños. La gente estaba asombrada porque todos pensaban que lo haría de verdad. Habían más apartamentos activos esta vez. La morena también estaba atenta. Me di cuenta que la curiosidad de Marjorie pudo más que su fobia y se acercó a la ventana abrazándome por detrás para ver qué pasaba. La mujer seguía gritando. Lo maldecía. Le decía que no la podía dejar. Le decía que sus hijos lo iban a odiar por siempre por matar a su madre. Le decía que iba a perder lo mejor de su vida. Mencionó putas y que ellas supuestamente nunca lo cogerian como ella a él. Mencionó alcohol y cigarros. Equipos de fútbol, de béisbol. Cosas que no comprendía y cosas a las que la gente reaccionaba. Cosas a las que Marge reaccionaba con sorpresa pero que yo no captaba. Era la lista de cosas que el tipo perdería si ella se tiraba. Tronó horrible y todos nos espantamos en la zona. La lluvia era más tímida ahora pero parecía venir peor pronto. Marge me abrazaba fuerte pero no quería dejar de ver. A los pocos segundos volvió a tronar aterradoramente y, desafortunadamente, la tipa del ventanal, se asustó lo suficiente. Pareció de comiquita. De caricatura. Mi boca estuvo abierta sin emitir sonido, pero la gente gritaba. Marge ya estaba llorando. Dean entró al cuarto corriendo preguntándome si había visto. Al final creo que nadie supo si se resbaló o no.