Hoy, que cavilaba sobre
Kantianismos idealistas,
y hoy que,
visitaba cada puerta de cada lugar creado por
mi voluntad, o pulsión;
me encontré con la triste realidad
de que aún existes.
Fue desagradable.
Lo peor es que me parecía
escuchar
la risa de Schopenhauer al fondo.
Tragicómico.