Catorce de septiembre del dos mil doce;
14/09/2012.
He sumergido en el anonimato mi perfecto anhelo
por ella,
cual estrella luna es ella;
supeditado a su brillo inaugural,
deseos órdenes
necesidades preeminencias.
Alter ego,
suyo.
Fui su mayor deseo,
su mayor necesidad.
Ergo: -obviedad-.
Vos, fría chica,
mis primeras melodías.
Vuestra dicha es la de ser,
mi musa prima;
id est:
mi eterna musa.
¿Recuerda vuestro deseo?
Ser inmortal.
Recuerdo mi orden.
Primus oestrus.
Veinte de septiembre del dos mil doce;
20/09/2012.
21:41
Dos desconocidos perfectamente desconocidos,
charlar como misteriosos misterios,
imperfectos no-anónimos.
Vos,
vosotros.
Vuestro primer amor,
aquella luna en mi nombre:
"mond", sagt er.
El vale ante supongo,
y el cómo estuvo su día bajo sus lluvias;
puntos dos, y tres;
holaes, penurias.
Días anormales,
eran deseos.
Nuestro derecho al delirio.
Con perfectiva dilección,
escrituraríais aquella cual fue
nuestra afable afección;
dígaseme entonces cómo disponer
de tales reminiscencias,
si las hojas tontuelas
del vademécum de aquella cual fue
nuestra afable afección
se volviesen hojuelas
al sonreir sin la más nimia discreción.
¡Venga!
No se vaya...
Maldición.
Vos con afán no anfractuoso,
vedaríais la deífica misticidad inmaterial
que solía mi ser supino;
y esa candidez en vuestra mirada
siempre me demostraba
la etérea sonrisa
de vuestro brillo corpóreo;
id est:
conmutación;
exempli gratia:
vos.
¿Pues qué más vendría a esperar
vuestra agraciada sugestión
de mí?
¿Acaso no os demostré ya hace mucho
lo solemne que fue siempre mi eminencia
al declamar?
Dígaseme entonces como capitular ante
la simplicidad de mi verbo en
tiempo pretérito a vos.
Oblígeseme entonces a silenciar mis labios
con sellos impertérritos e impúdicos
dignos de suplicar.
Solícita vos que obsequiosa compluguiere el apetito del autor.
So pena de ser caracterizado indecoroso,
me ennoblece claudicar ante el arte que me permite
definir cada uno de aquellos rebordes y repliegues
carnosos y cutáneos
que comisurados me seducen
y expeditos me enardecen:
libaríais vos ellos si yo fueraís, preámbulo;
cuales yo grácilmente rayere si pudiere, víspera;
que si de mí hubiesen dos, paladeásemos; prolegómeno;
y aquel que sorbiere hasta extenuar vuestra gradación retórica ascendente.
Clímax.
Y ya entre sábanas y con túes:
es en tus letras
de aquellos tiempos
que siempre encontraré
lo que quisiere mi ser
encontrar en otro.
Fuiste mi polvo yocástico
en aquella simbiosis incompleta,
pero agradecida mi libido quedó
porque le enseñaste amor.
¡Gracias!
imperfectos no-anónimos.
Vos,
vosotros.
Vuestro primer amor,
aquella luna en mi nombre:
"mond", sagt er.
El vale ante supongo,
y el cómo estuvo su día bajo sus lluvias;
puntos dos, y tres;
holaes, penurias.
Días anormales,
eran deseos.
Nuestro derecho al delirio.
Con perfectiva dilección,
escrituraríais aquella cual fue
nuestra afable afección;
dígaseme entonces cómo disponer
de tales reminiscencias,
si las hojas tontuelas
del vademécum de aquella cual fue
nuestra afable afección
se volviesen hojuelas
al sonreir sin la más nimia discreción.
¡Venga!
No se vaya...
Maldición.
Vos con afán no anfractuoso,
vedaríais la deífica misticidad inmaterial
que solía mi ser supino;
y esa candidez en vuestra mirada
siempre me demostraba
la etérea sonrisa
de vuestro brillo corpóreo;
id est:
conmutación;
exempli gratia:
vos.
¿Pues qué más vendría a esperar
vuestra agraciada sugestión
de mí?
¿Acaso no os demostré ya hace mucho
lo solemne que fue siempre mi eminencia
al declamar?
Dígaseme entonces como capitular ante
la simplicidad de mi verbo en
tiempo pretérito a vos.
Oblígeseme entonces a silenciar mis labios
con sellos impertérritos e impúdicos
dignos de suplicar.
Solícita vos que obsequiosa compluguiere el apetito del autor.
So pena de ser caracterizado indecoroso,
me ennoblece claudicar ante el arte que me permite
definir cada uno de aquellos rebordes y repliegues
carnosos y cutáneos
que comisurados me seducen
y expeditos me enardecen:
libaríais vos ellos si yo fueraís, preámbulo;
cuales yo grácilmente rayere si pudiere, víspera;
que si de mí hubiesen dos, paladeásemos; prolegómeno;
y aquel que sorbiere hasta extenuar vuestra gradación retórica ascendente.
Clímax.
Y ya entre sábanas y con túes:
es en tus letras
de aquellos tiempos
que siempre encontraré
lo que quisiere mi ser
encontrar en otro.
Fuiste mi polvo yocástico
en aquella simbiosis incompleta,
pero agradecida mi libido quedó
porque le enseñaste amor.
¡Gracias!