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VITRIOL








le pregunté
al papá del cuento
tal como Josep Ventura
(para ver si era verdad)
que, si Dios no existe, ¿entonces quién hizo el mundo?
y...:

"Tonto –dijo el obrero,
cabizbajo,
casi en secreto–,
tonto.
Al mundo
lo hicimos nosotros,

los albañiles",

por ello, confirmé esa verdad,
pero,
para romper la historia,
y no repetirla,
como dice el tonto de
Borges,
quise cortejarlo,
y le dije:
"por eso la vida
es tan bella,
señor"
y me respondió:
la vida es bella
un coño de madre,
imbécil






"visita interiora
terrae
rectificando invenies
occultum lapidem"










Noumenología femenina






en mi vida conocí
mujer igual a esa flaca
sus particularidades hacían
de ella
la mujer en sí
la cosa en sí kantiana
es la expresión dialéctica femenina
movida en términos prácticos
logrando también contraponerse a la 
filosofía de la praxis
es decir,
nos destruye
nos aniquila
vigila y huye,
muerte destila;
raro por-
que,
ella es mucha sonrisa
mucha alegría
a la vez que 
mucho odio
mucha lejanía,
¿lo ves?
rompe el on kai me on
de Aristóteles,
crea síntesis
tras tesis y antítesis;
¿qué queda entonces?
si Protágoras
dijo
que
el hombre es
la medida
de todas las cosas
¿dónde está ella?
¡responde, maldito!
es esencia,
quizá, diría.

ella es
y no es
ella te mira con amor
pero no te ama
tampoco te odia
pero te ama, te quiere
te idolatra;
ella te abraza pero te repele,
es imán que doblemente atrae
y duele;
te invita cafés
y se toma sus besos,
pues te besa
pero luego no te mira,
es ciencia y fantasía,
positivismo y atracción
contrarios por definición;
de qué va
aquella hora
en la que invita a coger
con palabras,
pero luego huye a su montaña,
para después mirar
y con su cuerpo provocar,
sin ser
sin estar,
estando, luego cerrando;
de qué va tanta
salsa agridulce,
de qué va tanto deseo
y supresión,
hace falta un desinhibidor;
¡já!
que sí
que lo intenté
que lo logré
que sus besos
y sus labios
fueron,
pero al amanecer otro gallo cantó
canciones de dolor
de amor
de olvido
y nada de pasión;
era un futuro distendido
sin pormenores ni referencias,
fue la muerte de la posteridad,
la muerte de la responsabilidad,
fue el día en que me di cuenta,
de que en mi vida conocí mujer tan mujer
hembra tan hembra,
pero que nunca fue,
ni nunca será
tan mujer
ni tan hembra;
porque ella no acepta conjugación
temporal,
trasciende tiempo,
tanto como trasciende espacio;
es su tatuaje una pista
del mundo que habita,
sin saber yo,
ni tú,
mortal,
qué clase de diosa es;
porque no lo es;
humana, es.
No es fenómeno.
¿Se entiende?





a Hi












Páginas Amarillas






cuando criticas
aquellos actos que
sin duda alguna
has realizado
tu moral es Dios

no existe






Baudelaire




Aprendí francés no
para tus labios leer,
si no
para leer a Baudelaire.

sin causa ni efecto






esta tensión
tan sexual
es cada vez más incómoda
porque la ocultas
y la traspones
intentas cambiar los papeles
intentas que yo sea el hombre
y tú la mujer
intentas hacer creer que yo soy el que te lo quiere meter
cuando sabes bien
que tú
intentas birlar
las gracias de mis ojos 
y colocarlas en los tuyos
para que mis perspectivas sean las tuyas
y mis receptáculos los tuyos

este manejo de las fronteras
que tú
precisamente no conoces
incomoda
y me hace sentir confundido
cuando no lo estoy
tanto que pierdo el control
y demuestro sensibilidad ante tus contactos
tanto que siento que debo abofetearte
para que te des cuenta de que
no lo estás haciendo bien
que estás jugando con fuego
sin aclarar que es intencional

mi amor, las cosas no son así
aunque quieras que todo sea natural
siempre debe haber una palabra de por medio
un te quiero coger en la esquina
y un beso en cada despedida

dígaseme entonces
que no habrá compromiso en los lindes
de este desiderátum
tan tuyo como
mío
y tendrás entonces
el súmmum del sexo
entre tus crestas ilíacas
y los estertores del vacío en derredor
para aclarar nubes oscuras entre lunas claras
y sin mañanas
o mañanas,
sin amores
más que los amores sin responsabilidad
de causa
ni de efecto











Mathilda





Tierra.



Quise responderte desde el primer instante, lo juro, pero si lo hacía, dejaría de ser despedida. Siento que pasó otro instante, pero hoy, ya treinta y tres años después, sé que no ha sido un instante; no uno normal. No sé cómo empezar. De cierta manera me molesta que seas tan importante para mí. No puedo explicarme por qué ocupas tanto espacio en mi, nunca he logrado entender estas necesidades siempre tan implícitas, que suelo notar cuando estoy en mis oscuridades, en mis momentos de silencio, melancolía y soledad. Tu primera frase fue la que más me dolió. Una vez más, todo lo que haces me duele. ¿Solíamos amarnos y luego nos quisimos? O, ¿luego me quisiste? ¿Por qué los amantes se cansan de amar? Dímelo tú, tu deberías responderme, porque yo, porque por esta parte, siempre te amé, y te amaré. Futuro indicativo. Y ese estaba presente en ti, pero me indicabas que eventualmente me dejarías de querer. No basta con. Digamos que ni te amo ni te amaré, y como te quiero te dejaré de querer. Como me dolió. No tienes idea. Pero, para eso crearon las despedidas, ¿no? Como dice Sabina, ningún amor verdadero tiene final, y si lo tiene, no es feliz. No soy feliz. ¿Sabes? Sé que no convienes en mi vida, porque sabiendo lo miserable que soy, me regalas más miseria. Sabiendo que necesito el suero fisiológico que tienes en tu carrito de sueros fisiológicos, te marchas cuando te pido que me quites la vía y me dejes de administrar el suero fisiológico que tienes en tu carrito de sueros fisiológicos. Intento comprender cómo puedes hacer caso a un enfermo. Intento comprender cómo es posible la sumisión de un psiquiatra ante un blanco bulto en paredes blancas. Intento. Lo intentaré, lo estudiaré. Quizá piensas que sé lo que hago. Pero nunca sé lo que hago. ¿Por qué piensas cosas que no son, Mathilda? A veces siento que no sabes mi nombre siquiera. ¿Sabes mi nombre acaso? No necesito suponer que no lo quieres saber, porque tú misma me dijiste que querías olvidarlo, y olvidarme. Hay que tener mala memoria; o ausencia de corazón. Hay cosas que no se olvidan, como los verdaderos amores, como los mejores amores, como las hondas huellas; allí rompes el principio de no contradicción de Aristóteles. No lo sé, Mathilda, no me preguntes esas cosas. Yo solo intento analizar esta herida, quiero, tal perito, saber cómo entró el puñal, a qué velocidad y en cuál momento. Dónde. De igual manera servirá de poco, ¿no? Dentro de poco, lo poco que queda, se irá poco a poco. Perdón por lo paronímico. Como la canción. Perdóname, entiéndeme. Perdóname por lo que ha pasado, y por lo que va a pasar, porque quizá te piense sin querer. Nunca fui yo el que se marchó, Mathilda. No. No. Está bien. También dijiste que por tu propia decisión mi amor no fue tuyo. Eso fue lo primero que quise preguntar, porque no lo entendí. Luego entendí, pero no estaba de acuerdo. Y luego me puse de acuerdo. Tiene que ver con esto, con que no fui yo, tiene que ver con que siempre fuiste tú la que tuvo complejos y lejanías. No se trataba de que yo quisiera y tú no quisiste, no como lo ves tú. Se trataba de que todavía yo no queriendo, podía acceder a ser junto contigo, y a estar junto a ti. Es lo mismo, pero no igual. Vamos, Mathilda, yo sé que tú conoces mis libertades, sé que sabes lo lateral que mi ser suele ser al ser. Aquello, sí, en aquel momento me dolió muchísimo porque, nada peor que un rechazo a una propuesta que no era seria. Es devastador, y más cuando todo el mundo se está alejando de ti. Por eso me dolió, por eso lo marqué, y por eso, eso, marcó nuestro futuro; más allá de eso era más de lo mismo. ¿Entiendes? No necesitábamos nominales para ser y estar. Éramos y ya. Irónicamente, después de ello, dejamos de ser y estar. Tus complejos de fidelidad y mis complejos de libertinaje, chocaron, y nos destruyeron. Siempre me dolió porque a diferencia de ti, yo aunque estuve en prisión, nunca dejé de llamarte. Tú, cuando estuviste en prisión también, te querías olvidar de mí, solo por no molestar al guardia. Siempre me dolió. Aún así, las llamadas a veces caían en mi teléfono. Pero, lo que más dolió, fue no haberte contestado un par, por dolor, y que luego, dejaras de llamar. Que te fueras con tu carrito de suero fisiológico cuando te pedí que te fueras con tu carrito de suero fisiológico. Hoy ya no tengo hemoglobina, ni leucocitos, ni linfocitos. MI enfermera se ha ido, y me ha dejado sin fantasía. Se ha roto el contrato, se ha roto el pacto. Los amantes se dejan, y luchan para no encontrarse, como la otra canción. Porque eso fuimos siempre. Amantes. Amantes denotativos, y amantes connotativos. Quisiera ser más sincero y explicarte por qué pedí que te fueras, pero no me alcanza la sinceridad. Solo a Cronos ruego cosas, y quizá a Eros y Afrodita otras. ¿Por qué? Quizá sea simple y llanamente porque siento que a ti, yo te tengo en un Olimpo inigualable, allí con la de claras pupilas, Palas Atenea, y danzando con ninfas y nereidas; mientras que yo solo soy tu guardian del Aqueronte. Ni siquiera tu Hades, Perséfone. Porque 'te quiero demasiado' y no te amo, porque 'quiero olvidarte' y no nunca te olvidaré, porque 'quiero dejar de necesitarte' y no te necesito. Porque tus palabras marcan, duelen. Porque, al fin y al cabo, matas mi amor, que aunque inmortal, puede morir en vida, y, Mathilda, nada peor que morir en vida. Créeme. Eso es casi todo. Espero estés viva, y espero te acuerdes del remitente.

Sin más, quedo de ti.

x









los hijos de los dias






un amigo
me dijo que se iba a comprar
por buenos aires y montevideo


en vez de decirle adiós
le dije
te quedan grandes
los hijos de los días





sistema





no dejé a mi novia porque quiera vivir
o le tema a la muerte
la dejé porque
mientras viva
no quiero perder el don de la bonita palabra
acompañada de una linda
sonrisa

es un sistema, el mío
sin eso, no soy más que basura





octubre rojo






la noche de anoche
fue como el octubre rojo
de la revolución bolchevique
-kinda conmemoración-,
tuve en mi boca más sangre
que toda la sangre
que he tenido en ella
durante toda mi vida,
hace poco hemoglobina trece
ya ha de ser doce
que se van
hasta los que me siguen
y a los que sigo
que se da el octubre
de la locura y la ensoñación
que pierdo el equilibrio
y mareo
que pierdo la cordura y aguardo el estertor
¡que me va que se voy!
quizá de tanto a-clamar la muerte
el demiurgo me está sonriendo






hierba mala





nunca muere





Dato






SI quieres esa navaja suiza,
porque se deja acabar en la cara,
búscala en el fondo del Támesis.









Ideal, tragicómico






Hoy, que cavilaba sobre
Kantianismos idealistas,
y hoy que,
visitaba cada puerta de cada lugar creado por
mi voluntad, o pulsión;
me encontré con la triste realidad
de que aún existes.

Fue desagradable.

Lo peor es que me parecía
escuchar
la risa de Schopenhauer al fondo.





Tragicómico.





Corrosión









He llegado a la conclusión de que
la música es
una pérdida de tiempo.

Creo que la esencia fáustica me corroe.









Por si muero esta noche




"Por eso te escribo esta carta..."

Me preparé un té para ver si aguanto un poco más,
preguntaste si estaba vivo;
y no.

O quizá sí, pero no para ti.
Lo irónico es que quizá pronto para nadie más.

Mis bienestares son relativos.

A veces puedo estar bien muerto.

Lamento que creas lo contrario.
Se me escapó de las manos.
Pero no volverá a pasar.
Los cabos están para atarse.



Reflejo (o determinismo)






Desde la cama se veían los reflejos de los relámpagos. No había truenos más que lejanos, pero esos eran más escalofriantes para Marjorie. Estaba acostada a mi lado sin percatarse de nada. Serían las dos, como mucho. Su bata estaba abierta y me encantaba verla dormir. De noche aquí nunca hacía calor. O al menos eso decía Vincent. Yo recuerdo noches en las que morí de calor. Realmente no sé si estaba follando o si estaba drogado y por eso el éxtasis caluroso. Ahora que lo recuerdo, Vincent solía vivir casi desnudo, y pues a quién le va a dar calor así. Pasé desde el pasillo al baño y no noté la televisión de Dean encendida hasta que entré al baño. No podía entender como sucedía eso. En el baño se escuchaba la TV y en el pasillo no, que estaba más cerca. Nunca me consideré muy inteligente, ni siquiera pude ingresar al pequeño instituto este que queda en La Cruzada, en el que se supone que entra Raquel y todo aquel. De todas maneras, así no lo entendiera, pasaba. Y pasaba que eran gemidos bestiales. Lo primero que me pregunté fue qué tipo de escena sería esa. Luego me di cuenta que ya tenía responsabilidades y medité entrar al cuarto y lanzar tres improperios al aire. Digamos que me dio flojera apenas salí del baño. Tenía mucho sueño y qué más daba, todos pasamos por eso. Salió a Marjorie, me dije. Fui a la ventana y ya llovía. Me quedé un rato pensando en los ríos que sonaban y en la montaña del fondo que parecía moverse cada día dependiendo de la luna, el sol, las luces de las ciudades, y esas cosas. Parecía un signo de una escenografía. Esa frase la escuché de Vincent, debo admitir. Siempre andaba con un librito de "Semiología" que tenía un nombre que nunca podría pronunciar. Nunca me gustó el francés. Ni el inglés, ni el alemán. Ningún idioma más que el mío. Lo mío era otra cosa. Al frente, en un edificio, encendieron unas luces y presté atención. Era una chica en su habitación. Según yo, era la morena que siempre le robaba panes al señor bigotudo de la tienda. Dean decía que se le había insinuado al señor solo porque amaba sus panes. Nunca terminé de creerme que esas cosas pasaran. Pero siempre me decía que yo también lo haría. No por panes, obvio. Aunque ahora que lo pienso, quizá no era por panes... De repente se quitó el suéter y los pantaloncillos que llevaba. Supuse que iba a dormir. Su brasier y sus bragas estaban perfectamente combinadas. Vincent adoraba eso en las chicas, y yo nunca comprendí por qué. Al rato también se las quitó y se tumbó en la cama. Eso lo supuse, porque no se veía ni el colchón, pero se lanzó hacia atrás de espalda, y no creo que tuviera una piscina allí. Los truenos se escuchaban cada vez más cerca, y la lluvia arreciaba. La chica se asomó en la ventana y al ver los relámpagos, la cerró. Había tardado mucho. Igualmente, era transparente, y me vió apenas cerró. Me sonrió y saludó con mucha gracia. Era hipnótica. Eran. Apagó sus luces y ya no vi más. Me dio sueño y al acostarme al lado de Marge, escuché un sonido extraño afuera. Pensé que sería la morena de nuevo, así que no dudé en levantarme. La lluvia era demencial y en el edificio del frente una mujer amenazaba a su marido con tirarse. Lo sé porque fue muy explícita. "Si no te quedas conmigo, me tiraré" repetía y repetía. Por un momento me imaginé en esa situación y entré en pánico. Varías luces del edificio se encendieron, pero no tantas. En eso me dio hambre y fui rápidamente a la cocina buscando algún emparedado prefabricado. Las gotas sonaban en los ventanales de la cocina muy rítmicamente. Volví al oscuro cuarto y seguí presenciando el espectáculo. La tipa seguía en la ventana y el marido la sujetaba y hablaba con ella. Supuse que alguno de los chismosos había llamado a la policía o a los bomberos. Espero no haber supuesto mal. La morena de las tetas estaba asomada también, pero ya tapada. A veces me veía y nos veíamos. También me pasaba con los otros mirones. Era un poco incómodo. Sentía culpa pero a la vez ellos hacían lo mismo y se me pasaba. Al menos eso pensaba. Pasaron diez minutos y seguía el drama, pero ya menos intenso. Incluso se volvía aburrido. Varios apartamentos apagaron sus luces y volvieron a dormir. Yo miraba el cielo un poco. Ya la mujer no estaba en la ventana a punto de lanzarse, sino que se había metido; pero seguía el pleito. Se escuchaba. La lluvia opacaba un poco el sonido, pero aún así era fuerte. La tormenta parecía venir de las montañas del sur, allá solo había lagunas y matorrales que nadie nunca visitaba, pero que eran muy calurosos. Desde La Cruzada siempre venían las lluvias porque era muy caluroso. Mientras que en Paralelo y en Disto nunca hacía tanto calor. Dean siempre me decía que eran microclímas o algo así. A veces discutía con Marjorie sobre eso, eran muy inteligentes ambos. Una vez mencionaron a "Alisio" y yo pensé que era un señor. Luego quedamos en que era el señor de los vientos, para yo no quedar tan mal. De repente, se escuchó un grito y Marge se despertó. Sentí que se movió y me acerqué a la cama. Me preguntó qué pasaba y un trueno terrorífico sorteó la barrera del sonido al tiempo que Marge entraba en estado de pánico. Maldije y fui a cerrar las cortinas. Habían más gritos afuera y mientras pedía calma a mi esposa, la ventana emitió un rugido horrible que hasta a mí me asustó. La brisa soplaba demasiado fuerte y las hendijas servían de flautas de terror. Marge se sumergió en la cama y se arropó como una niña. Mientras cerraba las ventanas, tronó de nuevo y la mujer de la ventana volvía a amenazar. La suicida manipuladora, parte dos. Exclamé "¡mierda!" y se escucharon varios gritos en los aledaños. La gente estaba asombrada porque todos pensaban que lo haría de verdad. Habían más apartamentos activos esta vez. La morena también estaba atenta. Me di cuenta que la curiosidad de Marjorie pudo más que su fobia y se acercó a la ventana abrazándome por detrás para ver qué pasaba. La mujer seguía gritando. Lo maldecía. Le decía que no la podía dejar. Le decía que sus hijos lo iban a odiar por siempre por matar a su madre. Le decía que iba a perder lo mejor de su vida. Mencionó putas y que ellas supuestamente nunca lo cogerian como ella a él. Mencionó alcohol y cigarros. Equipos de fútbol, de béisbol. Cosas que no comprendía y cosas a las que la gente reaccionaba. Cosas a las que Marge reaccionaba con sorpresa pero que yo no captaba. Era la lista de cosas que el tipo perdería si ella se tiraba. Tronó horrible y todos nos espantamos en la zona. La lluvia era más tímida ahora pero parecía venir peor pronto. Marge me abrazaba fuerte pero no quería dejar de ver. A los pocos segundos volvió a tronar aterradoramente y, desafortunadamente, la tipa del ventanal, se asustó lo suficiente. Pareció de comiquita. De caricatura. Mi boca estuvo abierta sin emitir sonido, pero la gente gritaba. Marge ya estaba llorando. Dean entró al cuarto corriendo preguntándome si había visto. Al final creo que nadie supo si se resbaló o no.






Santa Clara












me dicen que hace cincuenta años te fuiste
y digo que sí
que de Santa Clara partiste

luego me aclaran que no
que eso fue hace cincuenta y dos

digo que sí
que tienen razón

luego me recalcan que hace cincuenta años te fuiste
y digo que no
que fue hace cincuenta y dos

pregunto qué pasa, varón

me dice che, no, que se nos fue él
que en vallegrande cerca de potosí
nos mataron al che







qué difícil es escribir para ti
qué difícil es recordar lo que nunca recordaré
pero que siento aquí
en el pecho herido de una revolución tardía

porque él extraña tus médicas manos
que unos fulanos de la cía
desvitalizaron y viciaron

la juventud possincera
conoce tus muecas y rostros
pero desconoce tus osadías y rebeldías
conoce tus cabellos enredados
pero desconoce tus nacionalidades
conoce tus habanos y tus puros
pero desconoce tus ideas y habilidades

pero la juventud reaccionaria y progresista
intensamente revolucionaria
tiene en excelsa estima
aquel amor digno de memorias
y aquellas mochilas que desde
las tierras del fuego
hasta la sierra del veintiseis
esparcieron sus semillas
sus raices

me dicen, che,
que hace cincuenta años te nos fuiste
y les digo que no,
carajo,
que solo se fue una parte
porque




aquí
se qued[ó] la clara
la entrañable
transparencia

de tu
querida presencia
comandante 
che guevara








13:10, 9 de octubre de 1967
se nos fue la yema
pero nos quedó la clara

hasta siempre
comandante







Son puras estúpidas





Era de estas noches en las que yo me había prometido no escribir más historias, y en cuanto empecé a escribir una, Cliff llamó a mi puerta. El pensaba que no sabía que su esposa le había botado de la casa, pero yo lo había visto todo. Llegó diciéndome que estaba cansado de ella y que quería mudarse. Que iba a pensarlo esta noche. Que quería beber. Pin, pan. 

Bajé la tapa y me levanté. Cogí un abrigo y salimos en el Pontiac. Ya no se producían más, era de locura esto de GM. Al rato pasamos la ribera del Neverí. Eran las 9 pero Cliff quería hacerme creer que eran las 7. El bar estaba lleno de putas y Cliff parecía maravillado. Me recordaban a Sharon y a Barbara en aquel magnífico cuento de Raymond Carver. Inductivamente, eso también me recordaba a Lecuna. Vaya que necesitaba un trago para dejar de pensar.

Yo llevaba dos meses queriendo dejar de pensar, pero no había recurrido al alcohol ni a las putas. Digamos que me planteé dudar de mi propia existencia para matar a Dios según Feuerbach y luego seguir en las ondas de Descartes. Al final me encontré dándole las razones a Sartre y Hegel de un solo plumazo. Estaba siendo patético. Por eso siempre Cliff me buscaba. Nos ayudábamos mutuamente sin saberlo. 

Él sabía que no debía interrumpirme cuando escribía, pero tambien sabía que solo escribía estupideces que inspiraban las estúpidas, como él las llamaba. Bah, son puras estúpidas. Varias veces me mintió sobre ellas para que las dejara. Hasta un día fingió haberse acostado con una. Al fin y al cabo terminó siendo cierto. No que él se acostara con aquella, sino que aquella era capaz de acostarse con otro. Si eran estúpidas, eran infinitas.

Por todo esto, estábamos allí. Me gustaban mucho esas etiquetas que les colgaban entre las tetas. Se acercó Holly y me besó tan apasionadamente que el tiesto de la mesa quedó hecho trizas. Era hasta bonito. Me atrapó en sus brazos y me llevó entre traspies al alféizar más cercano. Sentí que me caería hasta que sentí el vidrio. No tardó en empañarse. Para ser sincero Holly era muy blanca, y me recordaba a aquella puta. Preferí ir a pedir otro trago y usar eso como excusa. Al rato se acercó Sam y me ofreció cosas que no sabía que se podían ofrecer. Lo intenté, pero me recordaba a la más desleal de todas. Su piel trigueña era extenuante a la vista. Quería irme de allí después de eso. Al belvedere de San José, quizá. Pero allí solía tener polvos muy ricos, así que quedarme allí fue lo que hice. Después de un rato, la etiquetica de Misha me rozó los labios y para mi maldición, su piel morena era detestable. Me recordaba los tiempos de magia negra. Bah, son puras estúpidas me pareció escuchar de la voz de Cliff.

Me dieron ganas de fugarme. 

Decidí tomar tanto como pudiera para morirme rápido esa noche, pero al rato estaba en la cama con la partitiva Holly, y su estúpido coño rosadito.








A Carver.
"what we talk about when we talk about love[?]"


permiso








-fy
-fm








14







Catorce de septiembre del dos mil doce;
14/09/2012.

He sumergido en el anonimato mi perfecto anhelo
por ella,
cual estrella luna es ella;
supeditado a su brillo inaugural,
deseos órdenes
necesidades preeminencias.

Alter ego,
suyo.

Fui su mayor deseo,
su mayor necesidad.

Ergo: -obviedad-.

Vos, fría chica,
mis primeras melodías.

Vuestra dicha es la de ser,
mi musa prima;
id est:
mi eterna musa.

¿Recuerda vuestro deseo?
Ser inmortal.
Recuerdo mi orden.

Primus oestrus.







Veinte de septiembre del dos mil doce;
20/09/2012.

21:41

Dos desconocidos perfectamente desconocidos,
charlar como misteriosos misterios,
imperfectos no-anónimos.

Vos,
vosotros.

Vuestro primer amor,
aquella luna en mi nombre:
"mond", sagt er.

El vale ante supongo,
y el cómo estuvo su día bajo sus lluvias;
puntos dos, y tres;
holaes, penurias.

Días anormales,
eran deseos.

Nuestro derecho al delirio.









Con perfectiva dilección,
escrituraríais aquella cual fue
nuestra afable afección;
dígaseme entonces cómo disponer
de tales reminiscencias,
si las hojas tontuelas
del vademécum de aquella cual fue
nuestra afable afección
se volviesen hojuelas
al sonreir sin la más nimia discreción.

¡Venga!
No se vaya...
Maldición.

Vos con afán no anfractuoso,
vedaríais la deífica misticidad inmaterial
que solía mi ser supino;
y esa candidez en vuestra mirada
siempre me demostraba
la etérea sonrisa
de vuestro brillo corpóreo;
id est:
conmutación;
exempli gratia:
vos.








¿Pues qué más vendría a esperar
vuestra agraciada sugestión
de mí?

¿Acaso no os demostré ya hace mucho
lo solemne que fue siempre mi eminencia
al declamar?

Dígaseme entonces como capitular ante
la simplicidad de mi verbo en
tiempo pretérito a vos.

Oblígeseme entonces a silenciar mis labios
con sellos impertérritos e impúdicos
dignos de suplicar.






Solícita vos que obsequiosa compluguiere el apetito del autor.






So pena de ser caracterizado indecoroso,
me ennoblece claudicar ante el arte que me permite
definir cada uno de aquellos rebordes y repliegues
carnosos y cutáneos
que comisurados me seducen
y expeditos me enardecen:

libaríais vos ellos si yo fueraís, preámbulo;
cuales yo grácilmente rayere si pudiere, víspera;
que si de mí hubiesen dos, paladeásemos; prolegómeno;
y aquel que sorbiere hasta extenuar vuestra gradación retórica ascendente.

Clímax.








Y ya entre sábanas y con túes:

es en tus letras
de aquellos tiempos
que siempre encontraré
lo que quisiere mi ser
encontrar en otro.

Fuiste mi polvo yocástico
en aquella simbiosis incompleta,
pero agradecida mi libido quedó
porque le enseñaste amor.





¡Gracias!









guerra





esta guerra
de miles de años
entre hombres y mujeres
¿es de nunca acabar?

quizá por eso
tanto buscamos
le petite mort

bocadillos de paz






trampas





mi problema
es que vivo en mezclas de tiempos verbales:
primero un futuro subjuntivo
con la salvedad de su intrinsiqueza
al maldito indicativo condicional antepospretérito

si la amare
ella habría cambiado



trampas

sol luna






pasaste de ser una luna llena
a
un sol
que me repugna

aunque
para ser sinceros
debo decir que aproveché
que se ven del mismo tamaño
para fingir que eras una luna hermosa
llena de tímidas mareas y brillantinas sucintas
la realidad es que solo me estaba mintiendo a mí mismo





basurosis





no sé a qué juegas
pero no tengo corazón
para mandarte a la mierda
no puedo ser tan basura como tú
ni que quiera





puñales





tu puñal
el puñal
no te basta con meterlo
en mi corazón
sino que anhelas
sacarlo por mi espalda

crónica de un cuchillazo





ad populum







llegué a casa
con el olor de las putas
y de los hombres infieles
en mis manos y mi boca
y nadie se dio cuenta









de que te olvidé