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9°C





Caído, caída, una estrella caída,
un cielo consternado,
un alma devorada,
despreciada...

Solitaria, desanhelada,
desamparada, atemeraria,
precaria, desacompañada.

Sin abrazos en la esquina, con hielo en las mejillas,
sin luces en el fondo, con frío en las pupilas.

Un mar que acongoja, y un cielo enorme, devorador.

Unas estrellas lejanas, un sonido inmutable, inenarrable, inexorable,
un sonido inexistente, un sonido existente,
incomprensible.

La arena, las huellas hacía la nada, la noche desalumbrada,
la luna apagada porque apaga,
las nubes que no hablan pero que hacen llorar con su mirada.

La tristeza propagada.

Las montañas al final, como nada queriendo contar,
las personas bajo tierra,
las ropas desgarradas,
la vida acabada.

Las voces finalizadas, las guitarras desconectadas,
el mar azulado, y ellos destrozados.

Desaparecidos.

Los sentimientos encontrados, las lágrimas en los peldaños,
los nudos en el estómago, subiendo por la laringe hasta salir por un grito mudo,
un mundo en blanco y negro, en silencio,
las gaviotas revoloteando, y el mar chasqueando.

Abandonado el sentido, abandonada la razón,
abandonada la sociedad, abandonado el humano,
todo terminado.

 Un frío que se adhiere a los pies, y un escalofríos por la imaginación,
un sentimiento de perdición, una vida desconsolada en el sonido de la nada.

Un miedo latente, una verdad inconcluyente.

Solo somos seres humanos, y eso significa que no somos nada.





Madrid III






Madrid II



Quizá deba pedirle que se case conmigo, colocarle el anillo en el picaporte, o en el control del calefactor, quizá en la llave de la ducha, o tal vez sea muy pronto, no sé, no creo, serán tres años de noviazgo en dos meses, además estamos muy bien, me siento feliz y la veo feliz.

Marcó, era el mediodía de un lunes soleado.

-¿Sí?
-Hola, buenas tardes.
-Hola cariño, me alegra que llamaras, necesitaba hablar contigo.
-Casual, por eso llamé.
-¿Sí?
-Sí, quería comentaros y mostraros algo, ¿estás desocupada?
-Sí, ¿nos veremos?
-En la plaza del mercado, en una hora.
-Vale, allí estaré.
-Cuídate mucho.

Estaba emocionado, pero su tensión surgió y no se calmó cuando algo extraño provino de su voz, algo andaba mal.

-Andrés, saldré, necesito tu ayuda, voy a pedirle matrimonio.
-Estás loco.
-Por ella.
-No, sabes que es muy pronto, han tenido problemas recientemente, no sé, además siempre he desconfiado de lo que ella siente por ti.
-Hermano...
-No, te estoy advirtiendo, su amor es inestable, ¿recuerdas aquella vez en Tenerife? ¿Y aquella vez del tren? Tu mismo me dijiste que temias salir herido.
-Pero siento que ya es momento, todo ha mejorado en ella.
-Sí, pero que haya mejorado no quiere decir que es lo suficientemente madura como para que sea tu esposa, venga.
-Son tres años ya, además, ya tomé la decisión, necesito contar contigo.
-Sabéis que contáis conmigo para lo que sea, pero debo deciros las cosas de frente.
-Lo sé, tomaré en cuenta lo que dices, pero...
-Eres un loquillo...
-Necesito que cuando te mande un mensaje aparezcas en el coche y nos lleves a la casa, ya sabes llegar ¿no?
-Sí, esto te costará un favor de lunes.
-Lo sé, lo sé, voy saliendo, te aviso para que vayas saliendo y luego para que aparezcas.
-Vaya, que dios lo proteja de esa niña.

Salió, sentía que su hermano tenía razón pero no podía ocultar lo que sentía, estaba perdido.

Vibró.

-Hola, ¿qué ha pasado?
-Lo siento, acaba de surgir algo con mis padres, estamos discutiendo, y no podré llegar, lo siento.
-¿Pero por qué llorás?
-Después te cuento, todo va a estar bien.
-No, voy a tu casa ya mismo.
-¡No! Quédate en casa, no es grave, solo que, ya sabeis como soy de llorona, te escribo ahora.
-No me cuelgu...

Colgó.

Maldición, qué habrá pasado, ¿será algo grave?

Confiaré en ella, me quedaré quieto.

Dio la vuelta.

-¿Ahora cambias de rumbo así por así?
-Julieta, ¿que haces aquí? Me andáis siguiendo o qué, tía.
-No, solo pasaba y te vi, ¿y esa cara de preocupado? ¿Es por lo de tu novia?
-¿A que os referís con 'lo de mi novia'?
-Qué se va del país, ya te dijo ¿no? Me dijo que te... diría... hoy.
-...
-Pero... mierda, creo que no te ha dicho... venga, no pongas esa cara que me siento mal.
-Esto no... no puede ser posible.
-No sé que decir, ella era la que tenía que decirte, la he cagado tío.
-¿Es en serio?
-No debería decir más.
-¡No! ahora me lo contáis todo.
-Venga, me siento responsable, pero tu novia aunque sea mi mejor amiga, eso no le quita el derecho de matarme si te cuento.
-No me puedes dejar así Jul, no la podré ver hoy, será mañana que me entere, y te podrás ima...
-Venga, ya, ya, vamos a por un café y mi sentencia de muerte.




Madrid IV






Bi8






Se te va a olvidar olvidarme y vas a recordarme al intentar olvidarme, es decir que vas a olvidarme recordándome y al recordarme no me estarás olvidando, porque olvidando se recuerda que estás olvidando a quien estás olvidando, y pasarás tu vida recordando que olvidas, y el día que por fin me olvides te darás cuenta recordándome, recordando que me olvidaste, porque no sé sabe que algo no existe si no hasta que te das cuenta de que alguna vez existió, o simplemente de que hace falta, que lo necesitas. Apagarás la luz y me verás en tus párpados, en esas bellas figuras que siempre se crean con los ojos cerrados, esos matices sin matiz, por su blanquecino arte y su negrilla ciencia, por sus cálidos abrazos y aquella sonrisa, por sus ojos penetrantes y sus palabras punzantes, porque lo demostró Lavoisier, nada se crea, pero tampoco nada se destruye. Las decisiones son decisiones, se toman, o se dejan, pero no se pueden cambiar cuando ya las consecuencias llegan. Saldrá más barato tomar lo bonito de lo triste que lo triste de lo bonito, será más fácil filtrar las hormigas del azúcar que el azúcar de las hormigas, saldrá más barato, siempre, y para siempre, recordar que olvidar, porque recordar no implica olvidar, pero olvidar si implica recordar. Toma de mi un poco, bebe de mi sangre y come de mi pan, que fui, soy, y seré, y no me podrás olvidar, entre risas mías, y risas tuyas, ambos, entre lineas, sabemos que es la verdad, la más pura realidad.


to dream is free
but waking up isn't





The City






Linda ciudad, pero intrigante.
Aquí empezamos mi alma y yo a darlo todo.

Dando y no dando, porque no recibía lo que quería, pues vendía, un limón, dos limones, pero a precios que no destacaban en un mercado muy creciente, en un mercado demandante, uno gigante, ardiente. Empecé con poco y terminé con poco, porque perdonaba todos los errores, todas las faltas. Se iban sin pagar, y al día siguiente, sin dudar, venían de nuevo con sus caras lavadas, siempre los mismos, las mismas desgraciadas. Mi estomago se revolvía porque eso no era lo que quería, yo esperanzado aguardaba el cambio de en quienes tanto confiaba, y en esa ciudad, quizá aun no termina esta historia análoga que les relato, pero vivo sintiendo que al final no valdrá la pena, es como un temor innato, de desfallecimiento, pero aun así, el humano es esperanzado de nacimiento, y por algo sigo viviendo aquí, y sigo luchando por esto, y por aquellos, pero siento herido el corazón y estos sentimientos que guardo para el día en que reciba lo mejor de ellos, de esta ciudad, lo mejor, vivo aguardando con ansias ese día, pero siento que compré acciones en un mercado que nunca va a progresar, siento que aposté arriesgado y no ganaré, porque fue arriesgado vivir aquí, crear esta historia aquí, esta clientela aquí, pero no cederé hasta ver los resultados, nada ya se puede hacer más que vivir después de nacer, así nunca hayas querido nacer, porque hasta si te quitas la vida, ya viviste después de nacer y antes de morir, Nina.

Nunca duermes.

In honor to Ed, and because of her.






1787






¿Puedes ver estas llamas en mis ojos? ¿Puedes ver mis ojos llorar y arder al mismo tiempo?
Estoy hecho un desastre, me han hecho un desastre.

 Una soledad que está rodeada de personas que no entienden los más puros sentimientos de un ser que desgraciadamente ha causado daño a quienes se han acercado por perseguir ideales que empujan hasta el fin las máquinas más potentes e indestructibles y aún así las hace parecer juguetes y las destruye como un niño de dos años con un coche de colección que nunca debió aparecer ante los pies más fuertes pero a su vez los más débiles pues no demostrar no significar no sentir y aunque no lo demuestre me siento más solo que nunca.

Solo.





Sin título





I

Imaginad por dos segundos cada palabra mientras cerráis los ojitos.

Inicio, libertad, felicidad, amistad, pasión, amor.

Sentimientos, duración, necesidad, emoción, descontrol.

II

Frustración, inocencia, decepción, impotencia, tensión.

Dolor, martitio, pensamientos, decisión.

III

Suficiente.

Trancado el juego, perdido el aliciente.

Sin interés ni pudor de demostrar la carencia.

Sin inocencia.

Una tentación que se resiste, una maldición que existe.

Más que dinero, familia, o amor, es vida, eso es esta maldita vida.




1783






I

La balanza se inclina marcando su tendencia,

y el humano herrero intenta repararlo,

reparar esa indebida preferencia.

II

Siempre se sobrepasa al intentar arreglarlo,

es un problema de sentimientos encontrados con el orgullo,

no consigue difuminarlo.

III

Y entonces cito: una vez más, lo engullo,

adentro allá, adentro aquí,

porque si sigo así, ya veré como en un hoyo negro me zambullo.






Támesis






Nacerá en algún momento devoción hacía tan despreciado altar de servidumbre, por motivos sentidos de comparación y oposición, por nada más que eso y el apetito humano insaciable de despreciativismo que aparenta ser suculento ante los ojos de un demonio o alguna otra antadeidad suprema y negativa. O contrariamente positiva. Quizá también pasa lo mismo al otro lado del polo este, o polo oeste, quién sabe, quién sabe de mundos multipolares si es cosa de ellos, diría un muy difamado —aquí—, Silvio Rodríguez. Pero es que como no difamar tan a gusto si para disgusto de ciertos dioses esto no trata de guerra o amor, ni de sermones ni de pecados, ni de nada de esas parafernalias multiplicadas al combinado. Irónicamente si quizá hace falta un poco de aquello y de estro, de inspiración. Nunca dudes una palabra si no estás seguro de que no existe, porque en aguas de castillos ingleses existen miles de coronas desperdiciadas, que suelen ser confundidas con metales tan proporcionalmente despreciados inversamente, que las imaginaciones de todos los niños de Florida podrían llegar a cubrir esa cuota, tanto lo fue, tanto será. Propósitos de guerra al menor exponente también existen y es lógico esperar que se hable con un poco de sarcasmo cuando se negó en repetidas y anteriores ocasiones que los olmos no daban peras pero ahora cae una, y no precisamente en la cabeza de Isaac, y repito algo implícito: no precisamente una fruta olmácea.

La ciencia de la vida es el libre albedrío, la libertad, y todos están destinados a conceder una y a negar al menos dos a lo largo de su controlada vida, pues de guerras y amores surgen los versos de los presidentes muertos, y de las guerras que subyacen en la historia, las más recientes en el fondo del libro y las más antiguas al apenas desempolvar. Cada día se aprende algo, pero aunque parezca poco convincente, pocas veces se descubre realmente algo. Descubrir va más allá de dejar de cubrir, va más allá de la simplicidad intrascendente de dicha palabra semiparasintética, va apegado al término de una desbocación por lo absurdo y a la génesis de una convergencia de pensamientos y objetivos meramente individuales, que pueden tener consecuencias individuales, o también colectivas dentro del marco antropológico del sentido común y de comunidad; nótese el pleonasmo. Es un arte que se expresa —realmente— pocas veces en la vida, y que hace disfrutar de épocas de visualización mágica, más mágica al principio donde hablamos de minutos que al final donde se habla de años y quizá se puedan articular palabras retrospectivas de perjurio, porque es que desde cuándo el ser propiamente terrestre sabe lo que quiere, y el fracaso es esa arma que debería ser estudiada, acerca de como ser usada, en el pénsum de estudios de los más vírgenes oculistas, porque lleva siglos abriendo los ojos de las personas, y podría servir de consuelo para las técnicas más riesgosas que se hacen sin el protóxido de nitrógeno entre las vías respiratorias. A ojo abierto, suena retóricamente singular la expresión, pero no cabe. Pero sí cabe, afortunadamente, el ámbito de la integralidad en este mundo; se puede ser lo que se quiera ser mientras nadie te demuestre —incluído el ego (sicológicamente)—, lo contrario. Y no me juzgues, tú, de aparentemente ávidos ojos pero ígnara base datal, por usar palabras en desuso, pero es que si el amor de antaño ha caído en desuso no significa que dejaré de usarlo. Descubrí una apertura, y la voy a singularizar, a tal punto de volverla un objetivo trascendental, pues sueño y anhelo, soberbiamente, vanagloriarme, de ser eso, y aquello, ambas, a la vez, y empezar a, no mandar a callar, como cierto rey, que abdicó, si no, a callar, en sí.

Y a manera de posdata os dateo el hecho de que las comas saben mejor con azúcar y algún dip agridulce de aguas mediterraneas, si no os gustan, tragáoslas, o cómalas, como prefiera. Este ser, no vidumbre, ha sido y seguirá siendo el mismo en esencia, pero es que como se puede esperar que no se mantenga la esencia en un ser que emana una inmensa trascendencia; y, eso, a manera de pregunta retórica.






Madrid II






Madrid I






Luces blancas, paredes blancas.

-Me alegra que despierte señor.
-Quién es usted, qué sucedió.
-Ya llamaré al doctor, y usted sabe muy bien que sucedió.

Salió.

Observó el suero, las vías, y esa horrible bata.

A la derecha una chica dormida. A la izquierda una chica dormida. La diferencia es que con la de la izquierda había dormido la noche anterior.

-Buenos días.
-Buenos días.
-Vengo a informarle rápidamente su situación, ya realizamos anoche la irrigación gástrica y también aplicamos varios medicamentos que le harán sentir mejor, todo ha salido bien.
-¿¡Todo ha salido bien!? ¿¡Pero quién se ha creído usted gran hijo de puta!?
-Discu...
-¿Es qué acaso yo que pedido que me salven? ¿Cómo coño he llegado aquí?
-Lo siento señor, yo solo cumplí con mi trabajo aquí, no sé nada de lo que sucedió antes.
-Maldición, ¿y ella como está?
-El mismo caso, todo ha estado bien a excepción de que sufrió una pequeña aspiración mientras ejecutabamos el procedimiento y aparentemente existe una lesión básica a nivel del esófago, pero nada tan grave. Debo irme a cirugías, si me disculpáis.
-...

Su cabeza no entendía, no comprendía.

La conserje, la maldita conserje, tuvo que haber sido ella.

¿Pero cómo?

-Permiso, vengo a cambiar el suero.
-Señorita, sabe usted como llegué aquí.
-Me temo que no señor, lo sabría de haber estado en guardía anoche, pero llegué a las seís a suplir, solo tengo el dato de que llegó a las 3:48 am con intoxicación severa de su...
-Ya sé, ya sé, gracias por la hora.

Habían pasado cincuenta minutos desde que subió.

Y unos 25 desde que subió ella, pero no estaba seguro.

Por esta mierda es que me había arrepentido del maldito vino.

Ahora recuerdo que hicimos mucho ruido, seguro la conserje escuchó y andaba atenta; maldita.

-Tiene visita.

Entró.

-Pero mírate nada más, dios mío.
-¿Que me mire? Solo estoy en una camilla con suero y una bata, no tengo nada. ¿O es que acaso tienes que verme en una camilla para que sientas compasión por mi? ¡Pero habedlo dicho antes! Te hubiese pedido en camilla que te fueras conmigo.
-Para, por favor...
-No, no paro, maldición.

-Temo que debo pedirles que bajen la voz señores.

-Descuide señorita, creo que debo irme.
-Eso es todo lo que sabes hacer...
-¿¡Pero qué más querías que hiciera!? Estaba confundida, aun lo estoy...
-Ya no espero nada de ti.
-Por favor, no me hagas sufrir tanto...
-¡Pero es que claro! Siempre eres tu la que sufre, y no yo, que intenté de todo po...
-¡Cállate! Ya no digas nada, por favor, lo siento, de verdad lo siento, sé que no sirve de nada, sé que ya todo el daño está hecho, pero lo siento enormemente, nunca quise, nunca imaginé...
-A veces lo que uno menos se imagina es lo que pasa.
-Lo siento...

-Así que eres tú la perra que lo puso así ¿eh?
-¿Y esta quién es?
-Le di lo que tu no pudiste en quién sabe que tiempo, en solo una noche.
-¿Es una de tus zorras?
-Eh, venga, más respeto que también estoy en camilla, pero es qu...
-Venga, cállate ya y termina de decir quien eres.

-Basta, es alguien que conocí anoche, y todo fue muy extraño, hicimos lo mismo.

-Ya veo...
-¿Qué le has hecho para dejarlo así ah?
-Yo no le he hecho nada...
-Pero por supuesto, y anoche no hacía más que lamentarse por ti.
-Pero...
-Afortunadamente le borré las desgracias con algo de sexo, eh.
-¡Maldita zorra!

-Basta, señora, debo pedirle que salga de la sala, los pacientes deben descansar.

Vaya desastre.

-¿Para qué le dices eso?
-¿Pero es que acaso no te ha dañado tanto? No merece salir ilesa la muy jilipollas.
-No hables así de ella, no la conoces, quiz...
-¡Venga! Ahora no me vengas a decir que esa tía es la leche, no la defiendas.
-Aun la amo...
-Eso no quiere decir que dejes de sentir dolor.
-Por supuesto que no, me duele por lo que aun siento.
-Vaya, ahora me siento apenada por la escenita...
-Descuida, debo admitir que de cierto modo la disfruté, drené a través de ti.
-Vaya que todo ha sido muy extraño ¿no?
-Muy... estoy muy confundido, dormiré un rato.
-Descansa guapo.




Madrid III





Madrid





-Izquierdo.

Caminó, y caminó. Luego entró.

-¿Qué desea? 
-Deme algo para morirme. 
-Pero... 
-Ya. 
-Doce con cincuenta. 
-Gracias. 

Salió, y caminó. 

Un platillo, un timbal, lanzó monedas y bendijo. 

No creía pero aún así era algo que existía, era como lo que le sucedía. 

-No lo creo, tiene que ser mentira. 
-¿Perdón? 
-Disculpe, hablaba solo; por favor, uno de manzana. 
-¿De este? 
-Sí, y que sean dos botellas mejor. 
-Vale, 18 euros exactos. 
-Gracias, tenga. 

Un atardecer sombrío, y una chica linda sonriéndole. 

-¿Me dices la hora, por favor? 
-18. 
-Gracias... 
-... 

En el mismo vagón, pasaron dos minutos lentos para él, y extraños para ella. 

-Venga, ¿ni me mirarás? 
-¿Te conozco? 
-Al menos ya me miraste. 
-No entiendo tu punto. 
-Yo tampoco, solo pensé cortejarte con la mirada pero veo que estás sumergido en un mundo perdido. 
-Supongo... 
-Te ha de gustar Julio Verne. 
-Sí. 
-Es aquí donde dices que soy buena observadora. 
-Eh... eres buena observadora. 
-Y luego me preguntas como me llamo. 
-¿Qué quieres de mi? 
-No lo sé, algo me atrajo y no sé, simplemente paso el tiempo aquí en el vagón hablando con un extraño. 
-... 
-Tampoco me entiendo, tranquilo. 
-Eres linda. 

Salió, y caminó, era su estación.
Las luces apagaban sus pensamientos, no podía dejar de mirarlas, amaba caminar de noche, y más aún si le liberaba el estrés de esa vida que cargaba en sus hombros. 

-Buenas noches, señor. 
-Buenas noches, ¿algún correo?
-Ninguno.

Sacó las llaves, y entró. 

-No me dejes afuera. 

Abrió. 

-¿Me has estado siguiendo? 
-... 
-Estás loca, no te conozco siquiera.
-Claro que sí, nos conocimos en el tren, aquel día. 
-Pero... eso fue hace quince minutos... 
-No importa. 
-No entiendo esto. 
-El amor no se ahoga con dos de vino, así que traje esta otra. 
-No es pa... pe... ¿cómo sa... 
-Calla, déjame entrar... no tienes nada que perder, ¿no? 
-Precisamente. 

Bebieron.

-Salud.

Brindaron.

-Maldición. 
-Ya... 

Lloró. 

Hicieron el amor.

-Dios. 

Hicieron el amor...

-Es tarde ya, ¿no tienes casa, familia, algo?
-Es muy tarde para preguntar eso ¿no? 

Durmió.

Él subió a la azotea.

Amaba ese aire fresco y esas luces apagadas que aún así se notaban.

Amaba esa luna... la amaba.

Vio hacia abajo y sintió todo lo que se podía sentir.

-Ten, es un trago especial, brindemos por esta ciudad y esta luna.
-¿Desde cuando estás allí?
-Acabo de subir.
-...
-Salud.
-Salud.

Y descansaron en paz.





Madrid II