-Bien caliente y expresso, servido.
-Jul.
-Pues no es la gran historia, tiene un trabajo muy importante que le está ofreciendo su padre en Marsella y se irá en unas semanas.
-Pero... ¿Por qué lo acepta? ¿Dónde me deja a mí?
-Ahí se complica. El papá prácticamente la está obligando, puso su reputación en juego y no puede dejar que su hija rechace el trabajo.
-Qué mierda, ya entiendo la llamada.
-Lo peor es que no se sabe si volverá, no es temporal.
-Necesito hablar con ella, iré a su casa. Gracias Jul.
Se levantó, se fue.
-Pues de nada.
Tomó el tren.
-No sé qué carajos le diré pero debo convencerla de que no se marche.
Bajó. Tocó. Pidió hablar con ella. Entró. Subió. Tocó.
-¿Quién?
-Yo...
Abrió.
-¿Qué haces aquí? Olvidé llamarte, lo siento.
-Julieta me lo ha contado todo, carajo.
-¿Qué...?
-¿¿Cuándo pensabas decírmelo eh??
-Hoy... mi amor, te llamé para eso pero... en un último intento de convencer a mi padre todo terminó mal.
-No me dejes...
-No quiero pero no tengo otra opción. Me ha amenazado joder, si no voy me bota de la casa, y yo no tengo a dónde ir.
-Te quedas conmigo en mi casa.
-Ahí sabes que no tengo cabida, y no tiene sentido.
-Sí tienes... o bueno. Tengo una mejor idea.
-¿Cuál?
-Vente conmigo a Argentina. Tengo una casa allá libre, es de mi tío y tiene mucho espacio. Tengo dinero ahorrado para los boletos.
-No... es muy lejos, extrañaré a mis amigos... Y mis padres se vendrían conmigo a Francia... También está la universidad, mi papá me está pagando una en Marsella y es de las mejores, en reali...
-¡¿Pero qué carajos estás diciendo?!
-¿Qué est...?
-¡¡¿¿Acaso no te escucháis??!! ¡¿Me quieres dejar?! ¿¿Te importa más cualquier otra de esas estupideces antes que yo??
-Es que... estoy confundida, no sé qué hacer...
-Me largo, sé feliz.
-¡No! ¡Espera!
Salió. Bajó. Salió.
Fue tras él pero no lo alcanzó. Tampoco sus gritos.
Ella rompió en llanto.
Él quedó inmutado. No pensó prácticamente nada en horas.
Se limitó a ver la ciudad desde su ventana.
No sabía qué hacer.
Salió, bebió un rato.
Caminó. Lo robaron.
Sintió congoja en el alma, y destrozo en el corazón.
No entendía por qué era tan difícil para ella irse con él.
Entonces decidió que no iba a decidir nada.
-Si mañana me despierto y coloco el pie derecho primero, sigo con mi vida, si no, lo contrario.
Pensó y se dio cuenta que podía despertarse antes y decidir con que pie empezar el día, pero eso no lo sabría más que él y su conciencia en todo caso. Esperaba hacerlo inconsciente, pero la verdad es que tampoco sabía qué hacer, así que no tenía preferencia ni por el derecho, ni por el...
-Izquierdo.
Lo haré con veneno, en vino, para que sea elegante.
Primero a la farmacia, luego al bodegón.
Salió.
Caminó, y caminó. Luego entró.