Leer una entrada aleatoria

9°C





Caído, caída, una estrella caída,
un cielo consternado,
un alma devorada,
despreciada...

Solitaria, desanhelada,
desamparada, atemeraria,
precaria, desacompañada.

Sin abrazos en la esquina, con hielo en las mejillas,
sin luces en el fondo, con frío en las pupilas.

Un mar que acongoja, y un cielo enorme, devorador.

Unas estrellas lejanas, un sonido inmutable, inenarrable, inexorable,
un sonido inexistente, un sonido existente,
incomprensible.

La arena, las huellas hacía la nada, la noche desalumbrada,
la luna apagada porque apaga,
las nubes que no hablan pero que hacen llorar con su mirada.

La tristeza propagada.

Las montañas al final, como nada queriendo contar,
las personas bajo tierra,
las ropas desgarradas,
la vida acabada.

Las voces finalizadas, las guitarras desconectadas,
el mar azulado, y ellos destrozados.

Desaparecidos.

Los sentimientos encontrados, las lágrimas en los peldaños,
los nudos en el estómago, subiendo por la laringe hasta salir por un grito mudo,
un mundo en blanco y negro, en silencio,
las gaviotas revoloteando, y el mar chasqueando.

Abandonado el sentido, abandonada la razón,
abandonada la sociedad, abandonado el humano,
todo terminado.

 Un frío que se adhiere a los pies, y un escalofríos por la imaginación,
un sentimiento de perdición, una vida desconsolada en el sonido de la nada.

Un miedo latente, una verdad inconcluyente.

Solo somos seres humanos, y eso significa que no somos nada.