Leer una entrada aleatoria

Madrid III






Madrid II



Quizá deba pedirle que se case conmigo, colocarle el anillo en el picaporte, o en el control del calefactor, quizá en la llave de la ducha, o tal vez sea muy pronto, no sé, no creo, serán tres años de noviazgo en dos meses, además estamos muy bien, me siento feliz y la veo feliz.

Marcó, era el mediodía de un lunes soleado.

-¿Sí?
-Hola, buenas tardes.
-Hola cariño, me alegra que llamaras, necesitaba hablar contigo.
-Casual, por eso llamé.
-¿Sí?
-Sí, quería comentaros y mostraros algo, ¿estás desocupada?
-Sí, ¿nos veremos?
-En la plaza del mercado, en una hora.
-Vale, allí estaré.
-Cuídate mucho.

Estaba emocionado, pero su tensión surgió y no se calmó cuando algo extraño provino de su voz, algo andaba mal.

-Andrés, saldré, necesito tu ayuda, voy a pedirle matrimonio.
-Estás loco.
-Por ella.
-No, sabes que es muy pronto, han tenido problemas recientemente, no sé, además siempre he desconfiado de lo que ella siente por ti.
-Hermano...
-No, te estoy advirtiendo, su amor es inestable, ¿recuerdas aquella vez en Tenerife? ¿Y aquella vez del tren? Tu mismo me dijiste que temias salir herido.
-Pero siento que ya es momento, todo ha mejorado en ella.
-Sí, pero que haya mejorado no quiere decir que es lo suficientemente madura como para que sea tu esposa, venga.
-Son tres años ya, además, ya tomé la decisión, necesito contar contigo.
-Sabéis que contáis conmigo para lo que sea, pero debo deciros las cosas de frente.
-Lo sé, tomaré en cuenta lo que dices, pero...
-Eres un loquillo...
-Necesito que cuando te mande un mensaje aparezcas en el coche y nos lleves a la casa, ya sabes llegar ¿no?
-Sí, esto te costará un favor de lunes.
-Lo sé, lo sé, voy saliendo, te aviso para que vayas saliendo y luego para que aparezcas.
-Vaya, que dios lo proteja de esa niña.

Salió, sentía que su hermano tenía razón pero no podía ocultar lo que sentía, estaba perdido.

Vibró.

-Hola, ¿qué ha pasado?
-Lo siento, acaba de surgir algo con mis padres, estamos discutiendo, y no podré llegar, lo siento.
-¿Pero por qué llorás?
-Después te cuento, todo va a estar bien.
-No, voy a tu casa ya mismo.
-¡No! Quédate en casa, no es grave, solo que, ya sabeis como soy de llorona, te escribo ahora.
-No me cuelgu...

Colgó.

Maldición, qué habrá pasado, ¿será algo grave?

Confiaré en ella, me quedaré quieto.

Dio la vuelta.

-¿Ahora cambias de rumbo así por así?
-Julieta, ¿que haces aquí? Me andáis siguiendo o qué, tía.
-No, solo pasaba y te vi, ¿y esa cara de preocupado? ¿Es por lo de tu novia?
-¿A que os referís con 'lo de mi novia'?
-Qué se va del país, ya te dijo ¿no? Me dijo que te... diría... hoy.
-...
-Pero... mierda, creo que no te ha dicho... venga, no pongas esa cara que me siento mal.
-Esto no... no puede ser posible.
-No sé que decir, ella era la que tenía que decirte, la he cagado tío.
-¿Es en serio?
-No debería decir más.
-¡No! ahora me lo contáis todo.
-Venga, me siento responsable, pero tu novia aunque sea mi mejor amiga, eso no le quita el derecho de matarme si te cuento.
-No me puedes dejar así Jul, no la podré ver hoy, será mañana que me entere, y te podrás ima...
-Venga, ya, ya, vamos a por un café y mi sentencia de muerte.




Madrid IV