-Izquierdo.
Caminó, y caminó. Luego entró.
-¿Qué desea?
-Deme algo para morirme.
-Pero...
-Ya.
-Doce con cincuenta.
-Gracias.
Salió, y caminó.
Un platillo, un timbal, lanzó monedas y bendijo.
No creía pero aún así era algo que existía, era como lo que le sucedía.
-No lo creo, tiene que ser mentira.
-¿Perdón?
-Disculpe, hablaba solo; por favor, uno de manzana.
-¿De este?
-Sí, y que sean dos botellas mejor.
-Vale, 18 euros exactos.
-Gracias, tenga.
Un atardecer sombrío, y una chica linda sonriéndole.
-¿Me dices la hora, por favor?
-18.
-Gracias...
-...
En el mismo vagón, pasaron dos minutos lentos para él, y extraños para ella.
-Venga, ¿ni me mirarás?
-¿Te conozco?
-Al menos ya me miraste.
-No entiendo tu punto.
-Yo tampoco, solo pensé cortejarte con la mirada pero veo que estás sumergido en un mundo perdido.
-Supongo...
-Te ha de gustar Julio Verne.
-Sí.
-Es aquí donde dices que soy buena observadora.
-Eh... eres buena observadora.
-Y luego me preguntas como me llamo.
-¿Qué quieres de mi?
-No lo sé, algo me atrajo y no sé, simplemente paso el tiempo aquí en el vagón hablando con un extraño.
-...
-Tampoco me entiendo, tranquilo.
-Eres linda.
Salió, y caminó, era su estación.
Las luces apagaban sus pensamientos, no podía dejar de mirarlas, amaba caminar de noche, y más aún si le liberaba el estrés de esa vida que cargaba en sus hombros.
-Buenas noches, señor.
-Buenas noches, ¿algún correo?
-Ninguno.
Sacó las llaves, y entró.
-No me dejes afuera.
Abrió.
-¿Me has estado siguiendo?
-...
-Estás loca, no te conozco siquiera.
-Claro que sí, nos conocimos en el tren, aquel día.
-Pero... eso fue hace quince minutos...
-No importa.
-No entiendo esto.
-El amor no se ahoga con dos de vino, así que traje esta otra.
-No es pa... pe... ¿cómo sa...
-Calla, déjame entrar... no tienes nada que perder, ¿no?
-Precisamente.
Bebieron.
-Salud.
Brindaron.
-Maldición.
-Ya...
Lloró.
Hicieron el amor.
-Dios.
Hicieron el amor...
-Es tarde ya, ¿no tienes casa, familia, algo?
-Es muy tarde para preguntar eso ¿no?
Durmió.
Él subió a la azotea.
Amaba ese aire fresco y esas luces apagadas que aún así se notaban.
Amaba esa luna... la amaba.
Vio hacia abajo y sintió todo lo que se podía sentir.
-Ten, es un trago especial, brindemos por esta ciudad y esta luna.
-¿Desde cuando estás allí?
-Acabo de subir.
-...
-Salud.
-Salud.