Me emponzoñé de tus
sueños
a la vez que
en ellos
volví
a ver
[té,
¿no es obvio? No,
lo sé.
Por ello
hoy te considero
mi más grande
y menos pequeño
sueño,
lleno de tanto, pero tanto,
veneno,
que los fosfenos que habitan,
a los lados de mi ceño,
se han
vuelto solo negros
en días llenos de mi nimiedad;
por eso descubro hoy en
mis sábanas
que tu recuerdo se ha
llenado de una blanca
oscuridad.