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Ángeles Caídos







La sangre corre por la puerta, tumbada en la miseria que sostiene los pies de las inertes almas que habitan en esa oscura y fría habitación, apenas se distingue la luz natural que surgía aquel día, todo había acabado sin póstuma reacción.
Sin ningún síntoma de decaimiento se presentó el señor de bata negra y difundió a través de intrínsecas hélices de amargura la inestable situación interna que se vivía en la extenuante isla de la soledad sosegada por la visita de miles de almas invitadas desde el momento en el que se fecundan sus cuerpos de ánimos caídos. Inventando palabras químicas de física irregular surgió la salvación repentina de un escuadrón angular que usó la magnificación teatral de aquel héroe singular de eras pasadas, historias contadas que se retrataban en la religación insensata de la insensibilidad. Ese arte que se propagaba en el sentido de no tener sentido, la subliminalidad de aquellas letras que se inventaban sin pudor, repitiendo sarcásticamente y encontrándose en la vía miles de pistas que irregularmente se suprimían, era un estilo que se creaba cada vez que aquel actor interactuaba con la sinceridad. Salvación que no llegó por dos disparos de precisión perfecta, era la puntería del chico del sombrero que suponía la necesidad de asesinar a quien salvaría la soledad de la unidad en contrariedad. Miles de antorchas de fuego se adentraban al campo para buscar al solitario que había acabado con las esperanzas de desesperanzar al llamado y sonido igualable de la tecla subyugada que descubría una orden en cada sensación de cinco segundos, en noticias del día siguiente miles de kilométricas extensiones de hojas se habían elevado al momento de que la escopeta más potente del lejano norte se había accionado con miles de balas y dejando rastros ocultos tras la lluvia ácida de cenizas blancas que se adentraba en la vía de comunicación formal entre el cielo y la tierra, la situación había pasado a mayor.
Una presión atmosférica que aumentaba conforme la respiración de los ocultos se mostraba, necesitaban y requerían más nitrógeno de lo normal, por ello esa sangre se mudaba de sentido cuando el sol acababa de ponerse por el sur en la época septembrina de aquel invierno soleado, nieblas de lágrimas y ojos de emoción cuando se sofocaba aquel calor de indignación, mientras una voz extraña surgía de la invención de un ser que se dedicaba a imitar, su primer trago de whiskey era a nombre de su madre muerta, ella sin imaginación.
Una afección que se encargaba de aumentar la confusión de aquellos que abrían los ojos y leían los labios de aquellos que no decían nada diciéndolo todo, eran estúpidos seres que buscaban algo donde no había nada, más que movimientos mudos que sin duda eran hermosos pero rezaban y predicaban la palabra del silencio inmutable de inocuas reglas desagradables, eran lágrimas y gotas de confusión sin igual cuando la vida perdía su curso regular. Un infame ser que divisaba la publicidad desde aquella torre de vigilancia, la vista era sublime y sin igual pero aun así no podía observar el pensamiento de aquel nómada que se sentía mal interpretado en cala palabra que aumentaba el dolor de sus expresiones, era el inicio de una era lejana de soledad.
Y un ser extraño y mítico aparecía en aquel día de extrema oscuridad, sin luz pero alumbrando los ojos de aquellos que querían creer en lo que no creían los demás cuando veían ante sus ojos lo que querían ver pero no lo que creían creer, era la contradicción de lo que no se prestaba para tener un sentido propio digno de alabanza y de una celestialita divina que estaba tan presente en épocas de nocturnidad.
Cansada de excusas y de memorias perdidas se entregaba en cuerpo y alma al don de esperar la indignada palabra de aquel ser mudo que a algo jugaba entre sus manos pero no entendía el mensaje que quería mostrar, era difícil de entender con los ojos y con los oídos, era imposible no sentir un miedo a perder algo que ni siquiera se había tenido entre manos, cuando el ángel surgió y nació entre los ojos de aquellos idiotas que se burlaban del inicio de alguna que otra canción.
Introducía su cabeza bajo el agua de manera brutal, indignando la identidad de aquel ser mágico, el pan se repartía entre los idiotas, y el ángel sacrificaba al humano con agua de ahogue, con agua de perdición. Los papeles se habían volado del escritorio cuando el padre salió de la habitación, camino unos metros hacía la vía pública cuando cierta hija disparó una flecha de tamaño considerable que atravesó sin duda alguna todo el entero y celestial ser de aquel inútil servidor que había llegado al apogeo de su juventud singular en la cual volvía su ansiedad joven por medio de clásicas gotas de sangre que se perdían en aquel momento, gotas que eran bebidas por el ángel azul que desde aquella alcantarilla observaba todo el hecho normal que podría haber sido prevenido horas antes cuando cierto hijo besaba a cierta hija delante de la madre, problemas de luz que se anteponían ante la realidad normal que se vivía en St. Church.
Cerraba los ojos de indignación porque nadie sería capaz de llegar tan lejos solo por estar observando algo sin sentido que apenas distrae y que no causa ninguna sensación especial, era extremadamente triste para el ser adjunto pensar que quizá nadie haría por él lo que él haría por muchos, era esperar la esperanza en frasco cuando la vida se agotaba tras cada gota de emoción en partidos de fútbol sangrientos bajo aguaceros de plata, de bronce y metal, de aleaciones de sentimientos destructibles, cuando aquel indiferente ser se detuvo en medio de la carretera y abrió los brazos, cuando disparó al asesino ángel negro que se encontraba amordazando a su chica, cuando le gritó bajo la lluvia cuanto la quería y necesitaba pero que no sabía que hacer por el simple hecho de ser un idiota que se repartía el pan entre los sagrados inútiles que despechaban con alcohol la bondad de aquel inhumano ser sin sentido y sin otro sentido, era incomprensible e insoportable ante la realidad de la sofocación y depresión que sentía tan pobladas veces que desgraciaba la vida de miles de seres místicos sin rumbo y derrumbaba ilusiones criticando y destruyendo con órdenes al vacío de miles de seguras ecuaciones, con nada y sin nada, muerto.
No podía controlar nada, era una sensación oscura de entumecimiento que se perdía entre las sombras de una voz aguda y que susurraba lo imposible, era una soledad que no se compartía y que a la vez se inmolaba por dejar pasar a miles de corazones destruidos con recuerdos y un alma simple que buscaba refugio en una mayor que no dudaba en recriminarle todo lo que pudiera cuando se diera cuenta de todo lo que le había hecho en cuestión de segundos, era ya tarde entonces, era ya imposible recuperar nada sin romper el frasco que se guardaba en la inútil gaveta de recuerdos. Pausas y descansos, tiempos y distancias, era la necesidad de calcular velocidad acaso, era una oportunidad de aprovechar lo que se había perdido, pero no, ya era tarde, nada podía pasar sin un reinicio drástico, era la hora.
Buscó la daga y sin dudarlo dos veces intentó acribillar la duda que se enfrentaba con rostro de mujer, era la silueta de Grace que se empinaba en la vida desgraciada de aquel ser sin bondad, movió su mano sin moverla, apuntaba al abdomen pero no alcanzaba a mover ni las pupilas que no se dilataban en el momento oportuno para reflejar el puñetazo intrínseco que recibió apenas su adversario distinguió sus intenciones, luego de ello trescientas cuarenta y tres espadas atravesaron el cuerpo de un alma solitaria que no buscaba más que una venganza por la pérdida inconclusa que nunca había sufrido.
Y corría aquel niño por la calle buscando a su padre, se enteró tarde de la flecha que un señor había vendido a su hermana minutos después de aquel acontecimiento que cambió su vida y aceleró sin duda a su inerte corazón, un sentido que se encontraba perdido horas después cuando la inmolación de los labios que había rozado ya no tuvieran aquel color tan rosado que degustaban delicia y admiración, era un final de hora con otra hora por delante, con mucho sentido hasta ahora, por ello empezó a caminar en reversa y decidió cerrar los ojos con las manos cubriendo los señuelos que había colocado para perder pistas de oscuridad, la sangre empezaba a llover cuando se acercaba a la realidad. Encontró innumerables muestras de soledad en almas perdidas dentro de aquella esplendorosa ciudad, que apagaba las luces para observar un bautizo de mil horas con agua de ángeles, agua de ahogue, agua para perder la vida encontrada minutos antes por el diseñador de planes sin obra conclusa, el ángel negro que resurgía como un ángel rojo.



——Solo basta su mirada para incomodar todos mis sentimientos, solo basta que me mire y estaré resurgiendo, en su vacío encuentro miles de almas sofocadas por las costumbres que queman recuerdos y miradas, vivos y muertos que pelean por amores comunes, yo solo busco estar en la soledad junto con dicha persona, solo busco mirarle a los ojos y sentir que todo funciona, solo busco lo mejor, y no dejaré de buscar aunque ya le haya encontrado, hasta más allá de lo necesario he de luchar por su corazón, porque mientras más pase el tiempo más le amare y más le necesitaré.——



El sombrero se divisaba en su cabeza, era el asesino de soledades que rememoraba su hazaña asesinando de manera fría al ángel preciado que repartía el orgullo a miles de almas y corazones, Grace moría cuando tenía que vivir según muchos, era una decisión que muy difícil se tornaba, aunque ya Williams había disparado a la salvación, no tenía nada que perder cuando su sombrero cayera por órdenes del gobernador. Cierto hijo saltaba en la fosa que se cavaba mientras la leyenda del padre muerto rozaba la necesidad de diferenciar entre religión y familia, sociedad y necedad, era la presunción más presumida, más podrida y perdida, más absurda, y aburrida.
No podéis perdonar a los que nunca te perdonaron sin recibir una mirada despectiva y dubitativa de depravación con ápices de desgracia, miles de caballos atacaban St. Church con ánimo de destruir cada una de las estrellas que allí habitaban sangrando con su aposento sagrado de animación y movimiento de doble moralidad, esperando a las ansiedades anheladas, era un momento crítico y perfecto para llenar de lujuria la víctima más propensa a perder miles de vidas con sinceras disculpas por delante sin que nadie realizara nada.
Not even Joan of Arc.
Acababa la realidad cuando quedaba todavía un poco de desolación entre las dudas que se mostraban incompletas. Aquella madre había perdido a cierta hija y cierto hijo, perdió por una flecha a su amor de miles de vidas, perdió por un centímetro según biopsias confiables de batas azules que bebían sangre, pero eran miles de vidas las que habían pasado juntos, era un amor inmortal que se desgarraba por sobrevivir aún más allá de la muerte, porque su protección era él para ella, porque para ella él era lo más especial que podía haber atravesado su vida, e irónicamente una flecha atravesaba su ser, cuando sus palabras eran afectadas por el karmatismo de ángeles celésticos que asomaban las cabezas desde los edificios más altos divisando miles de sombras negras y desinformados, sin saber si aquel azote conocido como el ángel negro había muerto, era incógnita asociada, era amor perdido y venganza desgraciada, necesidad de sangre para ella, y para los azules, bien sabéis.
Un telescopio afectaba la resolución de la realidad cuando aumentaba la verdad de aquel ser que le revelaba a madre a quien pertenecía el alma del depurador arquero que asesino un amor inmortal que aún no moría, cuando la noticia se disipó, el grito desgarrador se escuchó en la hilera superior de St. Church, el ángel rojo sabía que debía actuar, ya había encontrado la voz del jefe de operaciones divinas, su mentor.
 Not even Marilyn Monroe.
Un bautizo más que destrozaba, fue un solo rayo, la velocidad de aquellas siete tormentas de ceniza cegaba la posibilidad de que sobreviviera alguien, un poder descomunal acababa con todo el poblado de aquella solitaria ciudad que ya no pertenecía a la soledad, por el simple y normal hecho de que ya no había nadie, ya no era la soledad la que reinaba, ahora era nada, ahora todo lo que se había esfumado se había consagrado, solo el rojo podía vaciar aquellos corazones de tal manera que los azules se satisficieran hasta explotar en miles de tuberías que llenaban de suministros todos los restos de St. Church, el renacimiento se esperaba ansiosamente, cuando un idiota disparó al rojo, que sollozando pedía la oscuridad de aquella ceniza blanca, la chica había sobrevivido cuando la daga en sus sueños atravesó a Grace después de que Williams asesinara y cumpliera el deber de aquel personaje pelirrojo de cuento de hadas, la chica sonreía como un ángel caído que se consagraba como héroe de ciudades en disputa, cuando aquel último emperador cayó, Williams surgió como líder de la nada, y el idiota comía pan en la esquina donde se reunía con las almas perdidas que se encontraban en busca de la más deliciosa comida para sus tristes pensamientos, era el cansancio de muchas palabras que surgían contando la nada que existía en una mente vacía, sin ningún sentido, con sueño y cansancio, con decepción y nada de admiración, deseando el fin, porque nunca se esperó tal longitud, cuando el beso de un idiota y aquella chica selló las noticias del diario de 4166 días después de la muerte del rojo, cuando se pudo inventar aquella tinta de nuevo después de la desolación y lucha contra los violetas y verdes, fueron horas intensas que se vivieron, pero Williams supo reconocer aquellas almas caídas sin mentor gracias a la muerte del maldito emperador, era todo un plan inconcluso que se vino arriba cuando una idea perdida se encontró en las manos de cierto hijo enterrado, cuando Williams se inmoló en nombre de su nada, de su legado, de su leyenda futura, cuando el beso se diera a conocer en el cielo con goteras, con lágrimas donde el nitrógeno se filtraba para no dejar caer más ángeles, de ningún color, de ningún sentido, ya los besos sobraban como para que surgieran más ángeles caídos.