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Rehabilitación






Necesitando cambiar las cosas, ordenar ideas, perdido en la marea, estoy yo en una cama sin rosas, pero rompiendo esquemas quiero imaginarme, y sin energías no quedarme, mi cabeza muchas ideas sondea, mi cabeza varias veces se voltea, pero necesito reparar eso, en realidad necesito muchas cosas, necesito un abrazo y un beso, necesito mi cama de rosas. Sabiendo como suenan las trompetas, sabiendo como el jazz erosiona los altavoces, sabiendo lo insabible, sin pudor y con unas ganas incontenibles, esperando que caiga un ángel y me salve, esperando lo inesperado, lo inesperable, lo grandioso, un momento silencioso, entre cuatro paredes blancas de algodón, anime en el piso y techo, sin haber nada malo hecho, allí estoy preso, con obvia sumisión, y mi mente cantando otra vez una estúpida canción, sabes que no soy bueno, que soy un problema, que estoy allí porque necesitaba una reparación, un momento sereno, la ausencia de mi clásico emblema, sin correr riesgos y con mucha preocupación, ironizando una vez más, una voz que surge del fondo del salón, alguien cantando sin pedir permiso, así sin más, con mucha afinación, como si estuviera en un importante compromiso, representando una comedia, una locura, contándose a sí mismo el problema, y resolviendo con pinturas dañadas las muestras cúbicas de hace siglos, imaginando unas luces que blanquean la pared, una valla publicitaria patrocinada por el Sr. Jones, que habló con la juventud y mandó a comer frituras a la muerte, no hay más referencia que la voz sonada en aquella radio estación.






Aquel lugar donde probé mi mala suerte, tocando los botones y moviendo las perillas, micrófonos que salían de las paredes como fantasmas que no son contenidos por redes, yo caía porque me quitaban la silla, y estaba mi amiga riéndose, burlándose, ella es solo una amiga, pero su risa me contagiaba y podía oír mis pies cantando una linda canción, lentamente se acercó y mi mano tomó, fría y suave, como el satélite, nunca amada pero siempre querida, solo amigos, solo amigos, solo amigos, queriendo contacto, con previa anticipación, una voz tenue que decía lo indecible, se revisaban los documentos del otro lado cuando divisan algo inesperado, que no es una historia, el vidrio se templaba y separaba la cabina, aún estamos en aquel lugar, aun se volvía atrás, y de repente llegaban las ganas de llorar, volvíamos al luto, increíblemente recordaba todo el pasado, como si una bala se aproximara a mí a toda velocidad, estaba mi vida con tacones y vestido de gala caminando frente a mí, caminando con estilo, si, con sensualidad, lucía un raro maquillaje, atrás le perseguían muchos problemas, eran raros, eran muy raros, eran hermosos, siempre presentes e incondicionales, siempre allí, lo que todos quieren de alguien, esas personas cumplían los requisitos, y tropezó, mi vida tropezó, intenté ayudarle pero vino el reloj y me dijo que no podía pasar, le dije que hablé con el espacio y me dijo que él no podía ser desautorizado, que él trabajaba día y noche, volví a llorar, no podía moverme, no podía ni pestañear, solo lágrimas salían con un largo camino que tomar, con una especie de suspiro que salía de repente, sin dudar, volvía a aquel hermoso color, el negro y perdía, perdía y perdía.

Era mi mala suerte otra vez, cuando ya me encontraba en un casino, muchas luces y mucha gente hablando, unos llorando, pero no como yo, ellos lloraban con lágrimas de felicidad mientras algunos le aplaudían, yo no entendía que pasaba, había una rueda girando en mi espalda, volteé y estaba una hermosa chica sonriéndome, ella decía ‘si rojo canta yo tuya’, como cavernícola, yo no entendí hasta que la rueda se empezó a detener, en el centro rezaba ‘game of love’ mientras muchas personas leían como un periódico los ojos de la chica, y los colores en la rueda se mostraban poco a poco mientras perdía velocidad, solo eran cinco, verde, azul, rosa, amarillo y… negro, el perdedor era yo, y él, y todos, porque el rojo no estaba, el amor es un juego diseñado para perder, y el sol se iba, no sé qué había pasado pero ya estaba en el campo, en una casa solitaria donde se observaba una llanura hermosa que reflejaba las nubes sin necesidad de agua, con sonrisas estaban las vacas mirando a los toros, flirteando con la luna de espaldas, miles de estrellas ya los observaban, pero solo eran luciérnagas para ellos, el rojo existía para el toro, solo en su imaginación, pero ambos se acercaron, yo lloraba otra vez, no sé qué pasó pero no pude ver más, era el universo negándome la vista a aquel que ganó el juego, el sol se fue hace rato, el sol tampoco pudo ver, y la luna se había ocultado, tras las nubes, y la ciudad miles de luces prendíó y a las estrellas ocultó, lo cierto es que hubo una conspiración, al día siguiente todos creyeron que el toro perdió, yo desperté, solo, completamente solo, pude aspirar el olor a café, pude sentir la elegancia del día, pude entender porque todo se caía, la soledad había dejado una nota en mi mesa de noche, decía que estaba tomando una ducha, que no me preocupara, me pregunté por qué me decía tal cosa tan obvia, y luego leí la posdata y rezaba ‘sé que tus miedos te corroen, sé que estás y no estás, que te pierdes fácil, así que deja las preguntas a un lado, y léeme los labios, esos que ya ahora no puedes observar’.

Yo sonreí como tonto, yo empecé a pensar en muchas cosas, pero desperté solo, desperté completamente solo, y cada vez que pensaba, estaba más solo, y mi agenda indicaba algo increíble, era una guerra a las trece horas, empecé a correr de lado a lado, caminé por la ciudad con la mirada perdida, no sabía dónde estaba, sabía que tenía un compromiso y no sabía que ropa usar, sabía que perdería si no iba y si iba también, era la prueba inesperada, no me sentía preparado, no sabía ni el objetivo, ni porque peleaba, escuchaba voces de coros celestiales, era una guerra insana, era alguna guerra de película, no sabía que era, era lo que no esperaba, era un desconocimiento, una ignorancia, un miedo, era yo, siempre yo, pensaba en todos los sentidos, y no encontraba ninguno, había llegado la hora.

Llegó alguien, me saludó, me dijo ‘yo soy ella’ y me abrazó, me dijo que era la única, me dijo que estaba allí para ser incondicional y que me tenía que preparar, puso su mano en mi frente y con la otra me acarició la mejilla, pude abrir los ojos y en un bosque me encontraba, en silencio y sin nadie que me viera, hasta que la divisé a ella, pude notar su hermosa sonrisa, pude notar el color negro de su ropa, era incondicional, era alguien que me parecía haber visto antes, era rara, extraña, no sé, muy rara, me dijo que solo me podía abrazar a mí, y yo le dije que estaba bien, que podía hacerlo cuantas veces quisiera.

Y empezó una adicción, una sin fin, y me parecía haber vivido cien años ya, sentía una vejez y experiencia única, era un error de programación seguramente, de repente todo se volvió rojo, y habían trazas negras, había unos ojos muy grandes observándome en el cielo, rojo este, ella vino desde atrás y me dio su mano, ella me dijo que teníamos que caminar, me dio un beso y siguió adelante, llevándome con ella, yo arrastraba los pies, no quería caminar, ella era muy fuerte, sin problemas me llevaba, y yo no entendía aun que era lo que pasaba, había perdido el sentido de la conciencia desde hace unas horas, y el sol quemaba mi piel, cuando ella me dijo, estamos perdidos, no sé a dónde vamos, no tengo ni idea.

Y pestañeé.

Volví a abrir los ojos y solo vi blanco, algodón en las paredes, anime en el piso y en el techo, había una televisión y música sin sonido, silencio en un señor, de apellido Jones, me dijo algo que no escuché, él tenía una bata blanca, y yo le hice señas de que no lo podía escuchar, sacó un bolígrafo rojo y escribió en una agenda que tenía un dibujo de un sol en la portada, mientras escribía vi el televisor, parecía repetir algún programa de animales y cosas por el estilo en una granja, luego se cambió solo el canal, me asombré y me tapé los ojos, comencé a llorar y fui quitando mis manos de los ojos para que las lágrimas pudieran bajar, sin querer vi la televisión y había un video musical, ‘if there’s a future we want it now’ decía sin parar la estúpida caja de cartón, luego algún dibujo animado hacía de las suyas frente al niño que aguardaba ansioso el comienzo de otro capítulo, un chico vestido de azul le tocaba la frente al otro, eran del mismo clan, ambos tenía ojos raros, rojos, con negro, ambos creaban cosas, raras, y se apagó sola la televisión, volteé y vi al doctor, no vi a su encarnación, él me mostró la nota y decía: lo siento, tienes que ir a rehabilitación.


Dedicado a Amy Jade Winehouse, dondequiera que estés.