¿Cuándo fue que lo perdí todo sin darme cuenta?
Estaba caminando por la calle transversa y me dispararon en una pierna.
¿Cuándo fue que dejé de sentir el oxígeno en mis pulmones?
El rumbo de mi vida se amontona en esquinas de basura que son tan pesadas como el plástico que las recubre, pero que por más que lo intente no puedo apartar, ni siquiera me puedo acercar porque no soporto el olor, ni siquiera una sonrisa esbozo porque mi musa está de reposo, allá sentada charlando con otro, y yo aquí intentando socavarle información al jefe de redacción, a ver si me cambia los puntos por comas, y los puntos y comas por corazones.
¿Dónde están mis emociones?
Maldita sea, aquí encerradas en mi pecho. Las ganas de morir se me juntan como mil dagas que se incrustan mientras yazco en ese pesado lecho, rodeado de basura y más basura, intentando cada vez más salir, pero cada vez más hundiéndome en mi propia miseria.
¡Miseria inaudita que corres por allá!
Ven aquí y golpéame una vez más, que no me duelen tus lágrimas porque ya no sé llorar, la vida se me hace corta y larga a la vez, mientras espero sin gusto aquel tren. ¿Y mi musa? En la esquina de la estación, charlando con otro, mientras lloro de emoción ante tanto alboroto, las personas gritan, los operadores llaman. ¿Las luces se apagan?
¿Cuándo fue que me sentí muerto?
Aparecí el otro día frente al espejo como si nada, como tal como esperpento, sin estar muerto pero viviendo por fuera mas no por dentro. Me rompí por fuera para llorar por dentro, y sentí que las ánimas me rodeaban tentándome a abandonar la velada.
A abandonar este jodido mundo incierto.