Me inquieta, me turba. Inercia, turbia. Quise escribir en tus ojos pero no los encontré. Quizá los cerraste como buen cobarde. O quizá los volteaste como buena mala. Tal vez parpadeaste como buena soñadora, y yo con mala suerte pasé cuando se pintaban oscuras las horas. Despierta conciencia y pensamiento ver el vacío existente en la existencia de tu ser, complementado por un relleno indebido sin saturación, mucho menos matiz o definición. No particularmente una escala de grises sino más bien un blanco y negro seco, sin contrastes. Y sin brillo, y si brilla, encandila tanto que convierte el cielo en detestable. Llevas tu inmadurez a todos lados como un maletín de miles de millones de rupias, esperando canjearlo por tus objetivos. Objetivos absurdos que no conoces bien siquiera. El fin justifica los medios, pero tus medios son inefectivos y nunca te llevaran a lo que deseas. Lamento ser quien te escupa esa verdad pero es que la inquietud y turbación llegó a un límite no particular, sino más bien general, donde todos los límites se sumaron y dieron lugar a un gran error de cálculo algebráico. Me refiero a ti, y a ti, a ti; e inclusive, a ti. Irónicamente también estás incluida, pero como flor perfecta que apenas roza la humanidad, y es de humanos errar. Quítame esos ojitos malos de encima, porque malos ojos son amor, y cuando las verdades duelen los odios se reproducen, no nacen, porque ya existen. Aunque te justifico en plantas, porque quizá la siempreverde mira con malos ojos a quien la poda, sumida en su ignorancia, quizá, de que cuando aquel ejecuta aquello, simplemente está llevando a su ser a crear más ramas. Y mejor formadas. La crítica hace a las potencias grandes. Y a los criticones detestables. Como hoja de otoño ante un yo recostado, en mi pecho se queda el título grabado como un ser fácilmente odiable. Y es que claro, del amor al odio solo hay un paso, de esos pequeños como los de gaticos recien nacidos. Siempre recuerda que no puedes ser bueno en un plan contra alguien que es bueno también, porque si él lo fue primero, él es mejor, así que se mejor; lucha. Mientras que tú, siempre recuerda que la madurez hace al diamante una excelencia personal, una belleza innegable, y que la bondad siempre atraerá más que la maldad, aunque parezca lo contrario; lucha. Tú, pues recuerda que las burbujas son siempre temporales, investiga sobre la burbuja habitacional de norteamérica en 2007, la economía te puede ayudar a entender que no siempre es bueno vivir en un mundo ficticio aunque te proteja, porque es temporal; lucha contra ti misma. Y vos... ceder para luego remontar ha sido estrategia de Senna, Prost y Mansell, grandes y siempre grandes, quizá algunas carreras te hagan notar que parar primero no significa ser el más débil. Luchemos.
Y qué más da si somos débiles, al fin y al cabo todos moriremos.
La única pregunta es cómo.