Es la letra bonita, luego la mancha de grafito.
Es el borrador eterno.
Es la poesía perdida porque nunca ve luz.
Es el arrepentimiento.
Es la ilusión, luego la decepción.
Es la confusión.
Es el juego arriesgado y la crueldad.
Es para nada la verdad.
Es el coro que gusta y la estrofa que disgusta.
Es el champagne viejo que no deja que el ganador celebre.
Es la curva más cerrada que asusta.
Es, sin duda alguna, indeleblemente deleble.