Delicada sombra en tu rostro, delicada lumbre en tu piel,
agresivos los gestos de tus monstruos,
dulces imagino, tus besos de miel.
Hermosos tus labios y pómulos,
milenarios y sabios,
con caricias de lóbulos.
Curvaturas cosénicas, angulares sistémicas,
presiones escénicas, purezas estéticas.
Lenceria pírrica, mirada cínica.
Una cintura se posa en tu elegancia,
luego de una cadera en tu soltura,
placer y sustancia,
fruición y finura.
Lejos de merecer epíteto grosero,
aguarda allí la concupiscencia,
justo en aquel suave trasero,
que ante mi mano muestra su erubescencia.
Y planicie con protuberancia,
atrae por unicidad,
brinda lactancia,
desata mi voracidad.
Auténtica y sensual,
desiderable,
cultual, intelectual.
Dulce voz en tintes tibios y cálidos,
tierna expresión,
habitual en tu rostro pálido.
Precioso amancay de la cordillera,
muestra de mi más grande idilio inasequible,
es ella y su corta cabellera.
Sin duda una musa ineludible.
Se describe como áurea y azabache,
de prominente aunque mitológica altura,
muda la hache, ciega su arquitectura.
To Samantha.