Mírame sonriendo y regálame una sonrisa, no me mires llorando y evitemos el llanto, abrázame y date cuenta de cuanto, te anhelo en mi vida sumisa, calmada y resignada, sin ti, práctica y teóricamente sin nada, léeme con atención porque necesito robarte un roce en los labios, un beso, aquello que no conocen los sabios, porque se pierden de la vida y precisamente de eso, hoy más que nunca quisiera concentrarme en ti y en nada más que en ti, vivir en la vía láctea de tus ojos, por ti, perderme del mundo y llenarme de despojos, dejarlo todo atrás, que nunca me haga falta mirar detrás, ni mucho menos colocarme un disfraz, solo ser yo mismo allí en tus brazos, sin mi alma vuelta un millón de infinitos y pequeños pedazos.
"Quand tu me prend dans tes bras,
quand je regarde dans tes yeux,...
Entonces escucho la guitarra que suena dentro de tu corazón, siento algo en ti, algo entre los dos, quizá un alma, o una vida entera, quizá un amor de siglos o un beso de segundos, me pierdo en este mundo con solo mirarte, con solo escucharte. Cielo, sé que este par de pupilas te admirarán tanto que desearás besarles hasta que te deje de mirar; y solo así nacen los besos eternos. Escucho el latido de tu piel dentro de mi voz, cuando miro el sabor de tus gemidos y el olor de tus susurros, y me encanta hacerlo cada vez que siento tus ojos probar mi sonrisa, y la calidez de mi mirada, la seguridad de mi voz y el llanto de mis oidos al no escuchar tus caricias, ni el recuerdo más infinitamente pequeño de tus perfectos labios.
...je vois que dieu existe,
c'est pas dur croire."
Te has convertido en las venas de mis brazos, quizá no siempre presentes pero siempre bombeando, latiendo, migrando, enamorando, aorta y ventrículo, corazón, no pienses que te irás y me voy a resignar, por ti hasta Pompeya y Atlantis, por ti un café y una lluvia de tristeza, una ventana humeda y un rostro pálido reflejado, en ti una luz de posición trasera que me indica donde estás, y las intermitentes ámbar por supuesto, que me dicen hacia donde vas, e insisto hasta dejar de desistir, desisto de dejar de insistir siempre que me veo allí, reflejado en las pequeñas lineas de sangre que corren por la lamina fusca de tu esclerótica, y al final, sé que existes y siempre existirás, que estás, y siempre estarás.
Y siempre estaré, allí en tus pupilas.
En honor a las caderas de S. Mebarak Ripoll.