Leer una entrada aleatoria

Veintitrés






Verde en el cielo como aceite en la sal, almohadas llenas de metanfetaminas que serenan, respiran arenas, caminos soleados vacíos de sombras y formas, miles de nubes y cielos claros, con almas llenas de enormes amasijos de vacío, corazones enjaulados en las llamas del sentir con miles de lágrimas sin salir del oido, un bebé perdido. El problema del mal conectándose con la ciencia, la cara de aquellos viendo lo invisible no tiene precio y son cuatro mil libras esterlinas, aguas bajo castillos que cubren ciudades y llenan las coronas huecas de sus majestades; nada. Los dedos rotos por los tobillos y las canas saliendo con gritos, la guitarra siempre presente con su olor peculiar y su gusto sin igual, con notas atravesadas en la confesión de lo nocturno, en la vida oculta tras aquellos tumultos. Un árbol que cae en medio de la carretera e impide seguir esta quimera, de vías maltrechas en la senda correcta, por enormes canciones que salieron mejores que aquellas que alguna vez salieron a borbotones, por mejores peores y salidas anteriores de días catastróficamente serios y perdedores. Rojo en el cielo como azúcar en el agua, para calmar las ansias, porque agua en el aceite como sal en la mesa, de mesa, cielo verde. Sonrisa perdida en la agonía por sangre en la herida, pero dolor que causa sonrisa es sonrisa rara por salida extraña con entrada perturbada. Respirar, y luego volar para no poder respirar por tanta velocidad, hormigas decrecientes y rampas entrantes y salientes, luces de aterrizaje que ignora el elegido para seguir en su precioso acometido. Como me dio la gana lo hice, me pude sentar de nuevo, sin dolor ni ásperos recelos, con sangre en la boca y las rodillas temblorosas como montañas en lo azul, como azul en la pimienta llena de silla y aceite, como sal en aceite verde en el cielo, rojo y agua, como azúcar y sal en la mesa, sin mesa. Leyendo al revés no consiguió nada, y se fue perdiendo en la jugada, al revés, como tenista de compulsión perdida que receta aquel, golpe de revés, hace frío y calor a la vez. Mirar alrededor y no encontrar nada, mirar alrededor y ver la oscuridad sin ver la luz viendo lo oscuro de la luz que no es más que nada, y la sangre corrida en la vida pasada, perdida y sin más nada, en el suelo ya secada, y lo extraño es que te levantas y sales a la luz del sol como si nada, y así no debería de ser, para nada, el deber ser llama a la muerte y la muerte responde al deber ser, responde a que la solitareidad de tu soledad es la vida vuelta nada, de nuevo, nada, y es la nada lo que te hace ser algo después de que fuiste nada, porque evolucionas hacía aquello, sí, la nada. Quédate allí, y muere poco a poco, sin trampa, no te muevas, no respires, no abras los ojos, no escuches, no olfatees, no pruebes, no sonrías, no te muevas, no, no te muevas. Y quizá es lo bonito de la confesión, como dice la canción. Lo pido, y eso haré yo. Chispa de microsegundos que te abre los ojos, que recuerda que las únicas vidas que tenemos son dos, que los labios son tres y mis letras veintitrés.

In honor to the Silversun Pickups,

It's Nice To Know You Work Alone.