Leer una entrada aleatoria

selene14







Fueron días plagados de angustia,
y ansiedad,
nervios,
y ansiedad,
miedo,
y ansiedad.

Comenzaba a salir a flote mi peor parte,
esperando del cielo la mejor parte.

Llegó el día y la emoción lubricaba mis pupilas,
abrieron el portón y la sombra ya sucumbía,
el olor a lluvia era perfecto,
el suelo mojada reflejaba las luminarias,
y el cielo naranja me decía que algo grande aguardaba.

Uno, dos, tres... contaba cada paso,
y chequeaba que no fueran tantos,
para evitar de los guardias los balazos.

Llegué a mi lugar preferido,
y giré,
giré, giré.

Mi cabeza giró en todas direcciones,
como madre que busca a su niña perdida,
perdido como molino sin viento pero sin girar como molino sin viento,
como cielo sin luna.

Y es que era un cielo envolvente,
un sistema periférico de sensaciones retorcidas,
era todo menos lo que se esperaba,
una nube indecente,
desabrida,
indeseada.

Mis brazos se extendieron a mis lados,
como Carrey pidiendo castigo a dios,
y llovió.

Llovió tan fuerte que cesaron el receso,
y me llevaron a mi cuarto oscuro,
desnudo, solo, en carne y hueso.

Proliferé mil insultos y aún así ninguno sirvió.

Pero juré que esa nube me las pagaría.

Sentado escuchando la banda sonora de aquellas paredes tan mías,
divisé en la oscura lejanía,
el recuerdo que guardé en aquel café de mi memoria,
luego recordé porque llegué aquí,
las causas, extrañas,
el arma y el crimen infundado,
una sucia pistola que salió de la nada,
¡yo no le disparé!

Eso lo juré en nombre de un dios en el que no creía,
pero era tan cierto como que aquella bala te había hecho daño.

Una desaparición ante todos menos uno,
el amor más intenso de aquel cuerpo a prueba de balas.

Fue una noche larga,
y solitaria,
quizá un poco vacía sin tu compañía,
pero muy agitada por tu recuerdo, uno que iba a volver sin ser recuerdo.

Una realidad que se oculta tras las nubes
y que florece tras los atardeceres,
tras aquellos grandiosos placeres.

Aprendí hace un tiempo,
que cuando no entendía algo era probable,
que ese algo fuera un sentimiento.

Y es que las palabras no se entenderán jamás por completo mientras estén cargadas de sentimiento.

Tampoco las historias;
reales o ficticias,
serán nubes con pasión,
y ocultarán el trasfondo de un gran brillo,
de un gran amor.

Y el suelo mojado será testigo,
de que si llueve,
todo puede cambiar.

De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y aunque las nubes sean veintitrés,
allí sigue estando la oculta luna.