Leer una entrada aleatoria

selene28





No veía nada,
estaba ciego,
era presa desesperada.

Tomaste mi mano, me llevaste a algún sitio,
no tenías rostro, pero no se notaba,
la luz era oscuridad, y mi piel estaba hecha trizas.

Tenía miedo, el pánico me corroía,
apenas gritaba, me callabas con tu dedo,
sabía que algo ocurría, el misterio reinaba.

Estabas siendo muy cruel conmigo solo por serlo,
estabas torturandome sin miedo y solo por hacerlo,
mi corazón latía demasiado rápido y tu deseabas detenerlo, maldita bastarda.

Pero no tenía nada por hacer, no podía lograr nada más, debía seguirte sin dubitar, sin pestañear, así sin más, porque no veía nada, no sabía adónde iba, y estaba más que perdido, con el corazón destruido, y colgando en tus manos, de ti dependía mi destino, e ibas paso a pasito, apretándome el corazón con la mano, por allí me tenías tomado, me habías dominado con la inseguridad, me habías llenado de desgracia al hacerme desconocer el futuro, y mi suerte.

Súbitamente disparé un arma que salió de la nada,
impactó en ti,
pero no pasó nada,
seguiste así,
caminando, arrastrándome.

Me dolía ver que actuabas como si nada pasara,
porque significaba que yo para ti nada significaba,
aunque entera toda la jodida vida te pasaras,
gritando que yo lo era todo aun cuando no era nada.

Ese amor era amor, pero era amor oscuro,
al menos hoy lo era, quizá ayer no,
y tal vez tampoco mañana, pero hoy lo es,
hoy me duele, y a lo mejor pasado mañana también,
entonces me dañas de vez en cuando y cuando tu quieres,
o quizá algo te domina y por ello me quiebras,
y nunca sé en realidad si de verdad me amas o me quieres,
no puedo tener plena confianza en algo tan cambiante,
me abofeteaste,
me dejaste callado con ese golpe, golpe inesperado,
interrumpiste mis pensamientos y los dejaste en el maldito suelo tirados,
jugaste conmigo más de lo que yo jugue contigo,
y me llevaste a ningún lado, porque me soltaste en plena oscuridad,
y allí quedé, solo, viendo un cielo sin estrellas, aunque yo estaba estrellado.



De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y aunque lo lea al revés,
allí sigue estando la puta luna.