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¿A dónde se fue la vida?
¿A dónde se fue el amor?
¿A dónde se fue la pasión?
A dónde se fueron los signos de interrogación.

Duele en el estómago como miedo.
Duele en el estómago como hambre.
Duele en el estómago como miedo con hambre.

Duele en el pecho, como si no tuviera aire.
Duele en el corazón como si le faltara sangre.
Duele como dedo o pierna con calambre.
Duele al revés, duele al derecho.
Duele fuerte aquí en el pecho.

Duele como una mañana sin café.
Duele como una tarde sin té.
Duele como una madrugada sin fe.

Duele como una vía con frío.
Duele como un amor perdido.
Duele como tal, porque eso fue.
Duele como ayer, y como lo que no sé.
Duele, como seguira doliendo mañana, y pasado mañana.

Y solo sé que duele, duele enorme, duele grande, duele bastante, duele gigante, duele mucho, duele alto, duele bárbaro, duele intenso, duele sumamente, duele exagerado, duele numeroso, duele en cantidad, duele en sobremanera, duele un montón, duele cuantioso, duele en exceso, duele profuso, duele incontable, duele considerable, duele importante, duele abundante, duele harto, duele inagotable, duele totalmente, duele inconmensurable, duele ampliamente, duele totalmente, duele lo suficiente.

Duele porque es mezcla, de odio y amor, duele porque es confuso, como en el cielo un temblor.

Los sentimientos sobrellevan a los pensamientos a un mundo perdido y desolado, un mundo donde la guerra ha empezado y de manera súbita se ha acrecentado, millones de gotas de sangre que llueven como recuerdos que asustan y afectan al sentido común de la vida cotidiana, esa que se ve afectada por tanto dolor acumulado en la decepción y en la tristeza sumida a su propia sumisión, perdida en un ciclo infinito.

Millones de palabras encerradas en una garganta.
Miles de lágrimas retenidas en el lagrimal.
Cientos de arritmias que el corazón aguanta.
Decenas de versos que borran el mal.
Pero solo un amor es el que este corazón canta.

Al final.





TKO 2






Me robaste todo lo que pudiste esa noche, mi querida amada,
y luego te fuiste como si nada, auténtica hija de puta.

Yo te amaba, te amaba, te amo.

Tuve mejores noches que esa, eso no lo dudes, lo digo más por el comienzo y desarrollo que por la conclusión, que fue tu vasta ejecución, después de sacármelo todo, te despediste del peor modo, y bajo la lluvia te fuiste sin dubitar. Te lo di todo y te dejé mi vida en bandeja, te ofrecí mil y una noches en los más grandes palacios arabes, millones de versos, millones de besos. Te fuiste porque sabías que eventualmente te irían, porque lo sabías todo desde el comienzo y me advertiste con el más mínimo susurro, y tapando mis oídos con la brisa de aquel prado que estratégicamente una vez escogiste para decirme tus más oscuros secretos. No se puede perder lo que nunca se tuvo, porque no fui tonto y te dejé en las manos la copia de un amor en fase beta, soporte una aventura y fui un cornudo pero de mi propia copia a cambio de no sufrir el desdén de una traición secreta. Con saña y como toda zorra me sedujiste, encarnaste, y así mismo solo me dejaste. Pero ya hoy que quizá no te acuerdas de mi, está dentro de ti mi veneno, aquella segunda trampa, que hoy te liquidará, y muy adentro en el fondo varias veces te herirá, para luego afuera dejar la más profunda huella de dolor, y luego morirás de noche, porque ya se sabe, la noche es de los poetas, las putas, y de los que mueren por amor.

Aquí estamos los dos esta noche, lejos, siendo cada uno dos de esos tres.

Porque existe lo bueno y lo que intenta ser bueno, y lo que lo intenta, no lo es, lo siento.

Second round, was a sucking technical knockout.





Requiescat In Pace II







Yo me cansé y dicen que la muerte es descansar, entonces quiero una rápida muerte para llevar, porque a veces hay que hacerse extrañar, siempre lo he dicho y lo diré, casi siempre es el mejor consejo que puedo dar, porque perder algo te hace valorarlo, pero si quiero sentirme valorado para siempre, debo irme para siempre, que me extrañen para siempre, así como extraño yo a Amy, para siempre. Cuando viví creí que alguien podía valorarme en todo lo que la palabra indica, pero me equivoqué infinitas veces, simplemente no puedes ser desconsiderado, egoista e inmaduro cuando de verdad valoras a alguien, no puedes fallarle tanto si de verdad le quieres, no puedes hacerle sentir que pierde el tiempo si para tanto tiempo contigo lo añoras, no puedes despojarle del alma, espiritu, y por sobretodo de su protección blindada, para luego clavarle la puñalada por la espalda, y un golpe muy bien asestado en la quijada, no puedes sembrar lo peor, y por causa y efecto cosechar lo peor de quien supuestamente tanto valoras, aprecias, quieres, o amas. Moriré con los pantalones puestos, sin dejar de mirar y con las palabras en la boca, porque prefiero morir de pie que vivir de rodillas, no te bajaré la maldita mirada si me quieres ver bajo tus hombros, a veces no es cuestión de aptitud sino de actitud, cuando el alma valga más que la palabra te desafiaré con el sentimiento y allí encontrarás mi epitafio, sembrado en tus pensamientos al recordar todas las palabras que te dije, todas las veces que tenía la razón, y todas las veces que te di lo mejor aun cuando no merecias lo mejor; no planearé nada sin etiqueta, sin vino, o sin cautela, porque tal como nazco, vivo y muero, siempre me ha gustado el latin y el italiano, por eso antes de morir los aprenderé para poder tener moral de decir aquellas últimas palabras junto con Ezio, brindar por ellas aunque mal paguen, y a la mierda todo, requiescat in pace.





selene7






Tras tantos años, tras tanto tiempo,
aire fresco, aire de libertad,
otra vez, otra vez.

Y es mejor caminar lento,
es mejor leer lento,
es mejor respirar lento,
pero mis peores tiempos pasaron muy despacio,
aun para mi gusto ralentizante, demasiado lentos.

Aprendí y serené, emocioné al saber,
soñé con ser real, fui real con lo que se sueña,
respire la trascendencia y creí en lo creible,
acepté lo increible,
pero vivi con mi pajaro en mano,
sin aquellos mil halcones volando.

Fui cuidadoso, trabajé con esmero,
sentí el calor en el rostro ante el vapor,
sentí la brasa en los pies al caminar,
sentí el dolor al observar el eclipse,

pero es que el objetivo valía la pena,
el objetivo eran tus ojos.

Salí, en medio del desierto,
fui a comprar un café, alguna dona,
azúcar para la energía,
y seguí caminando.

En el pueblo me dijeron que llegabas en la noche,
que te habías casado con el cielo lleno de estrellas,
que las nubes eran tus escoltas,
y que tenías una agenda apretada,
que no usabas el calendario gregoriano,
que a veces te escondías tras una puerta, con ojeras y una película de fondo,
también que a veces, salías con un vestido de diamantes, y siendo real,
me dijeron que eras tú.

Lo que ya sabía no me lo dijeron,
porque solo yo lo sabía,
y era que al día siguiente ya te ibas.

Por eso me senté frente a la ciudad en aquel acantilado,
a esperar,
mientras observaba las luces titilar,
los coches no volar,
y a la gente dubitar,
me volví a serenar,
entré en un mundo que ya conocía,
ese donde todo lo que me rodeaba lo entendía,
donde cada letra de cada canción era mía,
y allí esperaba ansioso y sin cobardía.

Mi confianza era alta y no esperaba menos de lo que esperaba,
parecía extraño,
pero estaba cegado y aun así no me sentía ciego,
porque confiaba,
yo simplemente confiaba.

Observé a la montaña en el este,
allí,
salió,
sí,
estaba.

Era el momento, llegabas,
volteé, miré, busqué, giré,
ansioso, esperaba a mi felicidad,
esperaba todo lo que esperaba,
esperaba confiado,
esperaba enamorado,
y allí en el camino aparecieron,
aparecieron tan hermosamente bellos,
sí, ellos,
allí, por el oeste,
reflejando aquella luna que salía por el este,
esa media luna que ya se iba,
y tu te regías por ella,
cada veintiocho días,
empezabas nueva,
te movías creciente,
llegabas llena,
y te ibas menguando,
cada siete días,
como ella, como Selene,
como la luna,
y este es el epílogo,
porque este es el momento,
aquí estoy mirando tus ojos,
aquí estoy parado frente a tí,
ciego sin estar ciego,
anósmico sin estar anósmico,
sordo sin estar sordo,
agéusico sin estar agéusico,
mudo sin estar mudo,
 deponiendo mis armas,
bajando mis brazos,
rendido ante tí, y ante tus ojos,
ante ellos y ante el reflejo de ellos.

Aquí dejo a un lado estas notas, las envío al aire, al espacio,
que el que las lea las publique,
y que aquellos que lean sepa que me entregué en cuerpo y alma a ella,
y a su regente Selene,
que fui de ella,
que si morí fue por ella,
y si viví fue por ella,
y que si sigo vivo, soy de ella,
y de nadie más que ella.

Si estamos, estamos por allí, inalcanzables.
Si nos quieren ver, que vean a la luna.

Seguiré escribiendo con la tinta de este amor,
pero en el cuerpo de ella.

De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y sí ya no me ves,
es porque me fui con ella y la luna.






selene14







Fueron días plagados de angustia,
y ansiedad,
nervios,
y ansiedad,
miedo,
y ansiedad.

Comenzaba a salir a flote mi peor parte,
esperando del cielo la mejor parte.

Llegó el día y la emoción lubricaba mis pupilas,
abrieron el portón y la sombra ya sucumbía,
el olor a lluvia era perfecto,
el suelo mojada reflejaba las luminarias,
y el cielo naranja me decía que algo grande aguardaba.

Uno, dos, tres... contaba cada paso,
y chequeaba que no fueran tantos,
para evitar de los guardias los balazos.

Llegué a mi lugar preferido,
y giré,
giré, giré.

Mi cabeza giró en todas direcciones,
como madre que busca a su niña perdida,
perdido como molino sin viento pero sin girar como molino sin viento,
como cielo sin luna.

Y es que era un cielo envolvente,
un sistema periférico de sensaciones retorcidas,
era todo menos lo que se esperaba,
una nube indecente,
desabrida,
indeseada.

Mis brazos se extendieron a mis lados,
como Carrey pidiendo castigo a dios,
y llovió.

Llovió tan fuerte que cesaron el receso,
y me llevaron a mi cuarto oscuro,
desnudo, solo, en carne y hueso.

Proliferé mil insultos y aún así ninguno sirvió.

Pero juré que esa nube me las pagaría.

Sentado escuchando la banda sonora de aquellas paredes tan mías,
divisé en la oscura lejanía,
el recuerdo que guardé en aquel café de mi memoria,
luego recordé porque llegué aquí,
las causas, extrañas,
el arma y el crimen infundado,
una sucia pistola que salió de la nada,
¡yo no le disparé!

Eso lo juré en nombre de un dios en el que no creía,
pero era tan cierto como que aquella bala te había hecho daño.

Una desaparición ante todos menos uno,
el amor más intenso de aquel cuerpo a prueba de balas.

Fue una noche larga,
y solitaria,
quizá un poco vacía sin tu compañía,
pero muy agitada por tu recuerdo, uno que iba a volver sin ser recuerdo.

Una realidad que se oculta tras las nubes
y que florece tras los atardeceres,
tras aquellos grandiosos placeres.

Aprendí hace un tiempo,
que cuando no entendía algo era probable,
que ese algo fuera un sentimiento.

Y es que las palabras no se entenderán jamás por completo mientras estén cargadas de sentimiento.

Tampoco las historias;
reales o ficticias,
serán nubes con pasión,
y ocultarán el trasfondo de un gran brillo,
de un gran amor.

Y el suelo mojado será testigo,
de que si llueve,
todo puede cambiar.

De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y aunque las nubes sean veintitrés,
allí sigue estando la oculta luna.






selene21






Un aviso recibí,
justo salí,
justo vi,
divisé alguna anomalía,
no era lo que todos creían.

Mis binóculos salieron a dar su muestra,
no fallaron, para vuestra pena,
porque saltó a la palestra,
que no, no estaba llena.

Alivio para mí porque me gusta el orden,
y quería adjudicarte uno lindo y con sentido,
encontréis donde,
sintáis pedido.

Creciendo aun,
aunque parezca mujer,
sigue niña,
sigue incompleta,
incompleta como yo sin ti,
como tinta sin pluma,
o pluma sin poeta,
completamente incompleta.

Tu habías comprado mi esperanza,
era tuya más que mía,
era tu entelequia, sin lejanía,
un ritmo con canción,
letra y ansia,
danza.

Oigo claramente unos pasos acercándose,
tus botines y mi tacto,
mi sed de ti,
mi amor intacto,
tu sonrisa, tus maravillosamente hermosos y perfectos ojos.

El sol refleja lo ultravioleta en el lado más lleno de ella,
y la sombra al otro lado indicando el tiempo que falta,
poco,
pero en el medio brilla en blanco la vida del mientras tanto,
lo juro, en el medio brilla tan bonito y tanto...

Amo el ajuste focal,
amo aquel zoom analógico,
amo la nube oscura que no se acercó,
y amo el desfinal del sinadiós.

Y amaré todo lo que me lleve a ti,
y allí,
el camino, el que precede y antecede tus pasos,
el que cede y concede, el que procede, y el que sucede,
sé que estarás allí.

Esperaré lo que tenga que esperar,
pero sé que en siete días más me vuelven a otorgar mi libertad condicional,
volveré a salir, a divisar,
y esperar que no sea tan oscuro como ayer,
ni tan mientras tanto como hoy,
si las cosas son como en los calendarios,
me esperarás desnuda y llena de ti,
de tu sinfonía y sin agonías,
contigo por la noche con desdén del hasta nunca,
que encontréis donde,
y sintáis pedido.

Sé que tus pasos son nada más que el introito,
de miles de palabras llenas de sensaciones escondidas,
de suspiros, de coitos,
de aullidos de lobos antagónicos que aún así,
destacan el amor que tengo por ti,
duros contendores del escenario,
pero con consciencia de perdedores viendo mis ojos desbaratados ante tu brillo natural,
fascinante, sensacional.

Y se acercaba una nube clara a ti,
pero temí,
me fuí, para no dejar de verte así.

De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y aunque lo lea al revés,
allí sigue estando la media luna.





selene28





No veía nada,
estaba ciego,
era presa desesperada.

Tomaste mi mano, me llevaste a algún sitio,
no tenías rostro, pero no se notaba,
la luz era oscuridad, y mi piel estaba hecha trizas.

Tenía miedo, el pánico me corroía,
apenas gritaba, me callabas con tu dedo,
sabía que algo ocurría, el misterio reinaba.

Estabas siendo muy cruel conmigo solo por serlo,
estabas torturandome sin miedo y solo por hacerlo,
mi corazón latía demasiado rápido y tu deseabas detenerlo, maldita bastarda.

Pero no tenía nada por hacer, no podía lograr nada más, debía seguirte sin dubitar, sin pestañear, así sin más, porque no veía nada, no sabía adónde iba, y estaba más que perdido, con el corazón destruido, y colgando en tus manos, de ti dependía mi destino, e ibas paso a pasito, apretándome el corazón con la mano, por allí me tenías tomado, me habías dominado con la inseguridad, me habías llenado de desgracia al hacerme desconocer el futuro, y mi suerte.

Súbitamente disparé un arma que salió de la nada,
impactó en ti,
pero no pasó nada,
seguiste así,
caminando, arrastrándome.

Me dolía ver que actuabas como si nada pasara,
porque significaba que yo para ti nada significaba,
aunque entera toda la jodida vida te pasaras,
gritando que yo lo era todo aun cuando no era nada.

Ese amor era amor, pero era amor oscuro,
al menos hoy lo era, quizá ayer no,
y tal vez tampoco mañana, pero hoy lo es,
hoy me duele, y a lo mejor pasado mañana también,
entonces me dañas de vez en cuando y cuando tu quieres,
o quizá algo te domina y por ello me quiebras,
y nunca sé en realidad si de verdad me amas o me quieres,
no puedo tener plena confianza en algo tan cambiante,
me abofeteaste,
me dejaste callado con ese golpe, golpe inesperado,
interrumpiste mis pensamientos y los dejaste en el maldito suelo tirados,
jugaste conmigo más de lo que yo jugue contigo,
y me llevaste a ningún lado, porque me soltaste en plena oscuridad,
y allí quedé, solo, viendo un cielo sin estrellas, aunque yo estaba estrellado.



De madrugada ya es,
el reloj marca la una,
y aunque lo lea al revés,
allí sigue estando la puta luna.




New York (III): Manhattan






Solía caminar tranquilo, pero ya eso es parte de mi pasado, ahora mis recuerdos salen a flote en cada esquina, en cada amarillo que surge de algún taxi, en cada bar lleno de risas debido al stand up, en cada anuncio llamativo de soda. Mis pasos eran todo lo contrario a lo que necesita un militar en guerra para identificarse, eran tan irregulares que parecía ebrio, y no estaba lejos de la cruda realidad, porque no podía distinguir lo real de lo irreal, ebrio de sueños perdidos, sobrio de esperanzas, estaba fundido.

Porque todo lo que me quedaban eran aquellas calles desoladas, aquella parte tan virgen y poco usada, un color anaranjado que hacía del cielo una guitarra eléctrica melancólica, una triste melodía que alivia el alma procurando las lágrimas de una prostituta alcohólica, y era la tuba y el saxofón, era mi musa y aquel telón, la tristeza y el jazz, y el de aquella zorra antifaz. Entré después de la función a disfrutar con mi alma vacía, a pecar por cobardía, sin sentimientos, olvidando todos mis momentos, estaba perdido, en la soledad sumido.

Eso lejos de ser hace meses o años, fue hace dos horas, cuando terminé en el baño, viendo en aquel mágico artefacto mis ojos reflejados por horas, lleno de lágrimas y preguntas, de mi cabello halando las puntas, caminando de un lado al otro lanzando todo lo que tenía, miseria y agonía, era mi éxtasis luego del caos, sí, un ciclo que se ha repetido en años pasados. Salí de allí para buscar aire, pero mi boca estaba sellada y mis ojos sofocados, no sabía donde ir, a donde irme a morir. Escuchaba innumerables gritos en mi pecho, escuchaba mi corazón maltrecho, escuchaba todas mis enfermedades recorriéndome, escuchaba el estetoscopio auscultándome, pero no escuchaba mi voz, y cada vez más sentía el frío metal de una hoz, mientras veía cada lámpara y cada poste de cada acera, y el frío de la noche no me dejaba otra opción más que arrepentirme de mi vida entera.

"Me verás,
atrapado en esta enorme ciudad,
no todo lo que brilla es real,
mi boca ya no puede hablar,
solo voy a escuchar..."

Caí en cuenta, y divisé la banda que tocaba esa noche en aquel bar, habían pasado un par de horas más, y ya estaba bebiendo otra vez, atrapado en una agonía que cristalizaba con las cuerdas, con el sonido puro de un cuero que se templaba una y otra vez, y en la voz que escuchaba en mi corazón retumbar. Termine de escuchar hasta el final, hasta llorar, luego salí a otra vez no sé que buscar, pero caminé más y más, iba observando cada ventana, cada puerta, cada edificio, cada brillo, cada luz, cada carro, cada bus, cada persona, cada dolor, cada sueño, cada felicidad, cada realidad. Era un mundo abierto para mi y cerrado para los demás. Cada vez el frío me recorría más y más, cuando pensaba que no habría más, llegaba más, y más, quizá eran 8 o 9 los grados Celsius que rodeaban mi cuerpo, por ello deliraba y no distinguía mi verdad.

Volví a caer, pero esta vez en el suelo, estaba aturdido del silencio, destruido por dentro.

Nunca me había sentido tan completamente solo.

Nunca había visto el deseo de mi cuerpo hacerse tan realidad, porque es un impulso, una inercia, a alejar todo lo que brilla a mi alrededor. Rompí a llorar como un niño, estaba allí bajo el Times Square, golpeado, sin rumbo, con un olor a soledad mezclado con alcohol, en mi miseria más escondida y recóndita, en la verdad escondida tras la mentira de sobriedad y perfección, con la corbata echada a un lado y el saco olvidado en la habitación de aquel hotel, donde deje mi dinero, mis documentos, y algo de semen regado en el cuerpo de alguna desconocida prostituta, yo perdido, yo atrapado.

Caminé hacía el Central Park sin querer, pasé por allí donde mataron al célebre beatle en aquel invierno de 1980, allí en aquella noche divisé tanta oscuridad que mi alma se arrugó, sentí el frío ya adentro, esta enorme metrópoli había llegado hasta los confines de mi cuerpo, absorbiendo mis miedos y alimentándose de ellos, viendo como caminaba desde su vista cenital, desde su metro inmortal y siempre activo, desde las sirenas de los policías y desde los tablones de Broadway, introduciendo en mi la culpa que sentía pero que había ajenizado, sin hacerme recordar lo bueno que tenían mis años como humano, me hacía sentir basura como citadino, como lo que soy y siempre seré con favor del destino, caminando bajo la gran manzana, pasando por la zona cero, por supuesto, sin haber dormido.

Fue una triste noche, y nunca desperté porque obviamente nunca dormí.

«hay muchas manzanas en el árbol,
pero si coges New York estarás tomando la gran manzana».





Nos dormimos







No sé por qué, pero te vi y de inmediato imaginé el día en que nos encontráramos allá. 

En esa linda cama, buscando con ansias lo más deseado por nuestro más íntimo instinto animal, allí donde encontramos nuestros más intensos deseos, nuestro nombre de fondo, de sustantivo. Olvidemos lo que somos y lo que no, vayamos a la más cercana base espacial de despegue, para irnos, y luego venirnos. Quizá Mercurio, quizá Neptuno, pero sea el último o el primero de los planetas, este no será nuestro último polvo. Todo comenzó cuando nos miramos, y terminará en una sonrisa y tu mirada perdida en mi pecho, con tu cabello en mis ojos, perdido en tu limbo, sumergido en tu mundo. Y se convertirá la historia en una fábula cuando a mi camisa le salgan alas, a tu brassiere le salgan un par de lindas piernas tan lindas como las tuyas, cuando a nuestro pudor se le ocurra irse al aeropuerto a tomar el primer vuelo hacía un destino desconocido, porque nuestra desnudez dejará prueba ciega de que no se ve lo que se ve cuando se desea ciegamente. Es simple: no se piensa. Y tu no lo pensaste dos veces antes de dejarme con la boca abierta en tiempos de insectos, cuando destapaste tu pecho y me regalaste un par de aureolas de belleza maravillosa. Eres malditamente hermosa. Tus labios sellaron a los míos y caí en un juego de seducción que describió el placer de las noches siguientes, pues se convertiría en una adicción. 

Fuimos un espectáculo, para mis ojos y los tuyos encanto, porque la tentación existió y se fue, porque de inmediato dejo de ser tentación para convertirse en realidad, tu cuerpo y el mío hicieron contacto, como en unos años los alienigenas y los terrestres, harán contacto. La diferencia está en el cociente, en la necesidad, porque allí tu lengua llegó a un punto de declive que no logré superar en el primer contacto, siempre es el más difícil, tanto que me ericé, y llegué a pensar que sería cuestión de minutos. Pero algo en mi cree en la eternidad, y deseamos juntos que el momento fuera eterno, y así fue por cierto tiempo, porque la eternidad dura cierto tiempo. Te mordiste los labios y me mostraste el objetivo de manera contundente, tanto que tuve que entablar una conversación con él de manera exhaustiva para poder negociar los términos del contrato, apliqué mi mejor labia y mi mejor lenguaje, hasta que sentí que la satisfacción de haber ganado la discusión me había quitado la sed, o quizá fue otra cosa, no sé. Entonces fuimos a la mesa y nos sentamos para concluir, mejor dicho, te sentaste, a mi me gusta permanecer parado, sea en el metro o sea allá, y allí, adentro, como la canción del residente. El calor me hizo sentir sofocado, tu espalda sudaba y dulce e irónicamente me mojaba, tus caderas me hacían alucinar, y la luna nos miraba con cara roja por la ventana, era tan inocente, pero ella sabía lo que veía, una vez tuvo un hijo, el hijo albino de la luna. La combinación de movimientos, pasión, velocidad, pulso, sangre, sudor, hizo de aquella velada un lugar inhóspito que solo habitaban los más impuros animales, porque en esa habitación solo estábamos nosotros, y nos acompañaba la lujuria, la lascivia de tu lengua y el calor de nuestros sexos. La presión era parecida a la del Himalaya, faltaba el oxígeno, y sobraban las exhalaciones, locura e inconsciencia de actos, es como recibir un impacto de bala e introducir más la bala, más y más, más profundo, hasta el límite. Fue entonces cuando llegamos al límite, lo sobrepasamos, terminamos y nos dormimos.