Porque es amor.
Robar y dejar sin nada.
Allí hay mundos paralelos que se presentan sangrientos.
Una sonrisa se esfuma, y nadie supo... todo fue sin sentimientos.
He de haber sido una carnada.
Pero era vacía.
Ladrón, ladrón de nada.
Qué pasa, que pasó.
Se esfumó con ápices de ladrón.
Y ya sabéis, imbécil, ladrón de nada.
Mal interpretado el presuntor.
Ya sabéis, palabras inexistentes que escribo sin pudor.
Descarado, con muchas caras.
Es disponibilidad, es libertad.
Así que podemos correr por la sabana.
Sin pensar en sábanas.
O guardar silencio.
Y dejar todo para mañana.
Pues ya lo sabéis.
El ladrón planea, planea para nada.
Cambia la perspectiva, sonríe por nada.
Repeticiones inconclusas, con lindas sonrisas...
Puntos, comas, y más caricias.
No cumplimos la palabra anhelada de aquella voz lujuriosa que solo buscaba excusas persuasivas.
Ayer dijimos, que iríamos a misa.
Y mira, no hicimos nada.
Já, me encanta tu mirada altiva.
Pero otra vez, te robé.
Soy yo, tu ladrón de nada.
