Y vuelven los momentos, vuelven y se presentan como magníficos, o como inhóspitos, palabras esdrújulas para versos líricos, palabras vacías que crean textos exóticos, lujuria de momentos, momento de pensar, pensar sin movimientos, pensar, solo pensar. Se recuerda lo pasado, se revive aquel muerto, se rememora lo indeseado, se refresca lo incierto, caen dudas del cielo, llueven hojas de anhelo, llueven gotas de dolor, de decepción, marcas y huellas sin canción, monedas sin valor.
Y de lo más pensado surge lo inocuo, sensibilidad que tiene el sentido, y visualización que tiene la vista, indudablemente me sofoco, me doy cuenta que estoy embebido, en un cubo sin aristas, en simples cumbres del tiempo barroco, y por más que lo diga no es bien sabido, que aunque corra no tengo pista, sin rumbo camino como un perdido párroco, y aunque la santidad no se me ha concedido, pienso pasar a la historia escribiendo mi nombre en aquella lista.
Parte de lo invisible que sucede en vez de lo importante, parte de lo visual que se escapa por desconcertante, mejor es ir corrido y sin pensar, mejor es caminar y un mapa hallar, pero obviamente hay que tomar esos caminos fáciles, para lograr esas inherentes maniobras hábiles, cuentos sublimes que se echan a llorar, cascadas de sonidos que llegan a tu oído, letras que se pierden en el medio del sofá, mientras vos y vuestros recuerdos no paran de caminar, y sabrás en determinado momento que vuestra meta habéis cumplido, cuando después de una simple y llana caída no llames a tu mamá, por ende recurro al disco girando, por ello canto este verso llorando, por eso es que matan a los más malandros, por palabras feas que se mezclan inefablemente en la lírica de un pobretón hablando.
Con cada letra sin igual y sin concordancia, se resumen los besos que me debes con elegancia, he de recordar que el deber nace de la confianza, y si no lo recuerdas vos me la habéis entregando como águila mansa, inspiración eres, repito la afirmación, pues crecieron por montón, las cosechas sin monzón, quizá habrá sido un tal Ceres, quizá solo fue mi estúpida canción.
Algunos malditos tiburones con muchos dientes rodean aquella isla tan naturalmente hermosa, y quizá esos animales solo aprecian lo artificial de ella, quizá podrían ser lo mejor para ella, pero quizá solo quieren robar su belleza y morder su preciosa estrella, en una labor afanosa, quizá la villa de luz se vuelve distante, quizá todo es culpa del cantante, que no sabe como danzar elegante.
Y si más enredado fuera esto entonces pasaría más lento el tiempo, prefiero encantaros con simples terminaciones de palabras antes que con enredadas palabras que no se inmiscuyan completamente en la disolución de vuestros pensamientos, preferirías lo más inconcluyente en un utópico mundo paralelo, Marxista por derecho de capital y no refiero, sin diferencia y con enredo, para entender simple y desviar complejo, con más que una mirada furtiva y ya más sonrisas en el desvelo, las letras compartidas de las nuevas buenas noches que ahora me atrevo, a enviarte sin consuelo, respuesta esperada ante la lluvia de verano, sin rosas y sin flores en las manos de aquel otoño cercano a la lejanía de tus manos, suavidad y delicadez en la pequeña entereza de tu piel y su puta belleza, sin igual y sin sentido la mirada que me robas, ladrona de caricias y con malicia me embobas, aceleras los pasos de un fantasma silente que se introduce bajo castillos de reyes ingleses, una sangre que se bombea cada segundo más rápido después de divisarte inesperadamente, y son presentes las más indudables ansias de no mirarte porque el miedo no esta para nada ausente, negaciones inconclusas que enredan lo inexistente, burbujas de amor y disturbios emocionales que asesinan a los peces, de nuevo debajo de los castillos ingleses.
