La idea de conocer aquel infierno preadvertido era maravillosa, era un reto de invariables consecuencias desastrosas, yo estaba dispuesto a caminar en esa cuerda floja aun sin tener suficiente experiencia como equilibrista, era muy peligroso, pero a ese abismo no lo quería perder de vista. La oscuridad prometida era implícita, a veces me daba por pensar que solo eran palabras, promesas de hielo en cámaras de gas, una presa de la presunción con ideas fatídicas. Solía decir que si ese era infierno, quería vivirlo siempre, pues era muy bonito, y tenia lindos ojos, un abismo encantador. El fin de aquel cuento de terror para niños no tardó en llegar, motivos ajenos hicieron que alejara mi vista de los abismales aposentos, manos ajenas me sujetaron los brazos y me obligaron a bajar de aquella cuerda floja, que al parecer no estaba tan alta como se pensaba, era solo un piso negro, indivisible, pero no por falso bajo, sino por preadvertido, por palabras que suavizan cualquier sorpresa, sin miedo fueron dichas, demostrando confianza extrema, lo mas hermoso que puede existir, hacia de aquel abismo encantador.
Y me iba, mi metamorfosis sucedía, sucede ahora, como cuando un niño se aleja del parque de diversiones, mirando hacia atrás y esperando volver, aunque supiera que había sido vetado de por vida por derramar la soda en el suelo del café, la esperanza era agua, a ratos gotas, a ratos hielo, y en cuestiones de indecisiones estaba siempre presente, por momentos desaparecía, a veces volvía mas fuerte que nunca. Era un zombie, un muerto con vida, una oscuridad con luz, algo inédito, algo único.
Paralelamente, aquel niño estaba en busca de algún motivo adyacente a las pasadas pisadas, un camino que indujera el recuerdo sin necesidad de recordar la epopeya explicitamente muerta, subliminalmente viva, aquella historia surgió como la más hermosa cura para la más linda enfermedad, era un escenario perfecto, era el clímax de la esperanza que pasaba a ser vapor, intangiblemente perfecta como una nube, como el efímero placer del amor físico, la sensación de una respiración en el cuello mientras cierras los ojos, solo había luz donde se suponía oscuridad, era simplemente perfecto.
Lo más inexplicable para él hasta los momentos había sido hermoso, era aquel renombrado hecho de que la oscuridad tiene luz, era la demostración física de que los agujeros negros son reales y que la vida que tenemos es en dos dimensiones originales, que las demás son hologramas; en Estocolmo le esperaban las suecas desnudas, eran muchas coronas, fama y prestigio lo que le aguardaba por semejante descubrimiento, pero antes de poder disfrutarlo la realidad azotó la imaginación, y el clímax de lo que había descubierto no había llegado, jugó con fósforos europeos, y habría de pagar las consecuencias, todo parecía perfecto, hermoso, pero no era mas que una pesadilla lumínica.
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