Si hemos de aceptar un concepto para la palabra ‘arte’ creo que los seres humanos tardaríamos años en llegar a un acuerdo, si es que se llega a uno, pues el arte suele ser parte de la cultura en sí, aquella cultura de la cual todos deberíamos de tener conocimiento y –al menos- noción, una cultura que yo llamaría universal: la de la vida misma. Dentro de esta cultura universal hay muchas otras culturas más específicas, tanto de tiempo como de espacio, y estas suelen desviar los caminos de los artistas y de los intérpretes del trabajo de los artistas, por ende las ramificaciones del arte son muy extensas y complejas.
Si mi opinión fuera llamada al estrado ella diría que el arte es una herramienta de los seres humanos para expresar ideas y sentimientos, para materializar lo intangible y hacerlo un producto que pueda ser apreciado por alguien más. Suelo preguntarme qué es más importante, sí el arte materializado como tal o la interpretación que recibe dicho producto artístico; casi siempre llego a la conclusión de que importa mucho más la interpretación que se le da a la expresión física del arte, pues según mi parecer entre más interpretaciones se le puedan dar a un producto artístico más calidad de arte tiene. Ejemplificando, si un objeto fue creado por un artista con el propósito de comunicar un mensaje relativo al racismo pero alguna persona lo analiza y concluye que posee un mensaje referente al aborto, sería un hecho bastante positivo para el artista y para la cultura en general más que nada, ya que sobrepasaría las expectativas iniciales del artífice y aportaría más al mundo cultural.El arte puede tener también una finalidad estética, esa que busca deleitar –alguno, sino varios o inclusive todos– los sentidos y transmitir sensaciones y emociones a través de ese único carácter creativo del exponente artístico, que incluso pueda hacer reflexionar y trascender, sin necesidad de llevar algún mensaje implícito, a los intérpretes de aquella muestra de arte. Ya lo he señalado, el arte viene dado por la interpretación que se le dé al recurso utilizado por el artista para expresar su idea, aunque parte fundamental de ello es la calidad de la técnica que tenga el producto artístico en sí. La pregunta que podría venir al caso sería la siguiente: como tal ¿qué objeto o cosa puede ser considerado arte? Según mi parecer, el objeto debe tener ciertos matices artísticos predeterminados, por ejemplo, si un teléfono celular está sobre mi mesa quizá no lo vea como arte, pero si lo veo pintado en un cuadro tal vez lo considere arte. Es decir, el arte debe buscar cambiar la perspectiva del intérprete, llamar la atención, innovar al servicio de los sentidos y buscar crear sensaciones inéditas en los usuarios. Cuando un objeto es capaz de provocar eso antes mencionado ya es trabajo humano el resto, transmitir la información al cerebro desde cualquiera de los cinco sentidos y una vez allí, el hecho más importante: comparar con lo que se entiende en la cultura propia del intérprete como algo estimulante, creativo y artístico, luego es trabajo residual del humano el analizar y examinar el mensaje que pueda tener una obra artística.
‘Every man is an artist’ dijo alguna vez Joseph Beuys, y esto no quiere decir que todo lo que haga un hombre o una mujer sea arte, sino que cada ser humano tiene la capacidad de crear arte y de hacerla posible también, pues el arte no es solo hacer, sino también interpretar. Sin las interpretaciones no existiría el arte, nadie tendría la capacidad de diferenciarlo de algo más y simplemente estaríamos a la deriva a la hora de hablar de algo que no existe.
Es un trabajo en conjunto, es la armonía del mundo la que nos permite examinar y tener un propio concepto de lo que significa arte para cada ser humano, nos movemos al mismo ritmo sin darnos cuenta y no solo en los tiempos actuales, sino en todos los tiempos desde el inicio de la consciencia humana, inmemorables serán quizá los inicios del arte pero sabemos que el ser humano está en un constante estado de transición, una constante evolución que nos lleva a cambiar cada segundo las cosas, quizá cada segundo ocurre una metamorfosis como la Kafka en alguien aislado y no lo percibimos, es trabajo del arte hacernos ver esos cambios, es trabajo de algún artista escribir otra obra como Las Metamorfosis de Ovidio para que nos demos cuenta de que es lo que sucede en el mundo desde otra perspectiva y siempre estimulando la imaginación, aquella que Einstein decía que debíamos utilizar solo en casos de crisis, pero ¿y sí quizá es trabajo del arte hacernos creer que estamos en constante crisis? Hay que recalcar que la exégesis de cada ser humano para con el arte es lo fundamental, nadie dice que hay que hacerle caso a Le Petit Prince y la locura de que ‘lo esencial es invisible a los ojos’, pero si en un mundo paralelo como el de él viviéramos, tal vez los sentidos no nos sean de mucha ayuda, simplemente funcionarían como transmisores y el arte solo sea creado en la imaginación.
No es cuestión de decidir y hacer un consenso mundial para definir arte y conceptualizarla, ¿por qué hacer eso? Por qué si el arte fue creado para ser subjetivo, para que complejamente dependa de la mente humana y no de reglas implantadas y predeterminadas, el arte es lo más relativo que puede existir, es la muestra inherente de que la verdad absoluta no la posee nadie, de que el libre albedrío es la posesión más valiosa que tenemos. El arte es un instrumento que nos hace percibir el tiempo, es aquello que nos abre las puertas hacia nuevos mundos, no necesariamente ha de ser algo lindo o perfecto, algo magistral o altamente técnico, solo debe ser estimulante, debe ser la chispa que enciende la imaginación. Si me preguntan del arte, es relativo, hay que ver, oír, probar, oler, tocar, hay que sentir, para luego imaginar, es ambiguo, justo como la existencia humana, como la vida misma.