Tic toc, sonaba y sonó,
todo inició tan pronto acabó.
La ciudad se liberó,
y aunque debo admitir en el momento menos indicado,
liberada quedó.
Se perdió, se perdió,
gritaba el ruiseñor,
hasta el día en el que llovió.
Perdí tanto al verte marchar,
perdí tanto que no lo puedes imaginar;
perdí demasiado,
perdí lo anhelado.
Lo peor es que lo perdí en mi propio templo,
en mi propio juego, en mi propio aposento,
porque al fin y al cabo fuiste mi peor pérdida... de tiempo.