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Sucia y vacía





Hoy aquí caen tus lágrimas, talladas en mi decepción. Esta noche me ha sumido en la peor de las noches que llamo temporales, porque son esas en las que quieres devolver el tiempo. Esta temporal ha sido marcada por la desgracia de tu desdicha al romper tus palabras cernidas en mis oidos, y por consiguiente al romper mi sonrisa vertida en tus palabras.

Y mi corazón siempre va unido a mi sonrisa.

Fuiste una más durante algún día que ni siquiera quiero saber cuál fue; mi imaginación si bien te imagina, no te quiere observar. En el suelo tirada como una vagabunda, en el suelo desvestida a medias, enjugando tus lágrimas con tu suciedad, pues estás vacía y sucia, con tu entrepierna aún humeda y tu pecho aún rojo: una patética puta triste, sucia y vacía.

Tus lágrimas son las que le dan la razón a mi excéntrica imaginación, porque hasta mi nombre fabulas haber dejado escapar, hasta lágrimas después, y una historia por contar. Sabías que no estaba bien y que habías roto algo más allá de lo que habías perdido en aquel lugar. Sabías que tomaste unas tijeras y cortaste las arterias que conectaban nuestros corazones; era un pacto físico, pero no menos importante, pues, ¿de qué estamos hechos? ¿De sentimientos? ¿O de malditos miembros y corazones? Tu mutilaste la vida entre dos, tú y yo.

Te respeté e ilusé mis palabras, las cumplí hasta el día en que tú no, ¿cómo iba a cumplir algo que ya no existía ni iba a existir más? Confié ciegamente, y ese fue mi error, debí destrozarte cuando pude, sabiendo siempre que eras una patética puta triste, sucia y vacía.

Llegaste tantas veces a rogar, a suplicar; llegaste tantas veces a mí, a mi entero, a mi ser, a mi cuerpo; llegaste una y otra vez, pero no quise apurar las cosas por el simple hecho de que lo bueno siempre ha de tardar, no se puede construir un verdadero acto de amor sin antes una larga y bonita espera de esas que aumentan el deseo y lo dejan plasmado de por vida en los corazones; nada más lindo que darle valor a cosas tan simples en la vida, porque no soy ni eres una mente prehistórica, estamos rodeados de ellas que es distinto, cariño, pero eso no quiere decir que podamos tomar unas que otras costumbres del siglo diecinueve.

Pero tu falda voló, tu sencilla actuación fue deprimente, allí, disfrutando algo tan vacío, regalando algo tan prohibido, regalando un tres a un portadiez, dejando de lado y vacío también al mísero portatrés, iluso sonriente del 219. Heme allí en aquel lugar, muy distinto al tuyo, cuando debía ser el mismo. Lástima que no recuerdo, pero probablemente sentí que un hilo rojo se rompió, que la arteria había sido cortada, probablemente sentí que siempre habías sido una patética puta triste, sucia y vacía.