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En tus pupilas





Mírame sonriendo y regálame una sonrisa, no me mires llorando y evitemos el llanto, abrázame y date cuenta de cuanto, te anhelo en mi vida sumisa, calmada y resignada, sin ti, práctica y teóricamente sin nada, léeme con atención porque necesito robarte un roce en los labios, un beso, aquello que no conocen los sabios, porque se pierden de la vida y precisamente de eso, hoy más que nunca quisiera concentrarme en ti y en nada más que en ti, vivir en la vía láctea de tus ojos, por ti, perderme del mundo y llenarme de despojos, dejarlo todo atrás, que nunca me haga falta mirar detrás, ni mucho menos colocarme un disfraz, solo ser yo mismo allí en tus brazos, sin mi alma vuelta un millón de infinitos y pequeños pedazos.

"Quand tu me prend dans tes bras,
quand je regarde dans tes yeux,...

Entonces escucho la guitarra que suena dentro de tu corazón, siento algo en ti, algo entre los dos, quizá un alma, o una vida entera, quizá un amor de siglos o un beso de segundos, me pierdo en este mundo con solo mirarte, con solo escucharte. Cielo, sé que este par de pupilas te admirarán tanto que desearás besarles hasta que te deje de mirar; y solo así nacen los besos eternos. Escucho el latido de tu piel dentro de mi voz, cuando miro el sabor de tus gemidos y el olor de tus susurros, y me encanta hacerlo cada vez que siento tus ojos probar mi sonrisa, y la calidez de mi mirada, la seguridad de mi voz y el llanto de mis oidos al no escuchar tus caricias, ni el recuerdo más infinitamente pequeño de tus perfectos labios.

...je vois que dieu existe,
c'est pas dur croire."

Te has convertido en las venas de mis brazos, quizá no siempre presentes pero siempre bombeando, latiendo, migrando, enamorando, aorta y ventrículo, corazón, no pienses que te irás y me voy a resignar, por ti hasta Pompeya y Atlantis, por ti un café y una lluvia de tristeza, una ventana humeda y un rostro pálido reflejado, en ti una luz de posición trasera que me indica donde estás, y las intermitentes ámbar por supuesto, que me dicen hacia donde vas, e insisto hasta dejar de desistir, desisto de dejar de insistir siempre que me veo allí, reflejado en las pequeñas lineas de sangre que corren por la lamina fusca de tu esclerótica, y al final, sé que existes y siempre existirás, que estás, y siempre estarás.

Y siempre estaré, allí en tus pupilas.

En honor a las caderas de S. Mebarak Ripoll.





Siempre se irán





A veces simplemente me doy cuenta que en este mundo todos estamos solos, que las personas con las que creemos contar, en realidad no contamos, que las personas que creemos que nos quieren, en realidad no nos aprecian, que las personas que creemos que nos valoran, no nos valoran, que aquellos que parecen siempre estar, en realidad nunca están, que los que parecen decirnos lo que necesitamos oir, nunca nos dicen nada, que aquellos que dicen necesitarnos, nunca nos necesitan, que aquellos que dicen que sin nosotros están perdidos, nunca nos buscan, que los que nos dicen te amo, lo dicen de manera falsa, que aquellos que nos aman, solo nos hieren, que aquellos que parecen sinceros, siempre nos mienten, que aquellos que siempre se disculpan, es porque siempre nos hacen algo malo, que aquellos que nos piden perdón, lo hacen por conveniencia, que aquellos que dicen enseñarnos, lo hacen a medias, que aquellos que dicen acompañarnos, se vuelven invisibles, que aquellos que te besan, se limpian luego los labios, que aquellos que te abrazan, son carteristas, que aquellos que te miran, te critican, que aquellos que te guían, no saben a donde van, que aquellos que te sorprenden, son ilusionistas, que aquellos que te dan agua, te la dan con sal, que aquellos que te dan de comer, te dan las sobras y migajas, que aquellos que te peinan, te dejan en ridículo, que aquellos que te visten, te aprietan de más, que aquellos que te dan la mano, te apuñalan por detrás, que aquellos que te sonríen, también le sonríen a todos los demás, que aquellos que te consuelan, te tienen lástima, que aquellos que te ven llorar, nunca te secarán, que aquellos que te ven gritar, no te dejarán desahogar, que las personas que quieres, alguna vez faltarán, que las personas que amas, no te corresponderán, que aquellos que nunca abandonarás, nunca estarán, y que aquellos que dicen para siempre, siempre se irán.






Común VII





El yesquero falló, nunca prendió, tuvimos que buscar un par de lentes lacreosos y ponerlos al sol, lo sabido debajo y esperar que saliera el olor, se rotó y se prendió, pero no como se esperaba, sino de manera improvisada, y no sé, cuando se busca la perfección, eso no complace al buscador, es como dar en vez de diamantes, carbón.

Lo mismo sin ser lo mismo, ¿sí captas, carajita?

O sea, ¿en quién te has convertido? Me gustan los cambios pero no me gustan los cambios. ¿Sabes algo? En esta vida todo es conveniencia, ¿acaso no sabías que el dios humano abreviado drae se modifica cada diez años más o menos para facilitarle las cosas a sus sirvientes? Maldita sea eso es insólito, y es un dios, y si lo niegas a tiros te parto en dos. Aquí no se juega carritos ni que sean de hot wheels, lamentablemente ahora los niños juegan a que bachaquean y recorren un sandbox de la ciudad donde viven para conseguir lo que necesitan, al más puro estilo de CJ, Niko Bellic o Tommy Vercetti.

Me gusta esto, pero no me gusta aquello. Sería genial si pudieras darme más de esto y ocultarme aquello, pero qué va, qué vas a saber tu de hacerme feliz. Aquí en Caracas tenemos un adagio que la da, y es que ¿qué vas a saber tu del amor si nunca has viajado en metro? Y cuando se junta con el no por mucho ver el tunel llega más temprano el tren la prende y se desborda el thug life.

Te espero entonces, pa' dar un paseo de Propatria a Palo Verde.

Mientras ando enclaustrado y desocupado, porque faltan millones pa' los profesores y nadie es capaz de darlos ni que estemos en tiempos próximos a elecciones. Para ser sincero aún no sé cual será el destino de mi dedo al ver la maquinita azul, pero si me levanto arrecho se puede prender, otra vez. Ya se sabe que no me gustan los planes de mano diestra pues soy de ideología siniestra, pero el castigo es parte fundamental de esta vida, pues como dirían en la WWE, a veces hace falta un poco del extinto pay per view no mercy.

Por eso castigo cuando recibo daño, a mi manera, obviamente, no con sillas y escaleras, mazos y mangueras, si no con desdén, indiferencia, y un poco de crueldad. Si no se castiga no aprenderá, hará lo mismo una y otra vez, pero me doy cuenta cuando escribo este tipo de cosas, que no funciona nunca, y de todos modos, no puedo dejar de actuar como tal porque aquello es natural. Entonces es cuando me dan ganas de rendirme y no enseñar más, de echarme al olvido y no dar más, pero tampoco puedo hacerlo así sin más, porque trae sus consecuencias bien formadas al ritmo de un extraño compás.

Estoy condenado a sufrir por ti, y estoy en proceso de aceptarlo.

Hace exactamente tres años ocurrió un hecho que le dio en parte el nombre a este blog, y es cuando se me vienen a la mente miles de escenas que causaron un fracaso, el peor de mis fracasos y destrucción al vacío. Un par de joyas derivadas también del mismo hecho, aunque no en esencia si en consecuencia. ¿Arrepentimiento? No, quizá no, pero si un poco de sinsabor y desazón. No me gusta fracasar, ni menos el desamor. Son los dos grandes problemas que he tenido en mi vida, y no porque haya tenido muchos, sino porque me gusta mantener mi record invicto en éxitos y romances, y cuando suceden sus antónimos, es un golpe fuerte. Es estar lanzando un juego perfecto en el noveno, y lanzar cuatro malas, y es sacar luego un out, estar a dos del no-hitter, y recibir un tubey al center, y es estar ganando por dos carreras, sacar el otro out, y luego recibir un jonrón con aquel par de hombres en bases, a falta de un out.

Si no entendiste porque no sabes nada de pelota, te lo resumo: un decepcionante triple fracaso a falta de instantes para la gloria eterna. Es algo así, no son muchos hits ni carreras, es simplemente que fueron punzo-penetrantes, fueron extremadamente decepcionantes.

Así como todo termina, todo cambia, y cambiar es una forma de terminar.

No sé como concluir porque se me está olvidando como epílogar, quizá ya me cansé de tantos finales, y ya una vez lo dije, es difícil empezar, y más si es de nuevo, desde cero, por eso solo busco estabilidad, pero vaya que objetivo tan difícil de ejecutar, a veces siento que no se puede, pero no pierdo mi esencia ni se me han borrado aquellas gotas de esperanza de mi espalda, y aunque a veces desaparezca, siempre vuelvo a aparecer, o me hacen aparecer, eventualmente siempre se salva todo de irse al garete, ya sea por habilidad, o por suerte, todo sucede mágicamente, como un siete.




Desapareció (II)





—Acompáñame.
—Me siento mal, no quiero.
—¿Y si te doy un beso?
—Es en serio.
—Bueno, quédate aquí.
—Vale...
—Ya vengo, ¿estarás bien?
—No lo sé.
—Bueno, igual es rápido.
—Ok.




—Dígame la hora hija mía.
—Ocho y cuarenta y cinco.
—¿Tiene usted problemas?
—Ninguno, ¿por qué?
—Hija, tengo años sabiendo sobre cosas que solo mis ojos ven y que las mentes ajenas no saben.
—Me temo que no entiendo, señor.
—¿No cree que es un lindo día para morir?
—No...
—Érase una vez un niño al que le regalaron una caja con todos los secretos del mundo, pero nunca le dijeron que tenía todos los secretos del mundo, aunque él lo suponía, no lo sabía en realidad. Un día dejó la cajita sola, en su cuarto, por dos horas. Luego la cajita no estaba.
—¿Qué le pasó a la cajita?
—Nunca se supo, se dice que alguien en el mundo tuvo una hora con cincuenta y nueve minutos, cincuenta y nueve segundos, y novecientas noventa y nueve milésimas de tiempo libre, y eso fue suficiente para que la cajita le perteneciera.
—Creo que no entiendo.
—Eso es porque aún no has ido a buscar tu cajita.
—¿Cuál cajita?
—¿Tan rápido la has olvidado?
—No entiendo, me voy.
—Al menos tenla en tus recuerdos, hija mía.




—Hola, ya estoy en casa.
—...
—Hola, amor, ¿dónde estás?
—...
—¿Amor?
—...





De música ligera







A veces pienso que yo me voy a quedar solo, hasta que te veo a ti, hasta que noto como estás lleno de una soberbia disfrazada de dignidad, hasta que noto como malgastas tu tiempo en épocas de austeridad, hasta que la vida se ríe de mi al hacerme parecer un tonto gracias a tus acciones, esas con múltiples pinceladas de saña y maldad. A veces no sé que esperar de ti, si lo mejor o lo peor, si lo que tienes o lo que no tienes, si el cambio o la monotonía. Hace tiempo me di cuenta de lo tanto que podías dar, pero esos recuerdos quedaron en la más inmensa lejanía, ahora solo eres un poco de aquello que tanto me gustaba observar, una felicidad y una sonrisa, una que ahora está perdida, en la misma lejanía. Sé que tus intenciones son las mejores pero tus acciones en muchas ocasiones son las peores, cómo se te va a ocurrir esto, y aquello, cómo es que no puedes valorar lo que tienes sin buscar tanto que todo sea perfecto. No tengo moral, y no solo porque tengo tu mismo nombre, tu mismo apellido, tu mismo rostro cuando eras joven, no solo porque también voy en un rumbo desvalido, no la tengo porque soy igual a ti, igual que tú, los mismos gestos, las mismas expresiones, una gran mayoria de similitud, y no solo en alguna que otra virtud, sino también en cualquiera de tus peores defectos. Entonces quién soy para criticar. Soy tu hijo, y si llevamos esto a un tribunal, el hijo siempre lleva las de ganar. Aprendí de ti, todo lo que soy es gracias a tí, y a mi mamá, y mi ausencia de moral se ve desvanecida por tu ausencia de moral, yo tengo ronda al once, tu tienes ronda al doce. Nunca jugamos a las cartas, alguna que otra vez al dominó, hace tiempo una vez al ajedrez, y no hace falta recordar que en tu sangre corría alcohol, porque al parecer solo cuando está esa cosa en tu cuerpo te vuelves alegre y optimista, solo cuando bebes eres tú en tu mejor momento, tú vacilandote la pista. No debiste enseñarme a ser como tú, debiste enseñarme a ser mejor que tú, pero tu orgullo subconsciente no puede permitir eso, nadie puede ser mejor que tú, y como tú eres mejor que yo, no aprendí eso de ti, porque sé que tu eres mejor que yo, ¿lo entiendes? Sabías y sabes desde hace años que tienes un hijo brillante, un par de hijos brillantes, pero especificando en tu primogénito, lo sabias bien, y muchas veces te abstenias a hablarle, a preguntarle, quizá por temor a ser igualado o sobrepasado por tu alumno, maestro. No podías permitir que tu hijo resolviera el problema con la consola de comandos, preferias formatear y restaurar desde un punto de recuperación, me dejabas guindando, sin ánimos a buscar una reconciliación. Poco a poco fuiste creando una aversión desde mí hacía tu parte, te criticaba todo, me encargaba de encontrarte hasta el más mínimo defecto, no podías ser perfecto, y los encontré, mil doscientos cuarenta millones quinientos setenta mil trescientos veintidos de ellos, todos y cada uno detallados y resueltos, no mentiré, no me planteé ser mejor que tú, me planteé no ser como tú, pero ya era tarde, buscar en ti errores con esmerada observación ya era parte de tu legado, mostrar odio a quién amas ya era parte de tu legado, creerme perfecto y superior a los demás porque era un poco mejor que ellos ya era parte de tu inmenso legado, uno que ya corre aquí en mis venas día tras día y hora tras hora. Negarlo todo y siempre justificarlo todo es tu más grande legado, uno contra el que lucho constantemente día a día. Está bien, si a mí me escribieran algo así también lo negara todo y justificara punto por punto, coma por coma, expresión por expresión. Soy un hipócrita y mosquita muerta cuando tengo que serlo, y eso también lo aprendí de ti, porque nadie era mejor que tú para justificar detrás de buenas intenciones tus malas acciones, eras bueno usando la retórica para convencer, pero no tanto, y cuando te veias acorralado, salía la tiranía y el uso indebido de tu jerarquía para demostrar que aquí se hacia lo que tu decías, y yo perdía todas mis oportunidades. Aunque debo admitir con cierta alegría que ahora tus oidos están más abiertos hacia tus crías, quizá lamento que sea tan tarde y que aún quede en el fondo de tu ser, trazas de aquel ser humano que no lo hizo todo bien. Aún así, no tendría sentido decir todo esto si no admito que todos cometemos errores, y estaría pecando de ti si no perdono los tuyos y te acepto como eres. Hoy en día siento de tu parte cierto desdén, y mañana en día no te puedo asegurar que me puedas ver, quizá me marche lejos, o quizá se me arrugue el corazón y te venga a visitar una que otra vez, y aunque lo que menos parezca esto es un agradecimiento, en realidad no es nada más que eso, muchas gracias por hacerme ser quien soy, porque después de todo me siento orgulloso de quién soy, quizá gracias a ese egocentricismo que aprendí de ti, quizá también gracias a ese orgullo que rescaté de ti, pero si te fijas, todo es gracias a ti, y no me quejo, porque es de débiles desear máquinas del tiempo, ¿y quién más fuerte que tú? Si soy fuerte es gracias a ti, nunca te he visto decaer tanto como para decir que eres débil, nunca te he visto siquiera decaer más que un par de veces, solo dos miseras e ínfimas veces, ¿qué clase de pacto diabólico hiciste? Puedo contar con mi índice, mi anular y mi pulgar las veces que te he visto llorar, y con los dedos de mis manos las veces que te he visto la garganta anudar. Admiro eso, pero no quiero eso para mí, si te soy sincero tú me das ganas de ser humano, y de no ser perfecto, y aunque no eres perfecto, para nada, debo decir aunque hiera mi orgullo que te acercas bastante a ello, solo que con el tiempo tus defectos tapan eso, y tu mismo ocultas tu luz. Tu eres soberbio pero a la vez humilde, y yo lucho cada día más y más para ser cada vez más y más humilde, aunque me guste ser soberbio, siento que no debo serlo porque la vida da muchisimas vueltas. Puedo contar y no llego a cien, de las veces que me has abrazado, puedo contar y no llego a veinte las veces que he sentido que te sientes orgulloso de mi, no puedo contar las veces que me has dicho que te sientes orgulloso de mi, porque no se puede contar lo que nunca ha pasado. Puedo contar con los dedos de un píe las veces que me has felicitado por algo que no sea mi cumpleaños, y puedo contar, y no llego a veinte, las veces que hemos tenido una conversación como un par de amigos de muchos años. Pero tampoco puedo contar las veces que le has faltado el respeto a mi madre, ni las que has faltado a la casa, tampoco puedo contar las veces que me ha faltado comida, ropa, calzado, no puedo contar las veces que he tenido que pasar trabajo, no puedo contarlas porque nunca han pasado. Aún así a veces preferiría tener más te quieros que regalos de cumpleaños, más abrazos que años bien alimentado, más sonrisas y días alegres que días tristes, incómodos y atemorizado, a veces preferiría haberme sentido más comprendido que juzgado, y a veces, solo a veces, preferiría tenerte ebrio hablándome que sobrio ignorándome. Pero no puedo cambiar el pasado, y la mayoría del tiempo tampoco quiero, repito, es de débiles desear máquinas del tiempo, por lo que acepto todo lo que soy y todo lo que eres, todo lo que tuve y lo que tengo, y no porque tenga más remedio, sino porque sé que cada quien tiene una historia construida y que fue forjada por cada una de las acciones de uno mismo, y aunque la crianza es el hecho que más se aleja de esa realidad, aún sigue siendo parte de ella, porque aún cuando apenas nacemos tenemos libre albedrío, de llorar, de abrir o cerrar los ojos, de balbucear, de mover las piernitas o los bracitos, y eso al fin y al cabo es una acción, y como bien dice aquella ley, cada acción tiene una reacción igual y contraria, y nadie escapa de esa ley tan natural como la naturaleza misma. Con mucho por decir pero sin más que decir por ahora, se despide tu hijo, y aunque quizá nunca te enteres de que escribí esto aquí para tí, aquí está mucho de lo que tengo por decir, papá.

Gracias totales, diría el difunto de música ligera.






Incondicional






¿Por qué si he sido tan cruel aún hay personas que me aman?
¿Por qué si he hecho tanto daño, aún desean tenerme a su lado?
¿Por qué si trato mal, con odio, me tratan bien, con amor?
¿Por qué si hago tanto mal recibo tanto bien?
¿Por qué si he sido tan malo, han sido tan buenos conmigo?
¿Por qué?

Un monstruo, un perro, una rata, una piedra, un filo cortante, he sido de las peores cosas con varias personas, he hecho las peores cosas a varias personas, y siguen allí, como con un síndrome de estocolmo, como un masoquismo necio e innecesario. Y no comprendo.

¿Por qué si les hago mal no se van?
¿Por qué no recibo lo que en realidad doy?
¿Es todo esto una trampa?
¿Dónde están las cámaras?
¿Esto solo me pasa a mi?
¿Por qué no estoy solo?
¿Por qué aún hay gente preocupada por mi?
¿Por qué aún le intereso a tantas personas?
¿Por qué me sonrien? ¿Por qué me miran?
¿No soy un monstruo?
¿O acaso no he hecho tanto mal como puedo?
¿Aún me falta para ser totalmente un monstruo?
¿O simplemente son ciegos?
¿El amor es ciego?
¿Existen ojos en el corazón?
¿Cómo puede haber amor tan intenso?
¿Cómo puede parecer existir un para siempre?

Mirándote a los ojos.

¿Por qué sigues escribiendo para mi si te dañé tanto?
¿Por qué me amas tanto si yo a ti no te amo?
¿Por qué aún sigues allí?
¿Por qué aún te importo tanto?
¿Cómo puedes estar sangrando y aún así protegerme?
¿Cómo puedes estar a punto de morir y aún así luchar por mi?
¿Cómo puedes demostrarme tanto cuando yo no te demuestro nada?
¿Cómo puedes sorprenderme cada vez más con tu abnegación?
¿Qué me ves?
¿Qué tanto admiras en mí?
¿Qué tienes en mente?
¿Qué puede hacerte hacer todo esto?
¿Cuándo dejarás de amarme?
¿Cuándo es que empezaste a dar tanto por mi sin recibir nada a cambio?
¿Cuándo te darás cuenta de que no valgo la pena?
¿Cuándo te darás cuenta de que soy solo uno más del montón?
¿Dónde te enamoraste de mi?
¿Dónde empezaste a verme perfecto?
¿Dónde fue que caiste en mi vicio?
¿Dónde piensas terminar?

Fui cruel, victimario, causante de miles de lágrimas, muchas de ellas cayeron en mi piel, en mis hombros, fui un insensible, fui una escoria que te ilusionó y luego se marchó, entonces, no comprendo, me temo que no.

¿Por qué tus letras aún llevan mi nombre entre lineas?
¿Por qué sigo viviendo en tu corazón?
¿Por qué?

Estoy perdido, mi vida no tiene sentido.
Nunca creí del todo en lo incondicional, pero dime, ¿simplemente todo se reduce a que eres una amante incondicional?






Infinito (III)






Quizá puse los pies en el suelo, quizá ya caí.

He entendido que las respuestas las tengo yo mismo, solo que me había perdido un poco en el camino. Quiero hablar primero de la ausencia de una inspiración, de la ausencia de creación, de que todo se ha ido de repente y me he quedado vacío, ausente, insatisfecho, como una mujer que no fue complacida por el ingenuo marido, como un pequeño pajarito sin alimento en el nido. ¿A dónde se fue? No lo sé, le hacía esa pregunta a alguien más hace unos días, y ahora yo mismo me la hago a mí, y sin retóricas ni fantasías, no sé la respuesta, no tengo ni idea. He pérdido el interés y no sé como recuperarlo, aunque quiera, no me sé su número para llamarlo, interrogarlo, preguntarle, constantemente, por qué se ha ido, por qué me ha dejado, con bríos y sin cuidado, decaido, desolado. Porque, ¿cómo dejar de lado la soledad si no tengo interés en buscar a alguien más? Me he cansado ya hace tiempo de amar a una soledad, y aunque me sepa condenado a morir solo, quiero vivir acompañado de alguien que me tenga cuidado, estabilizado y controlado, digo esto porque más de una vez gracias a mi inestabilidad he estallado.

Es entonces cuando encuentro la respuesta, pero prefiero callarla porque hay monjas en el prostibulo, y aunque lluevan senos y traseros, hay que cuidar de que no vean lo más prohibido. No se muere con la mentira o se muere con la verdad, no, se muere con la mentira o se muere con la mentira a medias, pero de consciencias sucias y traicioneras nunca puede salir la verdad, está prohibido, terminantemente prohibido.

No hace falta que diga que lo descubrí, porque lo sé desde hace mucho: pido lo que no tengo, pido lo que no ofrezco, pido lo que no doy. Inmoral y sinvergüenza, por exigir que el amor nunca se vaya, por exigir que ni iuí, que ni iuá, por pretender diptongos y triptongos cuando ofrezco hiatos, y tiempos para pensar en si parar o continuar. Ingenuo al creer que sería fácil llegar a tender al infinito, estúpido al creer que lo encontraría pronto, tonto al creer que una vez conseguido sería sencillo mantenerlo. He pecado de humano.

Me ha dejado de gustar la mandarina y el frío, me ha dejado de atraer el café y el libre albedrío, he perdido el rumbo a lo desconocido, y he caído en un sin fin de sistemas conocidos, he pisado las teclas de la monotonía cuando se pedía silencio, y el portavoz ha dicho mi nombre exigiendo que salga del templo, he pecado y fallado, rompí las promesas que nunca me hice por miedo a romperlas, cerré los ojos por un minuto y me perdí la lluvia de perlas, no pude verlas, ni mucho menos tenerlas.

Pero no estoy jodido, no, esto es común, tanto como fugaz, esto es cuestión de segundos, solo se trata de ser listo y audaz, para ser más sincero, se trata de esperar, de tener paciencia primero, de los días no contar, de llenarse de esmero, y lo más ínfimo rescatar, salvar, y encaminar.

Aún así, la conclusión es que me he perdido en el espacio tiempo, y no sé que pueda pasar.




Esta es mi más pura verdad.
Y me avergüenza el hecho de invertir lo invertible,
de crear con dos mentiras una verdad,
de empujar a los que me empujan solo para que me empujen,
de morder la mano más suave:
aquella que me da de comer.

Y me avergüenza pero no me avergüenza,
porque con la cara bien lavada niego todo,
como el propio carajito,
y acuso de metáfora aquello que tiene toda la pinta de verdad,
y que es verdad,
por eso espero mi sentencia,
con café y galletas, analizándolo todo,
buscando mi más cercano infinito.