"Suerte que en el sur hayas nacido y que burlemos las distancias."
Pensé en suerte
porque de la suerte,
el siete
es el número.
Entonces, que suerte que al menos sur y no norte, oriente, pacífico, atlántico, ártico, mediterráneo, polar, Madagascar, Micronesia, Suecia, Bangok, Paris, Tokyo o Madrid.
Suerte.
Vuelves a mi piel, vuelves a mis labios, vuelves a mi ser, vuelves a mis ojos sabios, ves en mi tu futuro y yo veo en ti el mío, ves en las hojas de este invierno tu más libre albedrío, en mi cabello tus manos, bajo las sábanas los pensamientos mundanos, en tu cuerpo mis prendas, en mi espalda tus reprimendas, en los ojos que te regalé un lazo, en mi pecho tu más fuerte abrazo, en tu oreja ese lindo arete, y en mis ojos tu reflejo, ese lindo y tan tuyo falsete, mientras cantas frente al espejo, tu amor y mi amor, una ecuación que ya despejo, extrañamente la incógnita es igual a siete, que complejo.
Un bosquejo viejo que firmemente aconsejo.
Tu uno, dos, tres, cuatro, cinco o seis,
yo seis, cinco, cuatro, tres, dos o uno.
De todas maneras rosas, porque tu más yo, 7, se lee siete.