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Érase


Y no sé, se me ocurrió.

La vida da vueltas ¿cierto? Es épicamente histórico que el 'érase una vez' sea tan textualmente válido para todas las historias y cuentos del mundo. Y Charles Perrault estaría orgulloso de que su «Il était une fois» sea tan divisible, tan utilizable.

Entonces…

Érase una vez, tarde, lluvia, sueño, café y amor.






Amor desesperanzado, café dulce, sueño en espera, lluvia fría, tarde pasajera. Una vez pasó, dos veces ocurrió, pero nadie se percató, de que las cosas habían cambiado, eran dos historias paralelas, eran incluso más, solo que no se podían relatar todas al mismo tiempo.

Nunca es tan tarde, ya ves, el viento es viejo pero aun sopla.
Y como sopla.

Brisas que me traían tu esencia, desde tan lejos, siempre estabas conmigo.
Y el sabor de tus labios en aquel café que nunca probé, el más amargo, pero aún así me encantó.

Aunque no lo probé.
El amor depende del tiempo, y del espacio.
Todo depende de ello, no vengáis a negarlo.
Simplemente quería el más largo beso, de esos que se dan despacio.
Pero tenías que arruinarlo.

Amor fue, amor voló.
Llegó un adiós.
Tiempo de claudicar.
Espacio para finalizar.

Mi amor permanecerá intacto en un recuerdo,
y nadie podrá modificarlo,
ni tú, ni yo, ni las monjas ni los cerdos,
por qué tuviste que arruinarlo.

Creé un universo para ti,
lo rechazaste sin querer,
pero lo rechazaste al fin,
tiempo de volver.

No todo en la vida se obtiene como se quiere,
a veces hay que decir que vas a probar la alfombra roja,
y terminas modelando en la premiere,
el medio es siempre válido cuando buenos resultados arroja.

Entonces me volví un científico por ti,
por demostrarte con ciencia que dios existe,
fui realista e hice lo imposible, por ti,
pero ya esto no existe, ya solo somos alpiste.

No iba a ser fácil, solo sé que valdría la pena,
la valió.
Entramos en escena,
y morimos como Romeo y Julieta, sin adiós.

Tus dedos en mis labios contando los besos que faltaban,
mis labios en tus pechos velando el alimento de nuestros hijos,
tu y yo por las montañas donde los ángeles caminaban,
un amor que tenía toda la pinta de prolijo.

Mírame a los ojos, mira como brillan por ti,
mírame en pasado, porque ya no estoy,
laméntate por mi,
porque ya no estás para mi hoy.

Siempre está ahí el amor,
si una vez existió, nunca se irá,
pero el humano ha de ser fuerte y tener valor,
para hacer a un lado lo que nunca tendrá.

Me obligué a intentarlo aun cuando muchas veces no quise,
por ti mi orgullo ahogué,
por ti mis rabietas deshice,
por ti también me salvé.

Pero tuvimos el lujo de tener un amor imposible,
teníamos el mundo en nuestras manos,
un esfuerzo más que plausible,
nuestras manos juntas en aquel lavamanos,
nuestras miradas cruzadas en ese espejo,
nos íbamos a lo mundano
nuestro amor más rápido hicimos con nuestro reflejo.

Negociamos tantas veces, planteamos posibilidades,
siempre habían desacuerdos,
improbabilidades,
y nunca estuvimos de acuerdo,
ni siquiera cuando tuvimos que terminarlo todo,
pero ya no había modo.

Yo era Charlie Brown,
tu eras Heather,
no te besaba aun,
pero ya tenía tu mejilla y un abrazo aunque fuera leve.

Un lápiz, una pluma, toda mi tinta,
pensaba gastarla en ti, mi musa sucinta,
pero todo salió mal y se arrugó el papel,
se volaron las hojas y llovió el día aquel.

Te besaré en mis sueños,
y te recordaré con un café por las tardes,
sin lágrimas ni pañuelos,
prometo sonrisas y alardes.

Escuchando Canon en D mayor de Pachelbel,
o quizá O de Coldplay,
tendría que ver,
si quiero llorar o quebrantar la ley.

Un lago,
una montaña,
así siempre nos he visto,
a ti, y a mi.

Coquivacoa y Warairarepano nos hubiésemos llamado hace unos seis siglos.

Era magia,
eras tú,
mi savia,
para ti mi gratitud.


Todo esto se lo contaré a mis nietos,
los llamaré, "mis hijos, vénganse,
les contaré una historia muy bonita".

Y todo empezará con un érase.