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La vida es sueño








Justo como un par de rayos de sol entraron ese par de pares de rayos de sol. Por un momento sentí que era tarde, lo suficientemente tarde, pero resultó no siendo ni un poco tarde. Levanté los párpados, hora exacta. En la radio Life on Mars?, y en mi corazón una lágrima de alegría, que fácilmente podía ser arritmia sin metonimia. La ducha frágil y ligera, el café fuerte y pesado; equilibrios. El desayuno parecía de reyes, dos días después de los tres. Cuarenta y cinco minutos y saliendo. Impecabilidades.

Los lentes reflejaban la alegría del sol, de la ciudadanía. Ciudadanía real, sin tener realezas. El vehículo parecía carruaje, y de repente las gotas de lluvia no me mojaban, y el cielo abierto, y a veces cerrado. En la radio del vehículo, Moonage Dream. De la Barca diría que la vida es sueño, ¿no? Llegué al recinto de tus ojos y tu sonrisa más bonita se fundía con la mía. El tercer café aguardaba en la lejanía del piso, y la primera carne en la cercanía del techo. Me senté como quien espera sentarse mal, y antes de que sucediese, trajiste la pastilla. Por un momento pensaste que me sentía mal, y fue el momento más lindo de toda la torre de ocho mil ciento cuarenta y siete techos. ¿Por qué no contar los techos en vez de los pisos? Al fin y al cabo no hay piso sin techo, y el último, nunca cuenta. Azotearidades. 

Estuve tendido en la cama y mientras reposaba la carne, mis zapatos cayeron. El suéter se fue por el bajante lateral que tienen todas las camas que están pegadas a la pared. Y la pared cerró los ojos cuando me preguntaste, casi como leyéndome la mente, ¿quieres tirar? Por un momento estuve triste, pero ese momento fue hasta que nos empezamos a besar. Abracé la alegría de tu amor, para que contagiara la tristeza de mi pecho, de mi alma, de mi ser. Estaba abatido por la idea del sueño, a pesar de que el vecino tenía Wham Bam Shang-A-Lang. ¿Cómo iba a ser posible? Lo raro es que era posible. De la nada tu boca en mi cerebro, empezando a succionar neuronas y a causar estragos en mi sistema nervioso. Nerviosidades.

La cocina llamaba, en clave morse, en braille, en señas. Hasta que lanzó una seña de humo congeniada. Mis risas parecían ficticias. La animalidad. Nietzsche tenía razón cuando dijo que inventamos al hombre. Y a Dios, diría Feuerbach, análogamente. De la nada la comida estuvo, entre tus manos y las mías. Una nalga, en una de esas chispas de aceite, se besó con una palma. Y los dientes con la atmósfera, y las comisuras despertaron y se estiraron, preguntaban qué hora era. Antes del último bocado, todo parecía teatral, Wallace Collection atacó con Daydream. Faltaba más. Faltaba menos, quizá; menos para el final. La hora era tardía. Tardíasidades. 

Lo suficientemente tarde. Iba tarde. Sin desayuno, sin café. Tres horas y media y saliendo. El sol y las ojeras luchaban. La sangre en la calzada al cruzar. El vehículo público, sin melodía. Sin pastilla, sin sonrisa, sin techos. El momento estuvo triste hasta el final, cuando se estaba quemando todo el apartamento, tropezamos con los muebles ardiendo y la atmósfera ahogaba. La ventana cerró sus ojos, la puerta se desmayó. La pared estaba sufriendo un colapso emocional. Jodidas eran las chispas de aceite. Bohemian Rhapsody, mentalmente, mientras saltaba por el balcón. Solo el solo de Brian May. No faltaba nada. Nada.