El diablo
Es un ser incomprensible
redondo y cuadrado
asimétrico
incompleto
lleno de nada
rodeado de vacío
sin paredes
con complexiones
complejas
y una simple forma
brillante
con absorción lumínica absoluta
sin esquinas
de llamaradas fulgurantes
bañado en nitrógeno
con luces y sonidos
inmutable.
Pch naa
Y si nada
si no nada.
Y el pecho me come
las palabras.
Y las articulaciones falsean
como tiembla
las piernas se menean
y faltan
ausencias
y palabras
no faltan ausencias
¿y el borra?
Y si nada
casi con el mismo cariño
del año de la manada
coño de la madre
yo así no puedo
cer naa
y s tupid
qu y
te va
y tú a m
naa.
Pat.
Streisand
No vayas a creer que él me gusta. Y la mandíbula con tilde circunfleja de lao' a lao'. Y la pregunta después de la incomodidad. Y esos ojitos tuyos, y esa boquita provocativa. Toqué tu oido derecho y por ahí caíste. Y cómo me provocaba esta mano en el cuello y otros fines distintos a los finalizados. Y no me hablas. Y yo sí te hablo. Y me discriminas, y te discrimino. Y nos discriminamos. ¿Y a qué vamos? ¿Y a qué lugar vamos? ¿Al olvido? ¿A la memoria?
A la cama, respondes necía de nunca y terca de siempre.
Y te espero, y me esperas.
¿Te puedo agregar?
Casi ilegal.
Ay, Barbie.
Se me bota
Se me bota
y yo
que controlo
gota a gota
el deseo del eterno sí
del perenne intentadero lleno de esperanza
sutilieza sin templanza.
Debo, de una vez
por todas
(todas ellas)
dejar de acabarle en la cara
a quien me lo ruega y suplica.
Porque nada se explica.
Esta bobería
este mariqueaje
la soltería sin maquillaje
se queda en boga
por mi respeto, a pesar de todo
no violo.
Pero se me bota.
Diezmillonésima
Has tenido la voluntad admirable
y yo me he visto forzado a suplicar,
a rogar lo inrrogable.
Crisol y suplicio impostergable.
La ruleta dio sus vueltas
los chasquidos gimieron
las sonrisas se esfumaron.
El soporte, la ayuda,
las preguntas frecuentes;
solo el solo de guitarra solo sonaba.
El pedal y la muerte, el dedal, incipiente
displicente
disgustado
di que siempre me has amado
para reconocer el rostro de la mentira.
No volveré a caer más en sus liras,
sus pesos, sus rupias partidas.
Y aunque te desconozco
te conozco tan bien...
Sé lo que fuiste
y ahora sé lo que no eres.
El alma inmóvil, inmutable
silenciosamente inachacable
inculpable, inocente
pueril.
Toda la pinta de traición.
Y la guitarra era tu sensación.
Y la lluvia tu embrujo, mi sumision.
Suspiro de dolor
¿cómo expresarlo?
El arrepentido vicio y la calima, el sentido armisticio vitalicio del clima,
la pálida timidez del cálido que se arrima, se sube y recrea su tarima,
el corazón latiendo fuertemente y el estómago completamente sin enzimas,
la vida y el alma ligadas en la cima, la mierda subyugada y regada por la sima.
La escena da grima y me lastima. Se me viene el mundo encima.
Y ya no puedo más.
¿Qué es el amor?
Las flores la tiré en la basura. después de todo no eran tan bonitas. Toqué un par de veces y esperé. Me dieron ganas de salir corriendo cuando abrió. Un ángel.
-Hola.
-Esperaba que no me abrieras.
-¿Qué haces acá?
-No lo sé.
-Soy yo quien espera.
-Ambos esperamos, supongo.
-¿Qué esperas tú?
-Quizá lo mismo que tú.
-¿A Anthony en mi puerta con un par de birras y condones?
-...
Ella quizá lo supo, pero mi corazón se rompió y casi pude escuchar el sonido. Lo que sí no supo, a ciencia cierta, era la magnitud de mis roturas. De mis esperanzas muertas nacían las lágrimas. Las contuve y eso me quebró un poco más. El alma quería escapar. En la nada, como en automático, mi cerebro empezó a pensar mientras mis ojos no veían. Todo era borroso, un desenfoque inesperado. Las dos frases que escuché desde mi subconsciente interior fueron devastadoras: entiérrame y no me dejes con vida. Como si yo, en el fondo, supiera el desenlace de toda la cuestión.
Me quedé esperando tu respuesta, sin saber que era yo el que debía responder.
Igualmente no respondí. Escribía esto mientras esperaba. Y esperaba.
La pasta se hacía, se cocía. El agua hervía al lado, sola, para ser bebida. Voz pasiva. Mariam yacía en su sitio, hermosa, como una reina, o una princesa. Linealmente alienado, normativo. La nevera emitía su ruidito particular. La pierna derecha en el suelo, reposando sobre su píe, la izquierda en la silla, como aplastando lo que venía. "Estás al día".
¿Y entonces?
En realidad nunca respondió después de que le dije que ambos esperábamos. Solo me vio y cerró la puerta.
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