Tú Calipso, yo Telémaco
Me sumí en las aguas de mi Ítaca anhelando fantasías,
creyendo que sería feliz yendo y viniendo de ti,
y vaya mentira he descubierto hoy en día,
nativa de ojos claros con labios color rubí.
Crucé el pacífico persiguiendo al sol poniente,
y me encontré en aguas dulcemente asiáticas,
pensé que sería tierra muy sangrienta y muy ardiente,
pero no fueron más que sucias mentira mediáticas.
Caminando llegué a la implacable llanura del desierto,
allí los aires y las arenas me recibieron muy contentos,
brindándome de sensualidad innumerables conciertos.
Ahora aquí me regodeo en aguas profundas y oscuras,
deseando que me devores con tu fruición y finura,
y que me rompas a la mitad con pasión y con locura.
Pero aún recuerdo la cómoda Ítaca,
tierra maldita y lejana,
pero espero de su senda mítica,
me escape mañana por la mañana.
Y a veces sueño despierto
con el cálido sol azul y rojo,
entonces entre vivo y muerto
deseo ser invisible a los ojos.
Lo cierto,
amigo mío,
es que en su velo aún no me he sumergido,
ni en sus arenas me he ahogado,
pues apenas he probado
un par de sus bocados,
lo cierto,
escucha insoñado,
es que sus aguas aún no he explorado,
ni en sus muros me he rendido,
pues apenas he distinguido
su loco mundo perdido,
lo cierto,
lector frío,
es que sus tobillos he imaginado,
y sus pezones ya he mordido,
irónico dulce resultado para un pájaro dormido.
Porque es aquí en este desierto,
entre estos aires y estas arenas,
y entre estos sensuales conciertos,
donde siento miedo
y me siento amenazado.
Y es que es aquí en estas aguas oscuras,
donde aguardando ser devorado
por tu inhóspita locura,
siento celo,
y declamo hermosura.