Mírame bonito, como miran los niños a los pajaritos, mírame suave, así como vuelan las aves, mírame sin miedo, y solo mírame mal si me excedo. Sonríeme así, como yo te sonrio a ti, sonríeme con ganas, sonríeme, así no me veas, todas las mañanas. Recuérdame con los párpados, con el alma, recuérdame con amor, sin guerra, adiós a las armas. Siénteme con los dedos, con las uñas, en la espalda, qué importa si rasguñas. Siénteme con los labios así sea en las mejillas, siénteme con las piernas así sea bailando y no doblando las rodillas, siénteme con ternura y con cariño, siénteme como sienten los niños. Léeme con piedad, sin maldad, léeme con extrañeza, pero con sutileza, léeme con la mirada, léeme sin que te importe nada, léeme de nuevo, léeme una vez más, léeme así no escriba nada, de nuevo, una vez más.
Es
que hoy se presentó la nube del mañana, me dijo que va a llover y que
necesitaba alguien que me mirara, para que supiera que las gotas me
mojan, y que también sudaba, entonces mírame. También se presentó
el canal de televisión, me dijeron que que van a grabar y que iban a
hacer una gran transmisión, necesitaban unos ojos tontos y una sonrisa
en sumisión, entonces sonríeme. Después pasó el cuaderno y me
dijo que escribiera en él, que me extrañaba, yo le dije que pasara por
tí en tropel, que tu también tenías algo que escribir en él, entonces recuérdame.
Luego pasó el corazón y me dijo que se había cansado de sentir, yo le
dije que delegara su labor de sentir, y que delegara en tí, entonces siénteme.
Por último me encontré aquí, escribiéndo para ti.