Leer una entrada aleatoria

Fantasmita







Levanté los ojos y vi el reloj, pero no había nada, fue extraño; entonces quité la pierna y observé, eran lindos números, pero aún tenía sueño, además frío, y quería seguir sintiendo el calor que ella me daba en sueños; entonces bajé los ojos, los párpados, y el corazón.

Antes habían sido las dos con veintiuno, ahora eran las tres con nueve, y mis ojos estaban abiertos sin razón, otro sujeto despierto en cuestión, y mi pecho contraido, y con luz hubiese apostado rojo; entonces me levanté y di una vuelta, observé las luces, y respiré.

Descalzo sentí un estupor, una especie de corrientazo que recorrió mi espalda y me excitó, fueron unos dedos suaves y perfectos, entonces volteé y no había nada más que oscuridad, una silla y un sofá, sonreí y juré soñar, volví a la cama y a bajar, no sin dubitar.

Todo era extraño, habían luces oscuras y millones de seres extraños, un boulevard de emociones porque todos lloraban, y ella me aguardaba, allá en la esquina, desnuda y con una sonrisa, sin pena, sumisa; entonces me acerqué y la quise solamente besar.

No me dieron tiempo de jurarlo, porque desperté, levanté los ojos y vi el reloj, y de nuevo no había nada, volví a quitar la pierna y no aparecían los números, eso si fue extraño, porque había una silueta delgada, sensual, al observarla sin dudas me enamoraba.

Me levanté, pestañeé y ya no había nada, justo a tiempo porque aquel otro sujeto ya despertaba, sinceramente sentía que conmigo jugaban, por eso sonreí sin parar, porque me encantan los juegos, y más si son de madrugada, entonces dije: vamos a jugar.

Saqué un dos, pedí, luego un tres, ya eran cinco, pedí y salió el nueve, cinco y nueve son catorce, necesitaba el siete y salió el seís, me quedé y esperé, y perdí, porque la reina, el rey y el as le regalaron un blackjack, allí me sentí frustrado y bastante decepcionado.

Entonces desperté y sentí un beso frío, uno de los que tanto me encantaban, no fue en los labios, tampoco en la mejilla, dejaré el lugar a la imaginación, y es que así fue la sensación, inesperada y creativa, lo extraño era que yo nada entendía, pero igual me gustaba.

Me quedé pensando un rato, viendo el reloj, cada minuto era más bonito que el anterior, ya para entonces un cuatro siempre estaba presente; y cuando hubieron tres, ella se convirtió en el cuarto, fue más inesperado aún, pero nunca podía rechazar aquello, no.

Mi sonrisa y mi mirada le regalaron caricias a aquella noche y esperabamos al sol, pero de repente me vi dormido y desperté precisamente con el sol, ya no había nadie, solo un poco de calor, una rara sensación y un recuerdo borroso, extraño, pero hermoso.

Las tres noches siguientes fueron iguales, era mi hábito y el suyo, era amor prohibido a lo sumo, era encantador y destructivo, incipiente, insurgente, repentino; una nueva luz, una nueva esperanza, una nueva sonrisa, unos nuevos ojos, más que un antojo.

Una aventura que emociona y excita, una mordida de labios, unos ojos fijos en un sentimiento atravesado, aguardando cambios, ambos emocionados, sin saber el futuro e ignorándo el pasado, los pasados, sin nada que temer, con mucho por vivir y aprender.

Pero recuerdo la mano, en mi espalda, como gesto indecente que desató lo inconsciente, lo imprudente, abrió allí la cajita, donde estaba mi amor y mi cariño, mi sonrisa de niño, y los ojos que de encima no me quita, como una bonita y curiosa fantasmita.